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Jamás había un Papa
citado a José Martí, y lo acaba de hacer, con devoción y respeto,
como quien cita a una autoridad superior, Juan Pablo II. Ya en la Misa
de Santa Clara recurrió a él para resumir el espíritu democrático y
justo que debía tener el gobierno: “Con todos, y para el bien de
todos”, dijo repitiendo las palabras de Martí, las que condenan la
dictadura proletaria. En la homilía de La Habana volvió a él, pero no
como antes para darle autoridad a un principio político, sino para
apoyar su juicio sobre la importancia de la. religión en la felicidad
de los pueblos. Recurrió a uno de los más hermosos escritos de Martí
sobre el tema, del que se reproducen, por su interés, varios pasajes
destacando en ellos, en letra negrilla, las palabras que escogió Juan
Pablo II; dicen:
Entre
las numerosas religiones, la de Cristo ha ocupado más tiempo que otra
alguna los pueblos y los siglos: esto se explica por la pureza de su
doctrina moral, por el desprendimiento de sus evangelistas, de los cinco
primeros siglos, por la entereza de sus mártires, por la extraordinaria
superioridad del hombre celestial que la fundó...
Pura, desinteresada,
perseguida, martirizada, poética y sencilla, la religión del Nazareno
sedujo a todos los hombre honrados”... Todo pueblo necesita ser
religioso. No sólo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad
debe serlo... La moral es la base de una buena religión. La religión
es la forma de la creencia natural en Dios y la tendencia natural a
investigarlo y reverenciarlo. El ser religioso está entrañado en el
ser humano. Un pueblo irreligioso
morirá, porque nada en él alimenta la virtud. Las injusticias humanas
disgustan de ella; es necesario que la justicia celeste la garantice”.
¿Cómo
les debió saber a los empujadores del marxismo-leninismo criollo,
empezando por el “líder máximo”, aquella lección de moral y de
alta política? Esa religiosidad que necesitan las naciones2 según
Martí y el Papa, la llamó Marx “el opio del pueblo”; Lenin, “la
cocaína espiritual”; y Stalin, el más influyente mentor de Castro,
la consideraba “irreconciliable con el socialismo”. Desde el Primer
Congreso del Partido Comunista Cubano, en 1975, siguiendo el juicio de
Marx de que la religión no era más. que una superestructura de la
sociedad de clases, consecuencia de las relaciones económicas entre las
mismas, y que su propósito era la sumisión del proletariado, en las
Tesis y Resoluciones que fueron aprobadas en La Habana, se lee:
A lo largo de la historia, las .clases explotadoras se han aprovechado
de la religión y de las creencias religiosas para proteger su poder político,
afianzar su dominio económico y social, dividir a los pueblos y
mantener engañados y sumisos a los explotados, apartándolos de la
lucha revolucionaria por su liberación social... Con abierto cinismo
los anticomunistas de ayer y de hoy se han presentado como defensores
del derecho de los ciudadanos a profesar sus creencias religiosas
Eso
es, precisamente, lo que defiende el Papa, “el derecho de los
ciudadanos a profesar sus creencias religiosas” ¿Su proclama ante el
pueblo de Cuba, apoyado en la palabra de Martí, pertenece a ese abierto
cinismo” de que se nos habla en la “Tesis” del Partido sobre la
religión? Seguían allí diciendo:
La religión, conforme al marxismo-leninismo, es una de las formas de
la conciencia social y como tal un reflejo de la conciencia del hombre,
de la realidad exterior. Su origen es terrenal y no celestial. Su
particularidad, respecto de las demás formas de la conciencia radica en
que por su esencia constituye un reflejo fantástico, tergiversado,
falso de dicha realidad que está determinado fundamentalmente por las
condiciones de vida material de los hombres.
No
es esa noble defensa de la religión, basada en las palabras de Martí,
que citó el Papa, lo que destacan en Cuba. El Martí de allá, en manos
de un grupo de esbirros con pujos de intelectuales, lo han manejado a
capricho para preferir cuanto le conviene al gobierno e ignorar cuanto
lo niega. Entre los otros beneficios que le trajo Juan Pablo II al
pueblo cubano, está ese del rescate de Martí, a quien lo tienen como
en un presidio político.
El
exilio cubano, por otra parte, ha procurado desde hace tiempo
presentarle a sus hermanos en Cuba, y al mundo, el verdadero Martí, ése
del que ha hablado el Sumo Pontífice. Y hasta ésas mismas palabras que
citó en su sermón de La Habana las ha difundido. Por estos días, hace
quince años, cuando se cumplía el 125 aniversario del natalicio de
Martí, un grupo de estudiantes cubanos del Saint Peter College, de New
Jersey, celebró un acto en el que se tomó el acuerdo de publicar una
antología bilingüe de pensamientos de Martí. Estuvieron a cargo de
aquella suscripción popular dos jóvenes que hoy son profesores en
universidades del Norte: el Dr. Félix Martín y el Dr. Vicente Medina.
De la publicación del libro dos años más tarde, se encargó el Comité
Católico Cubano, dirigido por el obispo Boza Masvidal, y que
administraban Hilda y Serafín Vilariño. Allí, en esa antología, con
el número 103, están las palabras de Martí que citó el Papa; dice el
pasaje que se reprodujo:
La moral es la base de una buena religión.. La religión es la forma
de la creencia natural en Dios y la tendencia natural a investigarlo y
reverenciarlo. El ser religioso está entrañado en el ser humano. Un
pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud. Las
injusticias humanas disgustan de ella; es necesario que la justicia
celeste la garantice.
Y en inglés, se lee:
Morality
is the basis for a good religion. Religion is the embodiment of the
natural belief in God and the natural tendency to inquire about and
revere Him. To be religious is inherent in being human. An irreligious
nation will die, because nothing in it will nourish virtue. Human
injustice disinclines us to virtue. Celestial justice is necessary to
guarantee it.
Poco después de
publicarse ese libro, que luego tuvo varias ediciones, se hizo una en
miniatura, sólo en español, para circular en Cuba, dirigida por Frank
Calzón, y miles de esos ejemplares, pagados por la Fundación Nacional
Cubano Americana, entraron en la isla por distintas vías. Y hace unos
meses hizo otra, esta vez desde la Freedom House, de Washington, que
también ha circulado extensamente en Cuba. Todas llevan ese juicio de
Martí sobre la importancia de la religión para los pueblos, el que de
nuevo se reprodujo en el reciente libro publicado por La Moderna Poesía
con el título José Martí:
Doctrines, Maxims and Aphorisms/Doctrinas, Máximas y Aforismos.
El Papa, en la Misa de La
Habana, precedió la cita de Martí con estas palabras:
... En el Evangelio proclamado hoy aparece la justicia íntimamente
ligada a la verdad, así se ve también en el pensamiento lúcido de los
padres de vuestra patria. El siervo de Dios, el padre Félix Varela,
animado por su fe cristiana y su fidelidad a su ministerio sacerdotal,
sembró en el pueblo cubano la semilla de la justicia y la libertad que
él soñaba ver florecer en una Cuba libre e independiente. La doctrina
de José Martí del amor sobre todos los hombres, tiene también raíces
hondamente evangélicas, superando así el falso conflicto de la fe en
Dios y el amor y servicio a la patria. :
Varela
y Martí, cuyo pensamiento, dijo él Papa, tiene “raíces hondamente
evangélicas”, y que concilia la creencia religiosa y el patriotismo.
¿Cómo no iba a estar rabioso Fidel Castro al despedir al Pontífice?
Perdió toda compostura en el aeropuerto; Juan Pablo II había sembrado
en su visita la más peligrosa semilla: “No tengáis miedo”, repitió
muchas veces, y, por un momento, no tuvo miedo el cubano en su isla,
miedo que se le pasó a las autoridades; y lo del miedo no se lo dijo
solamente al pueblo, también se lo dijo a la Iglesia. Y oyó el
consejo, y lo siguió, el Obispo de Santiago de Cuba, y en su momento lo
seguirán otros. |
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