INTRODUCCIÓN
"Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único
homenaje grato a las grandes naturalezas, y digno de ellas". Estas palabras de José
Martí sobre su admirado Cecilio Acosta, a raíz de la muerte del gran venezolano, pueden
resumir el propósito del presente libro, el cual quiere ser, al mismo tiempo, estudio y
homenaje. En cuanto que se propone el conocimiento de algunas ideas y obras políticas de
Martí, constituye un tratado, y es homenaje por la voluntad de ofrenda a la gran
naturaleza.
Para dar noticia de su alcance, lleva este libro en el título cuatro de los atributos
de Martí que aquí interesan. En su más común significado, político es todo el que
lucha, con el favor y el apoyo de otros, y por medio del compromiso y la persuasión, por
el gobierno de la cosa pública. La circunstancia en que le tocó vivir, y el fin que se
había propuesto, hizo del político estadista, como prueban sus meditaciones y análisis
sobre los negocios del Estado; fue conspirador uniendo y organizando a los cubanos al no
hallar otro camino que la guerra para establecer en su patria la república prevista; y lo
de revolucionario le llega no sólo por su voluntad de cambiar las instituciones de Cuba,
sino por la mudanza que quiso en las costumbres a fin de promover, al amparo de la
libertad, la justicia.
En cuatro partes aparecen reunidos los trabajos que forman Martí: político,
estadista, conspirador y revolucionario, los cuales fueron, en su mayoría, publicados
en libros, folletos, revistas y periódicos, y cada uno tiene al final el año en que se
escribió. Se ocupa la primera de los antecedentes que llevaron a la guerra de 1895, de su
necesidad y de los métodos empleados en ella; la sigue otra con varios estudios sobre
"la falsificación de Martí en Cuba"; la tercera recoge ideas suyas relativas a
diversos sistemas de gobierno y al empleo de la violencia; y la última presenta aspectos
de su visión de los Estados Unidos y de "la conquista de América" por España.
En muchas ocasiones expresó Martí lo que para él consistía la política, que puede
resumirse, con sus palabras, como "el arte de hacer felices a los hombres". Ese
objetivo de felicidad colectiva exigía, por lo diverso del grupo, una labor que lograra
el equilibrio de sus componentes, siempre en conflicto. En cierta forma, siguiendo la
visión pesimista de Thomas Hobbes sobre el individuo, dijo en una oportunidad:
"Política es eso, el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta;
de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el
bien general, y con miras a la virtud, los intereses". Y en otro lugar repite:
"La política no es la ciencia de las formas, aunque sea esto en mucho; sino el arte
de fundir en actividad pacífica los elementos heterogéneos u hostiles de la
nación". Poco antes de morir, al cumplirse "El tercer año del Partido
Revolucionario Cubano", escribió en Patria: "No es política más, o no
ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos
de un país, de modo que... vivan en paz continua del derecho reconocido, los elementos
varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad". Y
aún para destacar las diferencias del conglomerado social, añadía en ese mismo escrito:
"Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño
pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste,
ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes. De odio y de amor, y de más
odio que amor, están hechos los pueblos... Con esas dos fuerzas: el amor expansivo y el
odio represor, cuyas formas públicas son el interés y el privilegio, se van edificando
las nacionalidades..." De esa manera, al igual que Martí, el pensador alemán Max
Weber, de los iniciadores de la moderna ciencia social, entendía la política como
"una guerra": "La esencia de la política es", dijo, "la lucha
por el poder, bien sea entre las naciones, las clases, los partidos o los
ciudadanos".
Supone esa comprensión de la política, en el gobierno de la república, el
pluralismo, la presencia de agentes e intereses adversos, de ideologías rivales, y como
su ocupación natural, de nuevo siguiendo las palabras de Martí no lejos ahora de
la visión confiada del hombre más propia de Locke y de Rousseau, "fundir en
actividad pacífica los elementos heterogéneos u hostiles de la nación". Dicha
labor de acomodo y fundería, por su parte, es imperativa en toda persona honrada, como es
ajena a ésta todo intento de ahogarla en excusas, demoras y disculpas. En la segunda
salida de Patria publicó Martí un artículo con el título de "La
política", en el que precisaba: "Los hombres que desean sinceramente una
condición superior para el linaje humano no pueden ser cómplices de la política de
policía que anda predicando el desdén de la política; el deber de procurar el bien
mayor de un grupo de hijos del país, no puede ser superior al deber de procurar el bien
de todos los hijos del país..." La tiranía, por su parte, en favor de infames
intereses, logra alejar al ciudadano de la práctica política, entendida ésta, de
correcta manera, como las diligencias que procuran, al amparo de la democracia, "el
bien de todos los hijos del país". Con razón se tiene ese juicio sobre el tirano
como uno de los grandes aportes de Aristóteles al estudio de la política, juicio que han
repetido buen número de pensadores, desde Tácito, Maquiavelo y Montesquieu hasta Hannah
Arendt. Lenin consideraba "el aspecto más importante de la política la
organización del poder del Estado", no el ajuste de la sociedad para lograr en ella
el equilibrio de sus partes; y Marx la entendía sólo como "un reflejo de la lucha
de clases", por lo que llegó a la conclusión de que "habría de desaparecer
con el triunfo del comunismo". En Cuba se consagró ese "desdén de la
política", y la práctica de "la política de policía", de los que habló
Martí, a partir de aquella perversa pregunta que no supo contestar un pueblo lastimado y
confuso: "¿Elecciones, para qué?"
Según Hannah Arendt, de tres maneras logra un gobierno totalitario suprimir la
actividad política: por el aislamiento, por la ideología y por el terror. La
fragmentación de la sociedad se logra al suprimir las comunidades y las familias,
sembrando el recelo y el encono entre los habitantes, con lo que la soledad se convierte
en la obligada compañera del individuo, vulnerable así a la alucinación, como nunca
antes, cuando disfrutaba del grupo. La doctrina totalitaria, sus dogmas, ajena a todo
escrutinio y de espaldas a los hechos, invade la vida del ciudadano a quien se le hace
creer que el dirigente conoce todos los secretos del pasado, por lo que sólo él puede
determinar sobre el porvenir. La capacidad de discernimiento desaparece en la población,
la cual deja de analizar la realidad, facilitando así, también por la persistencia de la
mentira, las mayores falsificaciones de la historia. El terror, por su parte, tal como lo
practica el totalitarismo, supera la violencia de la tiranía tradicional, toda vez que
ésta, hasta en su aspecto más despiadado, se reduce a eliminar el disentimiento, y no
pasa de ser un medio para asegurarse en el poder, mientras que en el sistema totalitario
la violencia es asimismo un fin, y se mantiene viva aun cuando se ha logrado extinguir
toda oposición política. El hombre, de esa manera asustado, prefiere entonces que le
dirijan el comportamiento antes que sufrir la agonía de determinar por sí un camino en
pugna posible con el que impone el tirano. Ése es el secreto de la pasividad de la
ciudadanía ante los desmanes, abusos y crímenes del déspota, la cual se convierte en
cómplice de su propia desgracia: víctima, y al mismo tiempo verdugo, de su flaqueza y
sus culpas.
Entendía Platón la política como "el arte cuyo objeto natural era el cuidado de
las almas". Decía que igual que el capitán de un barco centra su cuidado en la nave
y la tripulación, el gobernante debe administrar la justicia de manera imparcial para que
alcance a todos sus súbditos; éstos, ante el buen gobierno, han de mejorar su conducta
cívica. Muy cerca del símil clásico, advirtió Martí: "Cuando la política tiene
por objeto poner en condiciones de vida a un número de hombres a quienes un estado inicuo
de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y el decoro a la felicidad,
falta al deber de hombre quien se niegue a pelear por la política que tiene por objeto
poner a un número de hombres en condición de ser felices por el trabajo y el decoro.
¿Qué hace el hombre bueno, con manos para izar y para arriar, cuando ve que va a mal,
por los malos marineros, el barco donde navega con una muchedumbre desvalida? Los hombres
que lo son, se juntan para salvar el barco de quienes lo desvían, y los hombres que no lo
son, los hombres recortados, los egoístas, se echarán, solos, a los pocos botes de
naufragio, dejando a sus compañeros de desgracia, y vagarán abandonados por las
olas".
No encierra más claro propósito la vida de Martí que el de crear en Cuba una nación
de probidad y equilibrio. Su talento y la pureza de sus actos le dan así a la gestión
revolucionaria, que ocupó buena parte de su existencia, el más grande valor de guía. El
hecho de que su escenario fuera distinto del actual no lo excluye como lección. Su
vigencia es lo intemporal, lo que se sale de su época para iluminar el futuro. Aunque
tejido a la concreta circunstancia, de su quehacer salen normas de conducta y fórmulas
útiles para el manejo del gobierno. "Preveo, predico y amo", dijo al principio
de su carrera pública, y ya ahí empieza el magisterio.
Desde muy temprano interesó el político en Martí, por su hazaña y por dejar
sentadas las directrices para la feliz administración de la república. No había
transcurrido un año de su muerte cuando Enrique José Varona inició con un discurso
memorable, que tituló "Martí y su obra política", la serie de análisis
dedicados a ese aspecto de su vida. A partir de entonces son muchos los que lo han
comentado. Como muestra de la rica exégesis, y como preámbulo de este libro, se
reproduce aquí la opinión de una docena de estudiosos que han tratado del Martí
político:
1) "Ningún estadista cubano, de ningún tiempo, puede compararse a Martí en el
sentido de la sesuda observación y previsión de los problemas, en el haber aunado, como
él aunó, en su multifásica y vigorosa mente, el ideal y el sentido de la realidad...
Prever es el deber de los verdaderos estadistas; dejar de prever es un delito
público; y un delito mayor no obrar, por incapacidad o por miedo, en acuerdo con lo que
se prevé. He aquí todo un programa de sociología y política aplicadas".
Roberto D. Agramonte. Las doctrinas educativas y políticas de Martí (1991).
2) "... más que de éste [del homo socialis], tuvo Martí del homo
politicus. Su estilo de vida parece responder al propósito principal de influir
en la vida de la nación y de los individuos, de superarse a sí mismo para superar a los
demás... Político por naturaleza fue José Martí... En previsión de estos peligros
externos e internos, Martí, como teórico revolucionario, fue nacionalista, antirracista,
antiimperialista y demócrata liberal... Dijeron de él los contrarrevolucionarios de
entonces que era un loco o un iluso. Se dice ahora que fue un místico o un santo.
Nosotros creemos mejor ver en él al político más notable de todas las épocas".
Leonardo Griñán Peralta. Martí: líder político (1943).
3) "Como en religión Jesús, en música Beethoven o en las letras castellanas
Cervantes, trajo José Martí al arte político algo que es su aporte divino al progreso
humano. Eso es eterno, como el hombre mismo a quien se le otorgó para su bien. Hallarlo
es hallar la vigencia política de Martí... Cualquier interpretación del pensamiento
político del Apóstol que entrañe el postergamiento del individuo, como tal, ante la
presencia inhumana de la masa, es errónea o tendenciosa".
Ramón Infiesta. El pensamiento político de Martí (1953).
4) "La categoría de líder político alcanza en Martí grado insuperable. En él
fue función natural la de ser conductor de multitudes... Martí realiza el ideal del
genuino estadista, porque no sólo ofreció la solución adecuada para las necesidades de
aquel momento, sino que además estableció las fórmulas para orientar certeramente a
Cuba y a los demás pueblos americanos en su vida del porvenir... Martí sostiene
constantemente la necesidad de que la política en todas sus manifestaciones se halle
sometida a la moral... La filosofía política de Martí se inspira esencialmente en la
ideología liberal, como concepción de la vida".
Pablo F. Lavín. Reflexiones en torno a Martí (1953).
5) "Su pensamiento ético-político puede reducirse a un sencillo y sólido
esquema; se funda, como en bases inconmovibles, en la libertad y en la justicia; adopta,
como norma imperativa y previa de toda convivencia, el estricto complimiento del deber;
enlaza con éste el ejercicio de derechos; no concibe el orden como requisito previo que
se contrapone a la libertad y tiende a limitarla, sino como una consecuencia natural del
sistema de vida que propugna; y, como criterio rector, establece la conciencia humana...
La teoría política de Martí se alza sobre dos postulados primarios: ser libre, ser
justo, a los que puede añadirse otro, ser culto, porque ser culto es el único
medio de ser libre".
Raimundo Lazo. "Martí y la política" (1950).
6) "Lo moral y lo político son casi consubstanciales en el pensamiento del
Apóstol... Examinando en último análisis, todo el pensamiento político moderno gira
sobre un eje cuyos dos polos son Tomás Moro y Maquiavelo utopismo idealista y Realpoliíik.
Martí representa el compromiso romántico-positivista entre las dos posiciones
extremas. Por un lado desea la incorporación del ideal al hecho histórico; cree que los
valores espirituales, o como él dice la muerte de la fiera y el triunfo del
ala, son el objetivo último de la humana apetencia. Por el otro, sabe bien que en
la historia el ideal no triunfa nunca sino de lado, y que para mejorar la realidad, lo
primero es tener en cuenta, y hasta utilizar, sus imperfecciones... Todas las admoniciones
de Martí sobre la política interior de la República futura conservan una enérgica
vigencia. Su anhelo más vivo fue la realización plena en ella de la democracia: una
democracia de contenido social, de contenido económico, de contenido cultural y
moral".
Jorge Mañach. El pensamiento político y social de Martí (1941).
7) "Martí fue un hombre de su siglo: eminentemente individualista liberal; para
él el poder del Estado no es absoluto, porque termina donde comienzan los derechos del
hombre. Libertad de pensar, libertad de creer, libertad para ser feliz. Mas, libertad para
el bien y para lo justo... Justicia y Libertad eran para Martí los dos pilares donde
habían de asentarse el Derecho y el Estado, porque sin ellas no pueden realizarse en la
vida los derechos humanos. La libertad es la esencia de la vida, dijo, y
la nación empieza en la justicia".
Eloy G. Merino Brito. Martí y el derecho (1953).
8) "La sociedad que Martí quería hacer era todavía una sociedad en que creía
posible el equilibrio de las clases, la conciliación... pero nunca llega al socialismo...
es el liberal individualista de la América Latina, que, cuando se le tocan los problemas
de la libertad individual, empieza a ver peligros en el avance socialista por el poder del
Estado... Aquí está todo Martí: temor a la pérdida de la individualidad y comprensión
de la necesidad de cambios, pero cambios que equilibren la riqueza. No llega a más su
pensamiento".
Carlos Rafael Rodríguez. Siete enfoques marxistas sobre José Martí (1978).
9) "De todos los cubanos de hace medio siglo, es Martí el único que tiene una
clarísima visión de las necesidades cubanas en aquel momento y para el futuro... Sólo
Martí vio con claridad el presente y el porvenir de su patria, porque él sólo poseyó
en grado máximo, entre todos los cubanos de su tiempo, preciso enjuiciamiento político
de hombres e instituciones, firme espíritu revolucionario, ideología netamente liberal y
progresista, renunciamiento absoluto de su persona, familia e intereses, y visión de
estadista genial".
Emilio Roig."Martí, el cubano de más clara visión política de
hace 1/2 siglo" (1938).
10) "Las bases que [Martí] elabora para la legislación electoral tienden a
lograr una construcción jurídica permanente, inspirada en el respeto a derechos vitales
y encaminada al cumplimiento de deberes esenciales. Las concreta y expresa así: política
necesaria es la que amplía caminos sin cerrar salidas, con espíritu en que quepan aun
las soluciones más extremas. La república ha de estar abierta a todas las ideas para que
el clamor de la idea desdeñada no trastorne a la propia república. Cada partido
político es expresión de una parte de la naturaleza humana. Si la república desconoce
un partido cualquiera, reprime en él una forma de la naturaleza humana".
Emeterio S. Santovenia Martí, legislador (1943).
11) "Martí no era un político especulativo. En el gabinete, delante del libro,
pensaba en el club, veía la plaza pública rebosando de multitudes afanosas, oyendo la
arenga tribunicia que las llama a la conquista del derecho... El artista concebía un
ideal político, hermoso y apetecible; el moralista lo cotejaba con la realidad imperfecta
y deforme; y por eso aborrecía ésta con todas las fuerzas de su corazón generoso e iba
en pos de aquél con todo el ímpetu de su voluntad indomable. Martí es y tenía que ser
lo que fue, un gran agitador político".
Enrique José Varona. Martí y su obra política (1896).
12) "Todas las líneas ideológicas de su formación le hubieran llevado a
rechazar el comunismo. Que posteriormente hubiese abrazado un socialismo moderado, el que
prácticamente se implanta hoy acá y allá, al menos en la creciente intervención
estatal, eso pertenece a la conjetura. Se mantuvo dentro del Estado que prevalecía
a fines del siglo, si bien señalaba las fallas económicas, políticas y culturales de
las repúblicas hispanoamericanas y se adelantaba a prever los tropiezos de la nuestra. La
explicación materialista de la Historia, no; los medios de redención social, mucho
menos; pero buena parte de los motivos de piedad humana que contiene el marxismo ya los
levantó a la luz de la conciencia el Cristianismo hace dos mil años... No se trata de
mantener sin mengua la dignidad humana. Organizar toda una tesis de catástrofe universal
en nombre de la reorientación, ya eso es otra cosa. Y ante eso retrocedió aterrado
Martí".
Medardo Vitier. Martí, estudio integral (1954).
"El pasado es prólogo [del presente]" ("Whats past is
prologue"), reza el lema de los National Archives, de Washington. La frase,
tomada de The Tempest, de Shakespeare, cuando uno de sus personajes quiere destacar
la continuidad de la historia, explica la conveniencia de volver a Martí en asuntos
relacionados con la política: su época fue prólogo de la nuestra. Salta así desde sus
días hasta los nuestros para decimos cómo quiso lograr "con todos" la libertad
de su patria, y también el por qué en ella no se pudo jamás cumplir la generosa promesa
con que concluía su programa: "y para el bien de todos". En busca de ese saber,
por diversos caminos, andan las páginas de este libro.
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Recoge sólo títulos relacionados con el "Martí
político" del que se trata en esta "Introducción".
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