LAS OBRAS
COMPLETAS DE MARTÍ
Notas
La primera vez que hubo un intento formal de
organizar la obra de Martí fue a fines de 1894. A instancias de Gonzalo de Quesada, el
Maestro entregó al discípulo "unos recortes de La Nación, de Buenos Aires,
envueltos en un ejemplar de Patria". El propio Martí dio título a la
colección; escribió en la cubierta de aquellos trabajos, "Los Estados Unidos"
y "Caracteres norteamericanos". Con anterioridad, sin embargo, muchos amigos y
admiradores conservaban los escritos de Martí que iban apareciendo en periódicos y
revistas: en la carta del primero de abril de 1895, cuando instruye a Quesada sobre su
"papelería", dice de sus artículos sobre Cuba: "Aquí [en Santo Domingo]
han guardado los En Casa [sus comentarios sobre los cubanos en los Estados
Unidos] en un cuaderno grueso". Pero es en esa carta, que luego se llamaría su
"testamento literario", donde esboza un plan provisional para agrupar una parte
de su obra. Allí aconseja formar dos tomos de "Norteamericanos", uno de
"Hispanoamericanos", el cuarto que "podría doblarse en dos",
dice habrían de ser sus "escenas norteamericanas", otro para los
"Libros sobre América", y el último de prosa con el que se andaría
"apurado para no hacer más que un volumen" de sus trabajos sobre
"Letras, Educación y Pintura". En total, seis volúmenes, que podrían llegar
hasta ocho, más los dos que recomienda para el Ismaelillo, los Versos Sencillos,
"lo más cuidado o significativo de los "Versos Libres" y el desaparecido
manuscrito de "Lalla Rookh".
Gonzalo de Quesada hizo lo que pudo. Él mismo calificó su esfuerzo como "guía
para posteriores y perdurables ediciones". Entre 1900 y 1915 editó catorce tomos:
dos dedicados a Cuba, dos a los Estados Unidos, La Edad de Oro, otro sobre
"Hombres", dos sobre Nuestra América, dos de Norteamericanos, Amistad
Funesta, dos de poesía y teatro, y el último con la traducción de Ramona. De
publicación póstuma, en 1919, fue el tomo XV, con parte del epistolario; años más
tarde, en 1933, apareció, al cuidado de su hijo, Gonzalo de Quesada y Miranda, el último
de esta serie, Flores del destierro.
Para entonces ya había iniciado otra colección de Obras Completas, que no lo
llegaron a ser, Néstor Carbonell, entre 1918 y 1920, con un total de ocho tomos; y,
también en ocho volúmenes, la ordenada y prologada por el poeta argentino Alberto
Ghiraldo, entre 1925 y 1929. Poco después de empezar a publicarse los trabajos mexicanos
de Martí por Camilo Carrancá y Trujillo, la Editorial Trópico emprendió la
publicación de los setenta y cuatro tomos que constituyen la base de las ediciones
posteriores; el último vio la luz hacia fines de 1949.
Para conmemorar el cincuentenario de la muerte de Martí, la Editorial Lex publicó, en
1946, dos tomos que reunían casi todo lo que se había recogido hasta esa fecha; luego,
en el centenario de su nacimiento, en 1953, se reimprimió esta colección. Sólo podemos
llamar a estas dos últimas, la de Trópico y la de Lex, con algunas limitaciones,
verdaderas Obras Completas: las anteriores no llegaron a terminarse. Mientras tanto
habían ido apareciendo en docenas publicaciones y libros independientes, reimpresiones y
nuevos materiales, por la dedicación de fervorosos martianos, siendo de especial
importancia los aportes de Félix Lizaso, "uno de los intérpretes más agudos y
enterados de la vida y la obra de Martí", como dijo con acierto Manuel Pedro
González.
Junto a las Obras Completas fue creciendo el interés por Martí. Al celebrarse
el centenario de su natalicio, Fermín Peraza preparó una bibliografía en la cual, con
los escritos del Apóstol, artículos y reimpresiones, se llega a un total de más de diez
mil títulos; y han seguido aumentando los estudios martianos. Él lo pronosticó en sus
"Flores del destierro": "Mi verso crecerá,/Bajo la yerba yo también
creceré".
Con pocas adiciones a lo que ya se había publicado, aparece ahora, en veinte y siete
tomos, por la Editorial Nacional de Cuba, otras Obras Completas de Martí: 25 de
textos, uno de Índice y otro de Guía. Hicimos una breve revisión de las anteriores
porque puede servir para entender mejor los juicios que merece esta edición publicada
entre 1963 y 1966. Al agotarse las anteriores, aunque en 1963 se hizo en Venezuela una
reimpresión en cuatro tomos de lo editado por Lex, era imprescindible poner a la venta
una nueva colección. Por fortuna la que nos ocupa ofrece todo el material que en tanto
tiempo se ha acumulado, algo mejora los índices y corrige muchas erratas de las
publicaciones anteriores, pero también hereda sus defectos y errores.(1)
Otras deficiencias pueden superarse en futuras ediciones, al igual que las numerosas
erratas; de las primeras se dan aquí solamente algunos ejemplos.(2)
Siguen los tres tomos dedicados a "Nuestra
América"; como ya se trata de varios países, el caos es mayor: la "Conferencia
Internacional Americana" se mezcla con cartas de esa época y, sólo por coincidencia
cronológica, con el prólogo de los Versos Sencillos. Como algunos escritos de la Revista
Universal ya habían aparecido en los cinco primeros tomos, porque aludían a Cuba,
encontramos incompleto el grupo de sus colaboraciones en esta revista mexicana. Luego
viene una clasificación por países, y si una carta, por ejemplo, a Diego Jugo Ramírez,
habla del Ismaelillo, aunque ni una sola vez mencione a Venezuela, se junta con los
escritos en la Revista Venezolana y con un discurso pronunciado por Martí en
Caracas por el simple hecho de que Diego Jugo Ramírez era venezolano. Y así
sucesivamente. Martí pidió en la carta del primero de abril de 1895 que se incluyeran a
Heredia y a Bachiller entre los hispanoamericanos, pero no están allí, sino entre los
"Hombres" de los tomos dedicados a Cuba ("figuras destacadas de las guerras
de independencia") junto a los puertorriqueños Sotero Figueroa y Baldorioty de
Castro, al político valenciano Cristino Martos y a Mariano Balaguer, también
español.
Con las crónicas a La Nación, de Buenos Aires, se
inician los cinco tomos que se agrupan bajo el título de "Los Estados Unidos",
pero tampoco están allí todas porque algunas, como trataban de una figura en particular,
van a aparecer en otra parte, como "Norteamericanos"; si hablan más sobre un
libro, fueron a parar al departamento de "Letras". Y lo mismo sucede con las Escenas
Europeas (tomo 14) y Crítica y Arte (tomo 15), donde están desordenados todo
tipo de escritos, por el afán imposible de calificarlos según la geografía y los temas
que tratan.
Los dos tomos de poesía que siguen recogen los libros que ordenó Martí: Ismaelillo,
Versos Sencillos y los "Versos Libres", pero tienen una clasificación
también poco feliz: "Versos de amor", "Cartas rimadas", "Versos
varios", "Versos de circunstancias" y "Otras poesías". El tomo
18 incluye sus obras dramáticas, Amistad funesta y La Edad de Oro. El 19,
viajes, diarios, crónicas y juicios que bien podrían, siguiendo la norma geográfica,
haberse incluido en Nuestra América (por ejemplo, los artículos "La América
Central" y "Un viaje a Venezuela"), o En los Estados Unidos (como
las "Impresiones de America", o la "Exhibición de arte en Nueva
York"), o en Cuba (el "Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos", o los
fragmentos del discurso pronunciado en el sepelio del poeta Alfredo Torroella).
En el tomo 20 aparece el epistolario, pero como muchas cartas se han incluido en los
anteriores, sólo tenemos aquí una tercera parte del mismo. A pesar de la utilidad de
poder revisar juntas todas las cartas dirigidas a una misma persona (Mercado, Estrázulas,
María Mantilla, etc.), debería, éste sí, reproducirse sólo en orden cronológico,
porque numeradas y con un índice de los corresponsales se puede lograr el mismo objetivo;
de esta forma, además, podría recorrerse la vida de Martí a través de tan importantes
documentos. En esta edición, como hemos señalado, las cartas aparecen dispersas por los
25 tomos, y aun aquí, las que quedan, están clasificadas también de manera arbitraria:
"Epistolario", "Epistolario general", "Cartas varias". ¿Por
qué una carta a José Dolores Poyo, del 5 de enero de 1892, va en el "Epistolario
general" y otra al mismo destinatario, pero de abril del propio año, se incluye en
"Cartas varias"? Y, ¿por qué ésta última, que se refiere "directamente
a su labor revolucionaria" no aparece en los tomos sobre Cuba?
Vienen después los Cuadernos de Apuntes y los Fragmentos con la única
ordenación posible; y el tomo 23, Periodismo Diverso, "de muy difícil
clasificación", dice el compilador. Como casi todo este tomo 23 lo ocupa la
"Sección Constante", bien podría aparecer junto a las colaboraciones de Martí
en La Opinión Nacional, de Caracas, o alguna vez, por sus temas, entre las Escenas
Europeas, o en Nuestra América. Y para hacer más prolijo el orden de este
volumen, se incluyen "Artículos varios" y un "Apéndice", todavía
con algunas cartas y unos apuntes para un discurso en inglés. Los últimos volúmenes
ofrecen traducciones de seis libros (24 y 25), el Índice Onomástico y el Geográfico
(26) y la Guía para orientar al lector (27), que no lo logra y sería innecesaria
si el material se ofreciera como han hecho las buenas colecciones completas de los grandes
escritores del mundo.
Los trabajos de Martí deben ya ordenarse por géneros, y sus colaboraciones en
periódicos y revistas según las publicaciones donde primero aparecieron, e ir todo
acompañado por un índice de temas y otro cronológico, además del geográfico y del
onomástico. Con tal disposición rendirían un beneficio mayor porque sería mucho más
fácil localizar el material. Puesto que no sabemos el criterio seguido por el compilador,
en cada caso, hay a veces que buscar por los 25 tomos para encontrar lo que nos interesa.
Pongamos algunos ejemplos. Al llegar a Nueva York, en 1880, Martí escribió un artículo,
para The Hour, que tituló "Impressions of a Very Fresh Spaniard". Son,
desde luego, sus impresiones primeras sobre los Estados Unidos. De acuerdo con la
clasificación de estas Obras Completas, vamos a los cinco tomos En los Estados
Unidos, y allí no están; buscamos en Periodismo diverso (tomo 23), tampoco;
por fin lo encontramos bajo el epígrafe "Viajes", en el tomo 19. Nada tratan
esos trabajos sobre viajes, y sólo se explica su inclusión allí porque son de un
recién llegado a Nueva York, pero así cabrían en este lugar sus primeras cartas desde
Nueva York, lo que también sería absurdo. Se quiere encontrar un artículo del 11 de
enero de 1891, publicado en La Nación, y no aparece entre las otras crónicas de
ese periódico; sabemos que trata de la fiesta de Thanksgiving y de la floricultura en los
Estados Unidos, pero no está entre los cinco tomos relacionados con este país; por fin
aparece en el titulado Norteamericanos aunque no se habla allí de ninguno en
particular bajo la clasificación de "Artículos varios". Además, algunos
escritos de Martí aparecen fraccionados: un pedazo de la crónica del 15 de enero de 1885
para La Nación, está entre sus escritos sobre la "América Central"
(tomo 8, página 87) y el resto en "Escenas Norteamericanas" (10, 143), lo que
también sucede con las del 23 de abril (13, 78 y 10, 225) y el 6 de junio (10, 227 y 8,
97) del mismo año; y, entre otros casos, la del 15 de abril está dividida en tres partes
para las secciones "Nuestra América" (893), "Escenas Norteamericanas"
(10, 213) y "Norteamericanos" (13, 73). Y ¿por qué no están los versos de la
"Carta de madrugada a sus hermanas Antonia y Amelia" o los de "Linda
hermanita mía", para Ana, entre las "Cartas rimadas", del tomo 16, y sí
entre los "Versos varios" del 17? ¿Por qué se incluyen entre los "Versos
de circunstancias" los que escribió en el álbum de Rosario de la Peña ("Ni la
enamoro yo..."), o los tres poemas titulados "Sin amores" en "Versos
varios" y no entre los "Versos de amor"?
Américo Lugo dijo en 1909 de Gonzalo de Quesada y Aróstegui: "El irreflexivo
amor [por Martí] no le deja compilar con método". Y quizás fue injusto, porque
entonces no se podía hacer mucho mejor trabajo del que iba realizando. Más de cincuenta
años después de la muerte de aquel discípulo de Martí, con los valiosos estudios y
ediciones de que se dispone, sí puede censurarse que esta "edición oficial",
al cuidado del "Consejo Nacional de Universidades", y de la "Editorial
Nacional de Cuba", no haya podido superar, en los aspectos que aquí señalamos, las
anteriores colecciones de las Obras Completas de Martí.
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