El concluyente juicio de Martí que encabeza este trabajo
condena el régimen totalitario de La Habana, era desconocido, y estaba escrito en un
libro que allá habían escamoteado. Es fácil entender las razones que tuvieron para
ocultar esas palabras de Martí: tanto Marx como Lenin proclamaron la "dictadura del
proletariado", la tiranía, como imprescindible para establecer su sistema de
gobierno. En 1918 dijo Lenin: "La dictadura proletaria es el poder ganado y mantenido
por la violencia del proletariado contra el poder de la burguesía, y que se ejercita sin
limitación de ninguna ley". Así, la Plataforma Programática del Partido Comunista
de Cuba determinó en 1975 que, "en el período de transición entre el capitalismo y
el comunismo, durante la construcción del socialismo, el Estado tiene que ser la
dictadura del proletariado". Por eso la Constitución Socialista de 1976
inspirada, como decía en su preámbulo, "por la doctrina victoriosa del
marxismo-leninismo" en su artículo 1º declaraba: "La República de Cuba
es un Estado socialista de obreros y campesinos"; y en el 4º se precisaba así el
dominio de lo que llamaban la clase trabajadora sobre el resto de la población:
"Todo el poder pertenece al pueblo trabajador..." Y al año siguiente, el alma
de aquel documento jurídico, el ferviente estalinista Blas Roca a quien los
hermanos Castro le rindieron honores de general muerto en campaña al enterrarlo junto a
Antonio Maceo precisó en un trabajo publicado en la World Marxist Review:
"La verdadera esencia de nuestra democracia socialista es una forma específica
de la dictadura del proletariado". Y eso resultaba evidente puesto que en el
artículo 5º de la citada Constitución se establecía que el Partido Comunista, la
"vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera" era "la
fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado".
Ese sistema de gobierno, el cual, como se predijo desde los tiempos de Marx, y luego se
probó en la práctica, jamás fue en verdad una "dictadura del proletariado",
sino una "dictadura sobre el proletariado", ejercida por una gavilla de
oportunistas que se autocalificaron la vanguardia de la clase trabajadora, es el que se
impuso en Cuba y aún rige los destinos del país. En ese gobierno, como bien se sabe, el
poder lo ejerce "una parte del pueblo o una clase del pueblo, sobre la otra", lo
que, en el correcto juicio de Martí, no es una "democracia", sino una verdadera
"tiranía".
El secuestro de un libro
El día antes de su muerte, Martí le escribió a un amigo: "Sé desaparecer, pero
no desaparecería mi pensamiento". Y ahora, a un siglo de Dos Ríos, nos llega su
palabra otra vez condenando el gobierno totalitario que domina su patria: el mando de un
grupo sobre el resto de la población, la ausencia de elecciones libres, el despotismo, el
unipartidismo, la falta de libertad, la coacción y cuanto defienden hoy con todo fervor
los gobernantes de Cuba.
El libro anotado por Martí, en el que aparecen las palabras que aquí se destacan, se
titula Contemporary Socialism, fue escrito por John Rae, y lo publicó en Nueva
York, en 1887, la editorial Charles Scribner's Sons. Era una reimpresión de su primera
salida, de 1884, que luego amplió Rae, famoso historiador y economista escocés, en
posteriores ediciones, hasta su muerte en 1915. ¿Cómo se escamoteó ese libro que
pertenecía a Martí? La historia de la trampa es la que sigue. En noviembre de 1920
Carmita Mantilla, la fiel amiga de Martí, le entregó al Dr. Julio Villoldo, en Nueva
York, 19 libros que ella conservaba de la biblioteca que tenía Martí en su oficina de
120 Front Street. Villoldo había conocido a la familia Mantilla en Nueva York, donde
había estudiado la primera enseñanza; luego se graduó de abogado en la Universidad de
La Habana y se dedicó al periodismo. La colección de libros estaba formada por siete
títulos en español, entre ellos las Obras poéticas de José María de Heredia, en
su edición de 1875, y los tres tomos de la Historia de San Martín y de la
emancipación sud-americana, de Bartolomé Mitre de los que luego se hablará en
estas páginas; otros siete en inglés, con el Lalla Rookh, de Thomas Moore,
cuya traducción de Martí se perdió, y este Contemporary Socialism, de John Rae;
y cuatro en francés, entre ellos el discutido Erotika Biblion, de Mirabeau.
Al morir en 1954 el Dr. Villoldo, esos libros fueron a dar a la oficina del Historiador
de la Ciudad, en La Habana, y allí los vio el profesor argentino Dardo Cúneo, según
dijo en su José Martí: La Argentina y la primera Conferencia Panamericana, que se
publicó en Buenos Aires en 1955, donde se lee:
Durante nuestra estada habanera, Emilio Roig de Leuchsenring nos introduce en ese
sector secreto del mundo martiano. Cuida él ahora de aquellos libros que esperaron el
reencuentro con el héroe. Los examinamos. Como era Martí lector que elaboraba sus
lecturas, estos libros contienen una zona de su labor, de sus jornadas: notas marginales,
acotaciones y subrayados en el rasgo mortal de un lápiz apurado. Así están anotadas las
poesías de Heredia, y el estudio de esas anotaciones equivaldrá a recomponer un
suficiente juicio crítico de Martí sobre ellas. Así un pequeño Contemporary
Socialism de John Rae, edición Charles Scribner, en Nueva York y 1887.
Y a continuación transcribe dos anotaciones manuscritas de Martí, a lápiz, que
encuentra en su breve revisión del tomo primero de La Historia de San Martín; una
de ellas dice, en la página 71: "La raza india oprimida el pensamiento
colonial del criollo anhelante de su personalidad sojuzgada y el mismo espíritu noble y
en cierto sentido de civilizador segundón y altivo, ahogada sólo por lo que en el
español hay, a la vez, de mandón y señor".
Muerto Emilio Roig en 1964, Julio Le Riverand, el historiador marxista que fungía como
Director del Archivo Nacional, dispuso que esos libros que pertenecieron a Martí pasaran
a la Biblioteca Nacional, pero allá no llegó el Contemporary Socialism de John
Rae... El hecho de que Martí hubiera sido propietario de ese libro resultaba imposible de
tolerar por los censores del marxismo-leninismo criollo. Que Martí hubiera tenido en su
biblioteca esa denuncia del socialismo, ese análisis devastador del marxismo, era
insoportable, y al igual que los miembros más intransigentes del tribunal del Santo
Oficio en tiempos de los Reyes Católicos, lo secuestraron, quizás con la esperanza de
que nadie se diera cuenta del robo, sin recordar que había constancia escrita, la del
profesor Dardo Cúneo, de que era parte de la biblioteca de Martí.
Enterado de la trampa, la denunció en 1983 el autor de este trabajo, en una
conferencia del Círculo de Cultura Panamericano, con el título de "Martí y el
socialismo". Al año siguiente, al traducirse al inglés dicha conferencia, se
recogió en José Martí, the United States, and the Marxist Interpretation of Cuban
History, libro publicado en Inglaterra y los Estados Unidos, por Transaction Books, de
la Universidad de Rutgers, en New Jersey. La importancia de esa revelación hizo que de
nuevo volviera yo sobre ella en otra charla, también en Miami, en la Florida
International University, en 1991, la cual apareció publicada en el Diario las
Américas a principios de noviembre de 1991, y por la propia universidad poco después
en un folleto titulado La falsificación de la Historia y de Martí en Cuba. Un
año más tarde, ya en "edición anotada" y con el título de La
falsificación de Martí en Cuba, la dio la Unión de Cubanos en el Exilio, de Nueva
York, la que de nuevo, bajo el título de "The Falsification of José Martí in
Cuba", apareció en el número de 1994 de la revista Cuban Studies, de la
Universidad de Pittsburgh.
El interés en ese asunto radicaba en que, a todas luces, había sido ese libro de Rae
el que más había influido en las ideas de Martí respecto a las doctrinas socialistas de
su época. Tanto influyó en él, que muchos de sus juicios sobre figuras de que trata
(Henry George, Herbert Spencer, Marx, Bakunin, Marlo, Proudhon y Herzen, entre otras), en
general coinciden con los de Rae; y hasta copió pasajes de Contemporary Socialism
en su Cuaderno de Apuntes.
Las denuncias sobre la desaparición del libro iban, por supuesto, siempre acompañadas
de citas y juicios de Rae que dejaban ver el por qué la censura de Cuba había escondido
esa notable pertenencia de Martí. Entre las más significativas opiniones de Contemporary
Socialism, como ejemplo, resulta oportuno recordar las siguientes: Rae defiende
"la propiedad privada" y destaca "el mérito civilizador de la propiedad y
de la herencia", las que considera "medios para el progreso y el desarrollo
moral" de los pueblos, por lo que creía que "la verdadera solución" de
los problemas sociales debía mantenerse "dentro de los límites del presente sistema
industrial, los límites de la libertad industrial y de la propiedad privada". Por
otra parte, Rae condenaba, al igual que Martí, el totalitarismo de Estado, al que
califica de "mandarinato socialista" ("socialist mandarinate"),
el cual había de detener el progreso y la producción, aumentando así los sufrimientos
del obrero y obligando al Estado a "recurrir al látigo y volver a la esclavitud
industrial". Y agrega el tratadista escocés: "Aún otro motor importante del
progreso ha de destruir el socialismo: la libertad", sobre la que concluye: "La
libertad, por supuesto, es un elemento integral y directo de todo noble ideal humano,
porque es condición indispensable para el progreso social... En un régimen socialista,
la libertad tendrá que ser ahogada", por todo lo cual advierte, que "el
socialismo tendrá que implantar el gobierno más vejaminoso totalitario y absolutista que
se haya inventado jamás..." ("Socialism would introduce, indeed, the most
vexatious and all-emcompassing absolutist government ever invented"). Por
último, también cabe destacar la concreta opinión de Rae sobre el marxismo, la que
resume de manera admirable en este otro profético juicio: "El comunismo lleva a todo
lo contrario de lo que pretende alcanzar: busca igualdad y concluye en desigualdad, busca
la supresión de los monopolios y crea un nuevo monopolio, busca aumentar la felicidad
humana y en realidad la reduce. Es una pura utopía, y "¿por qué es una
utopía?" se pregunta Rae, y responde "Porque... la mayor igualdad y la mayor
libertad posible sólo pueden lograse juntas..."
¿Como habría podido el régimen estalinista de La Habana, que siempre pretende
ampararse en Martí para justificar sus abusos del poder, el que se supiera que ésa fue
su obra de consulta al estudiar los problemas sociales? Por la mera posesión del libro ya
era evidente la necesidad del secuestro, pero ahora que sabemos que el ejemplar suyo
tenía anotaciones de Martí suscribiendo las opiniones de Rae, se comprende mejor el
robo.
La resurrección del libro
Descubierta la trampa, y ya conocida por estudiosos y lectores de Martí, los esbirros
disfrazados de intelectuales que allá viven en alquiler de las autoridades, se dieron a
la tarea de explicar de alguna manera el infame desfalco. La estrategia fue no darse por
aludidos de las acusaciones y publicar unos inocentes comentarios sobre el libro para dar
la impresión de que nunca hubo ocultamiento de él, y presentarlo como si se tratara de
un "hallazgo" fortuito. A los efectos de lograr este objetivo se valieron de un
profesor de lengua española, José Ballón, de la Universidad de Ohio Wesleyan, en
Delaware, quien visitó La Habana en 1991. Una buena dosis de ignorancia de ciencia
política por parte de ese profesor de literatura, y otra no menor de deseos de servir a
sus huéspedes, hizo que Ballón, en un artículo que apareció hace poco en el número 16
del Anuario del Centro de Estudios Martianos, pasara con notable rapidez por lo
más significativo de la obra de Rae, y llegara a decir con la mayor arbitrariedad:
"Este hallazgo, me parece, contribuirá a establecer más directamente cómo, entre
1884 y 1887, Martí incorporó el socialismo moderno en su pensamiento" . Ya se sabe
que no hubo tal "hallazgo", que el libro lo habían secuestrado, pero dicha la
información de esa manera, tomando el término "incorporar" con el recto valor
que le da el Diccionario de la Academia, en su primera acepción, de "unir dos
o más cosas para que hagan un todo y un cuerpo entre sí", parece que Martí y el
socialismo llegaron a ser una y la misma cosa; y, a partir de esa premisa se puede inferir
lo siguiente: si el socialismo tal como lo practican en Cuba y Martí llegaron
a formar "un todo y un cuerpo entre sí", y el gobierno de Cuba es socialista,
Martí y el castrismo son la misma cosa, por aquel simple razonamiento de que "dos
cosas iguales a una tercera son iguales entre sí".
Después de esa tan caprichosa afirmación sigue una reseña de Contemporary
Socialism evitando las opiniones de Rae que pudieran disgustar a los que presentan a
Martí como un precursor de Lenin y como mentor de Fidel Castro, y de los que con su
cobarde silencio aplauden esa herejía. Muy pronto en la reseña se advierte que su autor
se cansa del tema que no le interesa, ni conoce, pues la atención que le prestó a las
primeras 70 páginas del libro desaparece a partir de los capítulos que tratan de Marx y
Marlo. Salta entonces a la página 300 para terminar apurado con unas ambiguas
conclusiones que nada dicen de la verdadera posición de Martí ante el socialismo. Ni
tampoco queda clara en la reseña la verdadera posición de Rae respecto al mismo asunto.
Al recorrer el libro, Ballón menciona varios pasajes que Martí subrayó, alguno
ciertamente revelador para lo que aquí interesa; uno dice: "La estabilidad de Europa
se puede decir que reside en el número de campesinos acomodados; la contención de la
revolución es la pequeña hacienda"; otro: "La condición de Suiza muestra de
manera suficientemente clara que la democracia bajo un régimen de libertad no presta
oído al socialismo sino que enfila el rostro a direcciones completamente distintas";
y éste que coincide con la opinión de Martí sobre "la guerra necesaria" en
Cuba, que le combatían los que buscaban un arreglo con el despotismo de España: "La
resistencia pacífica es una contradicción en sí misma, es como el cuchillo de
Lichenberg, sin hoja y sin mango, o como la lana que tuviera que lavarse en seco. Es como
la mala voluntad por dentro sin la acción externa.. . "
Pero lo más lamentable de esta deficiente y mal ordenada revisión del Contemporary
Socialism es que, de las anotaciones de Martí en más de veinte páginas que
encontró Ballón, sólo transcribe unas pocas. Casi siempre se disculpa diciendo que son
"ilegibles"; bastan estos ejemplos: "En una de las páginas
iniciales", afirma, "bajo el título del libro, se encuentra un comentario de
Martí, de dos líneas que parece decir: el dogma comunista seguido de
palabras ilegibles. Las dos páginas siguientes, en la [sic] que vuelve a aparecer el
título del libro, contienen unas treintaidós líneas escritas a lápiz por Martí, en su
mayoría ilegibles..."; y en otro lugar: "Esta sección [la que trata de
Lassalle] contiene dos anotaciones importantes..." pero no dice cuáles son ni cómo
puede considerarlas importantes si no las pudo leer; y sobre el capítulo que trata de
"El socialismo y la cuestión social" escribe: "En esta sección, que va de
la página 319 a 379, también se encuentran anotaciones hechas por Martí..." pero
otra vez tampoco dice nada de ellas...
Todo el que se ha enfrentado con manuscritos de Martí sabe la dificultad de descifrar
su caligrafía, casi siempre apurada, que a veces se convierte en una especie de
taquigrafía. Pero cuesta trabajo creer que entre tantas anotaciones sólo se pudieran
salvar las pocas que Ballón transcribe. En su revisión de las anotaciones de Martí en
otro de los libros de su biblioteca, en las Poesías de José María de Heredia, Fina
García Marruz, transcribió cerca de un centenar de ellas, al margen de los versos, en su
estudio sobre "Martí y los críticos de Heredia del siglo XIX"; algunas son de
mayor interés, como éstas que por curiosidad, y como ejemplo, aquí se copian: "La
pasión [de Heredia] por sus versos, que ahora se oculta porque el mundo está ocupado en
otra cosa y entonces era la forma natural del heroísmo naciente"; "Por ella,
Lesbia, vio [Heredia] la corrupción del mundo, que es pena de que no vuelve nunca más el
alma honrada"; "[Heredia] es entre los hombres el único poeta que se parece a
Safo"; "Y como todas las almas sublimes, le halla al dolor gozo";
"Anda sorbido en literaturas, y se detiene, con ingenuidad inmortal, para comparar a
su amada con la rosa que vio al amanecer"; "A Lola ama después [Heredia]. Al
pasear con ella por el Yumurí, se siente renacer. ¡Así es el corazón: la losa que
levantará (dos palabras ilegibles) Y se levanta! La levanta el amor, o la muerte, que es
un amor apetecible y seguro"; "Él se queja a la luna, que sabe mucho de amores,
de que se muere y no halla mujer ardiente y sensible"; "Y deja incompletos, con
efecto grande, los versos de esos dolores que no se han de profanar hablando de
ellos"; "Ennoblece lo más pueril del amor, y lo más delicioso, el darse y
quitarse y volverse a dar las manos, el no tener qué decirse, el decírselo todo de
repente"; "Ama lo que no es suyo, y huye de sí y de la que ama, porque quiere
ser inocente" ; y este último notable comentario, por no abusar de las citas:
"¿Quién sabe si Heredia ha escrito en el Niágara los cuatro mejores versos de que
pueda envanecerse literatura alguna?" Y esa pregunta se encuentra junto a los del
"Niágara", en el que Martí había subrayado los siguientes: "Ved
¡Llegan, saltan! El abismo horrendo/Devora los torrentes despeñados:/Crúzanse en él
mil iris, y asordados/Vuelven los bosques el fragor tremendo".
Y uno se pregunta, ¿cómo pudieron leerse esas anotaciones de Martí sobre el libro de
Heredia igual que hizo Dardo Cúneo, muy lejos de ser un especialista en Martí, con
las que halló en el libro de Mitre, las cuales tanto dicen del crítico y del
pensador, y no se pudieron descifrar las del libro de Rae? ¿O es que tendremos que
concluir que Martí escribía con una letra cuando trataba de las doctrinas sociales y con
otra más fácil de leer cuando hablaba de historia y de poesía? Por ahora no hemos de
saber la respuesta: el ejemplar del Contemporary Socialism de John Rae, que
perteneció a Martí, y que debe de tener tantos juicios que afectan el régimen de La
Habana, sigue secuestrado en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, al
que, por supuesto, no tiene acceso el público, sino sólo los investigadores marxistas y
los que no han de perjudicarlos revelando el verdadero pensamiento de Martí sobre los
problemas sociales y el socialismo.
Conclusión
Han celebrado en Cuba el centenario de Dos Ríos con todo tipo de farsas: en abril,
protegido por fuerte escolta, Fidel Castro visitó La Playita, donde se produjo el
desembarco de Martí y Gómez acompañados sólo por cuatro hombres; allí, con el mayor
descaro, se hizo retratar junto a la tarja de mármol de 16 pies de alto, erigido por
iniciativa del martiano Arturo Carricarte durante el gobierno del Dr. Grau: en ella que se
lee, sobre Martí, que "la Fe y el Amor fueron sus armas de combate", y sobre
Máximo Gómez se dice que fue "grande por la virtud y el carácter, y más grande
aún por la abnegación y el desinterés..." Al mes siguiente, el 19 de Mayo, Castro
visitó el cementerio de Santa Ifigenia, y allí dijo hipócrita: "De los frutos de
la enseñanza de Martí tenía que surgir una revolución como la nuestra y tenía que ser
una revolución como la nuestra". Y en todos los rincones del país se repitió hasta
el cansancio, la consigna obligada, de que la revolución, es decir, el fracasado gobierno
de Cuba, tenía una "raíz martiana", por lo que había que apoyarla con todo
calor. Y para justificar la ausencia de la democracia pluripartidista única
posible dijo con todo cinismo Raúl Castro, que ellos, "como lo preconizara
José Martí", no permitirían otro partido que el comunista, "el partido
único". Y en los telones que adornaban las tribunas brillaron por su ausencia los
antiguos retratos de Marx, Engels y Lenin, que cedieron el puesto al de Martí; pero en el
dogmatismo, la arrogancia y la mentira, todo fue de los otros y nada del mártir de Dos
Ríos.
Por suerte entre las poquísimas anotaciones de Martí que reprodujo en su reseña el
profesor Ballón estaba la que inicia este trabajo. Tiene, además, ese juicio, gran
actualidad, ahora que algunos allá, serviles, hacen juegos malabares con la palabra
"democracia" para justificarle a los gobernantes sus crímenes, y otros le
quisieran preparar una oposición complaciente para que con un nuevo disfraz engañen al
mundo y puedan continuar en el poder.
Para de verdad honrar a Martí, debería grabarse en todos los avisos de propaganda de
la isla, y proclamarse a toda voz, esas palabras suyas que nos llegan oportunas ahora en
el centenario de su muerte: "democracia no es el gobierno de una parte del
pueblo o una clase del pueblo sobre otra, porque eso es tiranía".