Al año viejo". Martí respondió al chiste de Corbett
con estos versos, publicados por vez primera en 1928 en un periódico de La Habana, no
incluidos aún en inguna de las colecciones de sus Obras, pero que ya forman parte
de la Edición Crítica de su Poesía Completa (1986); dicen:
A mi querido Corbett!
El llanto está de más: el vil que muere
Un año fue de esclavitud; la aurora
Con su fulgor nuestra pupila hiere,
De un año que renace y que no llora,
Que lucha y que batalla ¡y que no muere!
En
el noble Cayo
Diciembre
31 de 1891
Otra vez aparece el nombre de Corbett en el recuento de la Primera jornada de José
Martí en Cayo Hueso, de Ángel Peláez, en la velada del 3 de enero de 1892, en el
Instituto de San Carlos, donde pronunció un discurso; y en la del día 5, una "Gran
velada pública", también en el San Carlos, en la que hubo trece comparecencias:
tres discursos, cinco piezas de música piano, violín, canto y cítara, un
"cuadro plástico", un juguete cómico y tres recitaciones: una de éstas, la
número 4 del programa, estuvo a cargo de Federico Corbett.
Meses más tarde, en agosto de 1892, Martí lo mencionó en Patria: el Cuerpo de
Consejo de Cayo Hueso, por haberse ausentado el que actuaba como secretario, nombró en su
lugar a Gualterio García, quien lo había sido del Comité Organizador que recibió a
Martí en diciembre de 1891; allí se lee: "... De ese carácter cubano es tipo
Gualterio García: y luce por su honradez y moderación en aquella juventud de oradores
como Federico Corbett..." es la única vez que aparece su nombre en las Obras
Completas de Martí.
Luego viene, en el tiempo, la carta desconocida que motiva este trabajo, en poder del
señor Ramiro Casañas, a quien le agradezco copia de ella y de los otros papeles del
olvidado destinatario. La carta dice:
Mi querido Corbett. Llegué el Lunes, salí, vuelvo; y quiero ponerle estas líneas de
recibo de sus quejas de Patria q[ue]. fueron motivadas sin querer por abrir más
espacio, omitiendo lo q[ue]. creían ya dicho. El Martes le escribo. En el gusto de cuanto
dejamos hecho; en esas emigraciones recorridas, que son como si el alma del taller
querido flamease en ellas: en el gran quehacer que me aguardaba, solo pa[ra].
agradecerle su hermosa revista, y enseñarle la alegría tiene tiempo
su José Martí
7 de julio
A pesar de la brevedad y la premura, en la carta se adivina que, en ausencia de Martí,
el periódico había omitido algo de Corbett o de su interés. Pero, ¿cuándo fue
escrita? ¿de dónde llegaba Martí? ¿a dónde iba después? Revisando la correspondencia
de ese día y mes en sus últimos años, se descubre que fue escrita en Nueva York en
1894. También con fecha 7 de julio de 1894 le escribió desde allá, casi con las mismas
palabras, a Serafín Sánchez: "Llegué, el Lunes, volví a salir, estoy de vuelta,
le pongo al vuelo estas líneas de abrazo... El Martes le irá carta más larga". Y
otra de igual fecha y lugar, y en similares términos sobre sus viajes, a José Dolores
Poyo: "Llegué el Lunes, salí y ahora vuelvo...Yo escribo el martes una carta
mía..." Y aun hay un cablegrama a Fernando Figueredo, en Tampa, del 7 de julio, que
confirma lo anterior: le dice: "Arrived Monday left again and returned"; y es
ese estilo cablegráfico al contar sus actividades el que conserva en las cartas.
Martí acababa de llegar de un Costa Rica, donde se entrevistó con el general Antonio
Maceo y otros patriotas de Centroamérica; antes había visitado varias ciudades de la
Florida, y después estuvo en Jamaica ésas son "las emigraciones
recorridas"; y habla en plural ("el gusto de cuanto dejamos hecho")
porque fue acompañado de Panchito, el hijo de Máximo Gómez. Llegaron a Nueva York el
día 2, el 4 estuvo en Central Valley, y el 13, ya solo, salía para Nueva Orleans camino
a México, lo que pudo resumir con las palabras: "Llegué el Lunes, salí,
vuelvo". Sin embargo, ninguna de las cartas prometidas ese "7 de julio", a
Corbett, Serafín Sánchez y Poyo se conserva. ¿Las escribió a pesar del apuro del
viaje?
Corbett después de la
independencia
Entre estos papeles de Corbett hay uno que tiene el sello del "Insular
Bureau" del "War Department", de Washington, con fecha
30 de abril de 1908, que da más datos sobre su vida. Es un informe que debieron pedir las
autoridades americanas a un residente en Cayo Hueso. Está en inglés y empieza diciendo:
"Con respecto a nuestro amigo Federico Corbett y Oliva podríamos decir muchas cosas,
pero con el fin de hacer un resumen de sus méritos diremos que es una persona querida en
esta ciudad, un modelo de moralidad, inteligencia y trabajo". Según ese escrito,
Corbett nació en Cárdenas y debía su apellido al abuelo, un capitán de Nueva Escocia
que visitó el puerto de La Habana y se casó con la cubana Victoria Pérez. A la muerte
de los padres, Federico se hizo tabaquero. A los 16 años ya estaba conspirando contra
España y tuvo que emigrar. Había escrito para varios periódicos: de Cayo Hueso, El
Yara (1878-1899), que dirigía José Dolores Poyo y que llegó a ser el Órgano del
Partido Revolucionario Cubano; de Tampa, Cuba (1893-1898), dirigido por Ramón
Rivero Rivero, también Órgano del P.R.C.; de Nueva York, Patria (1892-1898), el
de Martí, y El Porvenir (1890-1898), asimismo separatista, de Enrique Trujillo; y
alguno de La Habana como El Productor (1887-1890), dirigido por Emilio Roig y San
Martín.
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Salón de actos de
San Carlos, y recibo a nombre de Corbett de la "Subdelegación
del Partido Revolucionario Cubano".
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Como amigos cercanos de Corbett se mencionan a Poyo, Eduardo Hidalgo
Gato, Martín Herrera, los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff, Fernando
Figueredo, Máximo Gómez y media docena de norteamericanos. Y continúa el informe:
Federico Corbett fue uno de los cubanos escogidos por José Martí, el
gran organizador del pasado levantamiento, para preparar la revolución que comenzó el 24
de febrero de 1895. Al convertirse la revolución en una guerra, Corbett quiso ingresar en
el ejército libertador, pero el representante de los cubanos en armas, don Tomás Estrada
Palma, y otros miembros del Comité de Cuba en los Estados Unidos, dada su capacidad,
patriotismo y facultades de orador, le aconsejaron que permaneciera en Cayo Hueso como
dirigente para recolectar dinero y atraer simpatías para la causa cubana.
Respecto a su pensamiento político, asegura el informante que Corbett
apoyaba la doctrina de Monroe ("the great Monroe") al propugnar el
principio de "América para los americanos"; y señala algo que luego ha de
aparecer en sus actos, al oponerse al igual que hicieron con los ingleses los
revolucionarios norteamericanos al derrotarlos a que los españoles y los antiguos
enemigos de la independencia participaran en el gobierno, pues opinaba que "en el
Nuevo Mundo los hombres que nos esclavizaron no tienen derecho a participar ni en la
política, ni en el comercio ni en ningún asunto relacionado con el interés
público".
Este informe sobre Corbett fue consecuencia de la solicitud que le
había hecho al gobierno interventor de un puesto de "Inspector de Sanidad" en
La Habana. En una carta a Charles Magoon, de fecha 18 de mayo de 1908, Corbett le informa
que sus hijos, residentes en Cayo Hueso, le habían escrito al presidente Roosevelt
pidiéndole dicha posición para el padre, "en consideración [a sus] servicios en
favor de la independencia de Cuba durante 26 años". Parece que Roosevelt les
contestó que informaría de su interés a Magoon, y de ahí la instancia del cubano.
Poco después, el 28 de enero de 1909, aprovechando la fecha (Martí
hubiera cumplido 56 años en ese día), terminó la segunda intervención en la isla. Se
celebraron elecciones el 10 de agosto y venció la candidatura de José Miguel
Gómez y Alfredo Zayas frente a la de Mario García Menocal y Rafael Montoro (¡Montoro
candidato a vicepresidente de la República! ¡Montoro, quien desde el autonomismo había
combatido la independencia pues quería "la libertad de Cuba con España", para
que la "libertad" la administrara España!).
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Programa del acto
celebrado en San Carlos el 5 de enero de 1892 en el que Corbett
recitó los versos de Martí.
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Dirigidos por el general Emilio Núñez, los veteranos de la guerra
iniciaron una campaña en favor de "la cubanización de la administración",
pues no sólo disfrutaban de magníficos puestos públicos los que llamaban
"guerrilleros y traidores", cubanos que habían combatido, hasta con las armas,
el separatismo, sino que había también entre ellos españoles que se negaban a hacerse
ciudadanos del país. La Circular de los Veteranos, fechada el 5 de setiembre de 1911,
declaró que "ni los traidores ni los guerrilleros debían regir los destinos de la
República".
Con la misma arbitrariedad con la que hoy manejan en Cuba las palabras
de Martí, se le quiso dar una dimensión que nunca tuvo su promesa de "con todos, y
para el bien de todos", como si hubiera buscado la libertad con "todos"
pero "para el bien" preferente de los que fueron enemigos de la libertad. Bajo
la presión del Centro de Veteranos, el presidente Gómez puso en vigor una ley, aprobada
por el Congreso, por la que se suspendía durante año y medio cuanto garantizaba la
inamovilidad de los funcionarios públicos. Algunos perdieron así sus puestos, pero poco
después el Tribunal Supremo determinó que la ley era inconstitucional, y quedaron
equiparados los patriotas y "los guerrilleros y traidores".
Como era de esperarse, Corbett defendió la posición veteranista.
Años más tarde, ya con Alfredo Zayas de presidente, cuando se volvió sobre el asunto,
le escribió al coronel J. Iznaga una carta, con fecha del 19 de setiembre de 1924, en la
que le dice:
Con gusto y satisfacción he venido observando los diferentes escritos
que en aprobación del manifiesto lanzado por [los] Veteranos y Patriotas el 11 de
septiembre en curso se han publicado. Yo, en calidad de patriota, revolucionario,
organizador de la revolución antes del período de Martí, auxiliar de José Martí,
confidente para la realización de muchos de sus trabajos en pro de nuestra independencia,
actor en la provisión de armas y vitualla para nuestro ejército libertador..., estimo
que debo significar mi anhelo de ver la Patria depurada de todas las corrupciones que la
aniquilan y que presagian su desaparición.
La nueva campaña de los Veteranos y Patriotas estaba entonces dirigida
por Mario García Menocal, quien había gobernado desde que José Miguel Gómez cesó en
el cargo de presidente hasta la elección de Zayas en 1920. Corbett defiende aquí la
administración de Menocal, entre otros motivos, por su apoyo a los obreros: "No hay
un solo caso", decía, "que pueda citarse, en que los obreros acudiesen al
general Menocal que dejasen de obtener justicia a su causa..."
Quizás también Corbett simpatizaba con Menocal por haber tenido un
puesto público durante su gobierno; en otra carta de esta colección, la dirigida al
coronel Agustín Sánchez, del 18 de febrero de 1923, se excusa de no ayudarlo en su
campaña en favor de la candidatura de Carlos Manuel de Céspedes para la presidencia, con
estas palabras:
No me es posible hoy, como en otras ocasiones, dedicarme a hacer
campañas activas, pues estoy sin destino y me es muy angustiosa la vida que paso
buscándole el pan a mi familia: todo tiempo que entretenga en otros asuntos me privaría
de poder abastecer debidamente mis compromisos domésticos, y eso, como comprenderás, no
lo puede hacer quien, como yo, vela con celo y cariño su hogar y sus deberes. Si mi
situación económica se modificara, si lograse ser empleado nuevamente y las brumas se me
despejaran, entonces, ya tendría otros alientos para ayudarte...
No dicen estos papeles si se le despejaron "las brumas" al
amigo y colaborador de Martí, pero su historia, hasta donde aquí se ha visto, sirve para
de nuevo ilustrar el desvío de la República, y los errores y abusos que la llevaron a
que otros "guerrilleros y traidores" controlaran el país. Los de antes, los que
combatió Corbett, prepararon el camino a los actuales: acostumbraron al pueblo a
soportar, con general indiferencia, la injusticia y el crimen. Y así se cumplió
cabalmente el pronóstico del patriota Federico Corbett, de que las infamias de sus días
iban a producir la "desaparición" de la República.