La caricatura que aparece en este trabajo resume lo que de Martí decían sus
enemigos: que era aficionado a la bebida y a las mujeres. Se le ve ahí en un lugar
público junto a una mesa con una botella y con una mujer sentada en las piernas. Fue
publicada en el semanario La Política Cómica, de La Habana, el 25
de marzo de 1895, y reproducida en "Martí en la caricatura", por Carmelo José
González, en el Anuario Martiano, de 1977. La calumnia partía de las
desavenencias de Martí con su esposa y de las confesiones amorosas de sus versos; el
beber lo inventaron quizás por su gusto de los vinos que llamaba "corteses y
ligeros" y por el Mariani que tomaba, un reconstituyente de coca muy popular en sus
días, también preferido por el papa León XIII, el presidente McKinley, la reina Victoria y el
sabio Thomas Edison.

En la fecha en que apareció el insultante dibujo, Martí estaba en Santo Domingo
preparando con el general Máximo Gómez el viaje a Cuba para incorporarse a la
insurrección iniciada el mes anterior. En ese 25 de marzo firmó el Manifiesto de
Montecristi explicando la razón de la guerra y el proyecto para la futura república
("Desde sus raíces se ha de construir la patria... de modo que un gobierno sin
realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía"); le
escribió la carta de despedida a la madre ("Usted se duele en la cólera de su amor,
del sacrificio de mi vida... El deber de un hombre está allí donde es más útil");
y también la que se conoce como su testamento político a Federico
Henríquez y Carvajal ("Las Antillas libres
salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la
América inglesa"). El primero de abril salieron de Montecristi, y el día 11 ya
estaban en Cuba. La prensa española no cesó de burlarse de él. Lo describieron "en
traje de señorito en la manigua, paseando entre soldados". Muy pronto la muerte lo
libró de otros escarnios, pero los enemigos de la independencia lo siguieron atacando.
A medida que en la República se conoció más de su patriotismo y su talento, más
creció en el pueblo la admiración por el héroe, pero no por eso dejó la envidia de
recurrir a la burla para descreditarlo; dijo Martí de esos agravios: "Los hombres no
perdonan jamás a aquéllos a quienes se han visto obligados a admirar"; y en otra
ocasión dijo explicando su silencio ante la críticas: "El hombre honrado no va a
salir a la calle a aplastar todas las víboras que le salen al camino, porque se le
ensucian demasiado los talones. Padece y espera, con fe en la virtud".
La "leyenda negra" gusta de presentarlo como un Don Juan y un borrachín, tal
como apareció en esta caricatura. Y así lo presenta un artículo de Mirta Ojito, el 11
de mayo, en la Sección Metropolitana del New York Times. Se reunió la periodista
con varios cubanos que iban a recorrer los lugares frecuentados por Martí en Mahattan. En
el grupo estaba el profesor Lisandro Otero, de la Universidad Internacional de la Florida,
y el profesor René Rumbaut, de la Universidad de Michigan. Organizaron el evento y eran
los que llevaban la palabra. "El propósito del recorrido fue desarmar el Martí
héroe para encontrar el hombre". Como dijo el doctor Pérez, se propusieron
"humanizar" a Martí. Pasaron por un bar en South Street y dijo el doctor
Rumbaut: "Apuesto a que era aquí donde tomaba su ginebra". Y luego, al pie del
puente de Brooklyn, hablaron de la casa de huéspedes, al cruzar el río, donde Martí
"se había enamorado de la dueña del lugar, que era una mujer casada..."
Adúltero y borrachín. Así es como parece que estos profesores descubren "el
hombre" en Martí.
Martí no bebía ginebra, pero los enemigos de Cuba, desde tiempos de la colonia, le
pusieron el apodo de "Ginebrita". Hay numerosos testimonios de los que
conocieron a Martí que cuentan detalles íntimos de su vida, y ninguno habla de que
Martí tomara ginebra ni bebidas semejantes. En una ocasión escribió contra "los
licores espirituosos" que devoran a los que los usan", y al compararlos con el
vino, afirmaba: "Los alcoholes abominables agobian y embrutecen. El vino sano y
discreto repara las fuerzas perdidas". Y también es mentira que Martí se hubiera
enamorado de una mujer casada. Cuando Martí vivió en Brooklyn, a lo que se refieren los
profesores, estaba con su esposa y su hijo, entre 1882 y 1885, y cuando se quedó solo,
que es cuando empezó a circular el rumor de que vivía con Carmen Mantilla, en su casa de
huéspedes, ya era viuda.
Con el fin de crear una cátedra José Martí el gobierno le ha asignado una cantidad a
la Universidad Internacional de la Florida. Muy útil será difundir su
conocimiento no
sólo para evitar infundios como a los que aquí se ha hecho referencia, sino también
para desvirtuar la falsificación de Martí en Cuba, a quien presentan como precursor del
marxismo-leninismo y defensor del partido único y de los otros crímenes y abusos del
castrismo.