Cuando Martí instruyó a Gonzalo de Quesada y
Aróstegui sobre cómo ordenar su obra, en la carta del 1º de abril de 1895 que se tiene
como su testamento literario, mencionó varios de los periódicos en que habían aparecido
sus escritos y dio el título de algunos de sus artículos, pero nada dijo de The Sun1. Ni siquiera recordó allí el más famoso trabajo de sus
primeros tiempos, el que le abrió las puertas de Hispanoamérica, "Modern Spanish
Poets", que en traducción del erudito Carlos Martínez Silva reprodujo en 1881 El
Repertorio Colombiano, de Bogotá, y luego La Opinión Nacional, de Caracas2.
Terminada la guerra de independencia, Quesada se dio a la tarea de ordenar los papeles
de Martí. En 1900 salió el primer tomo de la colección que quiso recopilar toda la obra
y, cuando iba por el octavo redactó una carta con fecha 28 de mayo de 1909, dirigida a su
esposa, pidiéndole que si él fallecía sin terminar el empeño, lo continuaran sus
herederos. Entre otras disposiciones indicaba: "Buscar en el Sun, de New York,
los artículos sobre arte y costumbres españolas y reunirlos"3. Muerto Quesada, el último tomo de su colección
apareció en La Habana en 1929 sin que contuviese nada de lo escrito por Martí para ese
periódico de Nueva York. Los demás intentos que se hicieron después para reunir la obra
completa, los de Carbonell (1918)4, el de Ghiraldo
(1925)5 y el de Godoy y García Calderón (1926)6 tampoco incluyeron nada de lo que aquí interesa.
Hubo que esperar hasta las ediciones de Trópico (1936) y la de Lex (1946), para que
aparecieran cinco de los trabajos de Martí en The Sun7.
Llos 27 tomos de la Editorial Nacional de Cuba (1963-1966), las más recientes Obras
Completas, se limitaron a incluir lo que ya se conocía.
Al aparecer, en inglés y traducidas al español, en la Revista Cubana, de Nueva
York, en 1968, dos crónicas de Martí en The Sun, esta edición las reprodujo sin
decir de dónde las habían copiado, en un tomo adicional, el número 28, que llamaron
"Nuevos Materiales"8.
En 1953, al celebrarse el centenario del natalicio de Martí, se empezó a hablar de
que en The Sun había trabajos suyos que nunca se habían recogido. En José
Martí, crítico literario, José Antonio Portuondo escribió: "No fue sino hasta
la mitad del año [de 1880] que empezaron a aparecer en The Sun sus artículos de
crítica literaria... [y] todavía en 1885 continuaba esa situación, según cuenta
[Martí] en carta a Manuel Mercado del 13 de septiembre de dicho año..."9 Sin embargo, la carta que cita Portuondo no era del 13 de
septiembre de 1885, sino del 13 de noviembre de 1884, aunque esa fecha se determinó mucho
después al publicarse en 1993 el Epistolario de Martí por Luis García Pascual y
Enrique Moreno Pla10. Lo que sí evidencian las
palabras de Portuondo es que las colaboraciones de Martí en ese periódico serían más
numerosas de lo que hasta entonces se creía.
Sin la fecha correcta de esa carta de Martí a Mercado puede producirse cierta
confusión, pues le escribe al amigo mexicano: "Tenía concertadas unas cartas de
viaje con el Sun... [y] trabajaré, como en este mismo instante, para el Sun
de aquí, para el que escribo en francés..."11
Arreglada la fecha se entiende el asunto: Martí tenía en proyecto un viaje a México
y a varios países de Hispanoamérica en apoyo de los planes revolucionarios de los
generales Máximo Gómez y Antonio Maceo. Lo mismo había hecho la vez anterior que viajó
fuera de los Estados Unidos, en 1881, cuando pensó enviarle trabajos a Charles Dana, para
pagarle el viaje a la esposa y al hijo de La Habana a Caracas. Ahora, en 1884, lo hacía
para mantenerlos en Nueva York durante su ausencia. Ése es el origen de "Un voyage
á [sic] Venezuela" (19, 137), apuntes que se conservan de su travesía en
1881 en barco hasta la Guaira, y de ahí, en diligencia, a Caracas. Nunca se lo publicaron
en The Sun; es el mejor ejemplo de lo que proyectaba hacer. Luego vino el
rompimiento con Gómez y Maceo, el 20 de octubre de 1884, y Martí tuvo que suspender el
viaje y las prometidas crónicas sobre los países que pensaba visitar entonces.
El mismo año en que apareció el libro antes mencionado de Portuondo, se publicó José
Martí: Epic Chronicler of the United States in the Eighties, de Manuel Pedro
González. Aunque también sin dar razones para justificar su aserto, este autor extendió
el período de colaboraciones de Martí en The Sun hasta 1892: "The exact
period during which Martí contributed to the Sun was twelve years
1880-1892"12. Luego, en 1961, otra vez
sin aportar pruebas ni decir en qué basaba su juicio, González repitió en las primeras
páginas de su antología José Martí: esquema ideológico: "Durante doce
años escribió en francés una crónica probablemente semanal para el New
York Sun"13. Lo mismo sostuvo en Indagaciones
Martianas: "Durante doce años (1880-1892) colaboró Martí en el Sun..."14
Siguiendo a González, en 1966 Ivan A. Schulman publicó en Chile un trabajo sobre el
mismo asunto en el que alargaba aún más en el tiempo las contribuciones de Martí a The
Sun, y las hacía llegar hasta unas semanas antes de Dos Ríos 15. Schulman
dividió las crónicas en dos grupos: uno del el 27 de junio de 1880 hasta el 10 de
octubre de 1881; otro del 7 de marzo de 1882 hasta el 14 de abril de 1895. El primer grupo
comienza con"The Court of Spain" ("La Corte de España"), la crónica
primera de las seis que forman esta colección, y llega hasta "One of the Greatest
Modern Painters. The Career and the Works of the Spaniard, Eduardo Zamacois"
("Uno de los más grandes pintores modernos. La carrera y las obras del español
Eduardo Zamacois") que publicó la Revista Cubana de Nueva York en 1968, antes
mencionada,. El segundo grupo se componía de una serie de escritos que a todas luces no
son de Martí. A nadie se le hubiera ocurrido atribuirle a Martí esos escritos, por sus
temas, estilo o fechas en que se publicaron, si no fuera por una irrelevante coincidencia.
Cuando Martí fue expulsado de Venezuela, en julio de 1881, de acuerdo con los directores
de La Opinión Nacional, de Caracas, los trabajos que enviaría desde Nueva York
iban a aparecer sin su nombre. Lo mismo había ocurrido cuando Martí viajó clandestino a
Cuba, a principios de 1877: escogió su segundo nombre y su segundo apellido,
"Julián Pérez", para no ser, dijo, "más que lo necesariamente
hipócrita" (20, 16). Así, cuando años después, en 1881, tuvo que esconder otra
vez su identidad, usó las iniciales del apellido de su hijo: Martí de Zayas
Bazán, "M. de Z." que de esa manera, al igual que sus antepasados, con
la preposición "de", gustaba usar el apellido la aristocrática familia del
Licenciado Francisco de Zayas Bazán y Varona, el abuelo del niño16.
El primer escrito de Martí con la firma "M. de Z", en La Opinión
Nacional, fechado en Nueva York el 20 de agosto de 1881, se publicó el 6 de
septiembre; el último, escrito el 10 de diciembre, el 29 de ese mismo mes. El 7 de marzo
de 1882 empiezan a aparecer en The Sun los trabajos de un tal "M. de S.",
y cesan, como antes se dijo, en abril de 1895: más de 300 artículos en total. Surge
entonces la pregunta: ¿por qué pocos meses después de publicar en The Sun la
crónica antes mencionada sobre Eduardo Zamacois, firmada con sus iniciales,
"J.M.", y la anterior, sobre Fortuny, un año antes, con su nombre completo,
"José Martí", tendría que esconderse tras las letras "M. de S."? El
"M. de Z." en La Opinión Nacional, de Caracas, estaba justificado, y
sabemos el motivo por el que se produjo. Existen abundantes pruebas de por qué lo hizo.
En cambio, pero ¿qué razón podría explicar el súbito escondite en "M. de
S." para escribir en el periódico de Dana, ni qué pruebas hay de que en efecto lo
hizo?
En vista de las grandes diferencias entre los escritos propiamente de Martí y esos
otros atribuidos a él, Schulman supuso "quejas por parte de los lectores [de The
Sun] contra la riqueza tropológica de Martí", lo que llevó al cronista, según
afirma, a usar un "disfraz", a "estrangular inclinaciones estéticas"
a fin de complacerlos17. Sin embargo, después de
una cuidadosa revisión de esos trabajos de "M. de S." se concluye que, para que
fueran de Martí, habría que "estrangular" algo más que sus
"inclinaciones estéticas" toda vez que ni el estilo, ni el tratamiento de los
temas, ni los juicios que allí aparecen tienen nada que ver con él.
"M. de S."
Resulta fácil confundir lugares comunes en la prosa de la época con rasgos de Martí.
A pesar de su genio, en ella estaba también inmerso. Un ejemplo: en el propio periódico The
Sun apareció el 4 de julio de 1880 un trabajo con el título "A Foreigner on
Coney Island". En todo se parece a Martí se podría asegurar hasta que era
parte de las "Impressions of a Very Fresh Spaniard" que se empezaron a publicar
en The Hour seis días más tarde; un fragmento de "A Foreigner on Coney
Island" dice, por ejemplo:
Coney Island is the happy oasis of the crowded desert that is called New York. I was
delighted to perceive that all in life was not business and hard labor, and blessed a
country in which the blacksmith and the carpenter might share in the enjoyments of the
banker and the landowner. I had always hated great crowds I had always felt very
lonely among them, but beholding the happiness of so many people, all of whom behaved like
gentle people, of so many women and children who treated each other as though they were
members of the same family, my dislike gave way immediately, and I felt inclined to
fraternize with them all.
Esta crónica de The Sun, que tan martiana parece, que permitiría pensar que el
"Foreigner" que visita "Coney Island" es el mismo "Fresh
Spaniard" que escribió sus impresiones sobre Nueva York, no es de Martí, sino de
Maurice Mauris, marqués de Calenzano, quien en ese mismo año de 1880 publicó con la
editorial D. Appleton una colección de biografías (Víctor Hugo, Musset, Gautier,
Sainte-Beuve, Daudet y Zola, entre otras) con el título de French Men of Letters18.
"M. de S.", el misterioso colaborador de The Sun, posiblemente era un
inglés que viajaba con frecuencia a París, o allí vivía, y a otras capitales de
Europa, al tanto de los chismes e intrigas de la aristocracia europea, a la que le seguía
interesado sus pasos compartiendo a veces con ella en saraos, balnearios, reuniones y
espectáculos. A veces describía los lugares comunes del turismo más elemental. Y todo
desde dentro, como lo muestran sus escritos, en contacto directo con los personajes y sus
actividades, y no desde fuera, y distante, como en alguna ocasión Martí habló de ese
mundo. Cuando se analiza el contenido de las crónicas firmadas "M. de S." se
comprueba que su autor era una especie de cronista social dotado de toda la frivolidad,
ironía y gracia que se necesitan para ese ejercicio. Véase como ejemplo un pasaje
fechado en Londres el 23 de marzo de 1882, y que The Sun, con el título de
"Life In England", publicó el siguiente 9 de abril:
I know a small Eton boy who flatly informed his parents he could not be seen without a
"buttonhole" in front of the very curtailed and unprotecting jacket which is the
uniform of that time-honored public school as "no man" ever walked out without
one. This same Etonian of tender years refused to wear any clothes not ordered at a
certain Windsor tailors, that artist alone been able to cut a fellows
waistcoat. And this habit accounts for a practice prevalent among these dear little boys,
who had laid down a rule that they only "take paper" meaning thereby that it is
beneath their dignity to accept anything so low as a sovereign for a tip.
Eton is the father to Oxford, and the Sybaritic tastes of the school deepened in the
university. Some undergraduates are tempted to boil their rose leaves.
The hardy, boating, rough burly members of the college hated this particular student
and his particular tastes so they showed their superiority, wisdom and intellect, by
promptly putting in their oar and converting themselves into burglars. They burst into his
rooms... broke his china, blew his feathers to the wind, and left him a shattered being to
bewail the loss of his aesthetic belongings.
We all are immensely proud of this summary justice, evidencing the strongest
determination not to suffer effeminacy to creep into our social system...
Otra pregunta que surge al leer textos como éstos es ¿por qué Dana le iba a encargar
a Martí trabajos de tal naturaleza sabiendo que él tendría que obtener información de
segunda mano, en periódicos y revistas, cuando el periódico contaba con personal
conocedor de esos asuntos? Para eso hubiera recurrido a otros colaboradores de The Sun,
como Theodore Child, autor del libro Pictures in London and Paris19, o a Adam Badeau, autor de Aristocracy in England20.
Martí y Dana
A raíz de publicarlo, en 1882, Martí le mandó a Dana un ejemplar de Ismaelillo
con una dedicatoria en que le decía, según un apunte que se conserva: "... Je vous
envoie le livre, en gage de la bonne memoire [sic] de mon coeur; aujourdhui
que je recouvre les rêines [sic] de ma vie, ne saurais-je oublier celui qui
maida, dans un moment depreuve [sic] à les tenir en haut..." (20,
295) Cabe preguntarse, ¿si Martí en 1882 estaba escribiendo para The Sun, y Dana
traduciéndole los escritos, por qué le iba a hablar de "la buena memoria de su
corazón" porque en un momento difícil de su vida, (1880) lo había ayudado?
Martí no estaba escribiendo para The Sun desde 1881. Lo prueba una carta de
Dana a Martí, con fecha 18 de marzo de 1884, en la que le decía:
I am delighted to see your handwriting once again, and find that you are still in this
town [desde su viaje a Venezuela, en 1881, Martí no había salido de Nueva York]... I am
sorry to hear from you that your good intentions are never carried out as regards
contributions for The Sun... It is always most agreeable to have an opportunity of
reading a manuscript of yours and trying to convey it into English21.
Apenas dos días antes de escribirle esa carta, el 16 de marzo de 1884, The Sun
había publicado un extenso artículo de "M. de S.", fechado en Londres el 27 de
febrero, con el siguiente título: "What is Going on in English Society. Gambling in
the Clubs and Elsewhere. Lord Garmoyles Broken Engagement. Scandal about
the German Imperial Court". ¿Cómo es posible que Dana le dijera a Martí: "I
am delighted to see your handwriting once again, and find that you are still in this
town... I am sorry to hear from you that your good intentions are never carried out as
regards contributions for The Sun", si acababa de aparecer un artículo
suyo en el periódico, y traducido por el propio Dana?
Cuatro años más tarde, en 1888, el extrañamiento de Martí y Dana no se había
alterado. Parece que le había pedido una recomendación para un amigo. Por las líneas
que le contesta, con fecha 14 de agosto, se descubre que tampoco entonces estaban en
contacto. Le escribió: "Dear Mr. Martí: I am delighted to see your handwriting
again, and I enclose the reply which I have written for your young friend. Yours
faithfully, C. A. Dana"22. Y así le dice
aunque no se habían interrumpido las colaboraciones de "M. de S." en el
periódico: el 8 de julio, apareció un trabajo de "M. de S." sobre "The
Rival of the German Emperor"; el día 15 sobre el "Prince Hal of Prussia";
el 29 sobre "The Duc DAumale" y su amante; y poco antes de la carta de
Dana a Martí, el 5 de agosto, sobre su visita a la biblioteca del Museo Británico y sus
conversaciones con los bibliotecarios a cargo del salón de lectura. Y aún en 1893 no
tenían Martí y Dana la relación natural que se establece entre el director de un
periódico y un colaborador bimensual del mismo. Cuando Rubén Darío visitó Nueva York,
en la primavera de ese año, Martí le dio al poeta nicaragüense una carta con "dos
palabras de presentación" para "el viejo Dana".Fue a The Sun y, evocando
el encuentro, contó Darío cuatro años más tarde en un trabajo que tituló
"Charles A. Dana": "De Martí [Dana] me habló cuando hablamos de letras
castellanas. Una vez... le encargué un artículo de José Zorrilla, [y] al día
siguiente estaba hecho el artículo. Pocas veces ha publicado [The Sun] páginas
literarias tan bellas..."23 Sin duda
Dana se refería a "Modern Spanish Poets", que apareció el 26 de noviembre de
1880, donde Martí hizo cálidos elogios de Zorrilla, y era el primer poeta español que
mencionaba en ese trabajo ("... En Francia, tierra del pensamiento, el poeta es
Víctor Hugo; en España, tierra de flores, el poeta es Zorrilla"), y el último
("Zorrilla vive... Es un gladiador que clama al cielo en un circo desierto")
(15, 25 y 34). Y Dana, quien había traducido trece años antes ese artículo, recordó a
Zorrilla. Otra vez uno se pregunta: ¿cómo es posible que si Martí estaba trabajando
para The Sun desde 1882 hasta esa fecha iba Dana a referirse a él de manera tan
vaga e imprecisa y a un acontecimiento tan lejano?
La amistad de Martí con Dana, por otra parte, se había ido enfriando de manera
ostensible. A medida que el director de The Sun empezó a hacer gala de sus
simpatías expansionistas y de su posición reaccionaria en política doméstica, Martí,
quien lo había llamado "el amigo constante de la libertad" (11, 183), y
"jefe hidalgo, romántico y benevolente" (9, 246) en los primeros tiempos de su
amistad, a partir de 1884 siente desprecio por el periódico y por su director. Dana deja
de ser "el amigo constante de la libertad" para convertirse en "uno de sus
enemigos peores" (12, 142), y en "el amigo encubierto de Blaine [el
imperialista] y de Gould [el millonario abusador de los obreros]" (Ibid). A su vez, The
Sun deja de ser el periódico que "fustiga a los rateros de las aduanas y puestos
públicos" (13, 251) para convertirse, "odioso" (6, 65) y
"maligno" (6, 45), en "el diario de Tammany [el centro de la corrupción
municipal en Nueva York]" (12, 329). Cuando en 1886 Martí defendió la candidatura
de Henry George, el periódico de Dana, en la justa opinión de Martí, "desconoció
con brutales arranques el derecho a vivir, a buscar remedio, a hacer sentir el voto de los
obreros que, en una hora de conmovedora rebelión, se juntaron para sacar corregidor de la
ciudad a Henry George..." (11, 327). Mientras en 1887 Martí defendía al padre
Edward McGlynn, quien se puso junto a los pobres durante la campaña de George, Dana,
"el nuncio laico" (12, 142), como lo calificó Martí, recibió "la
bendición del pontífice por el éxito de su campaña autoritaria" en contra de
George (Ibid). Y cuando Dana apoyó a James G. Blaine, quien estaba a la cabeza de los
pujos expansionistas de los Estados Unidos, el llamado Juggernaut, Martí desde La
Nación, de Buenos Aires, le salió al paso en un artículo en que advertía: "El
Sun de Nueva York, lo dijo ayer [el 19 de diciembre de 1889]: El que no
quiera que lo aplaste el Juggernaut, súbase en su carro" (6, 54); Martí
agrega, desde su posición antiimperialista: "Mejor será cerrarle al carro su
camino". Por último, y más decisivo: ¿cómo se puede imaginar a Martí de
mercenario, en aquellos años a sueldo de una persona y de un periódico que con toda
razón desprecia, escondido tras las letras "M. de S.", para escribir sobre
trivialidades europeas?
No obstante, Dana sí tuvo una noble pasión que es justo reconocerle: la libertad de
Cuba. Si en política local e internacional incurrió en errores y contradicciones
difíciles de justificar, en los asuntos cubanos siempre estuvo a favor de la
independencia. Cuando en 1892 Martí inició su campaña final para lograrla, le rindió
un amable tributo a su antiguo amigo en un escrito para El Partido Liberal, de
México el último de Martí que iba a aparecer en un periódico comercial24. Dana correspondió a la gentileza desde The Sun
con este saludo a los mambises cubanos:
To the brave men in arms for the independence and the liberation of Cuba, to the
patriots who would give their country a Democratic-Republican government in place of
royalty, to the liberators who defy the power of Spain upon the battlefield, we send
greetings!
The American Republic watches them in hope and sympathizes with them. The seventeen
republics of the three Americas desire their success.
Let foreign domination on this side of the Atlantic be brought to an end for ever.
America for the Americans25.
Por su parte, los cubanos siempre le agradecieron a Dana la defensa de sus intereses.
Cuando murió, en 1897, el Cuerpo de Consejo del Partido Revolucionario Cubano de Nueva
York, organizó una velada en su honor en Chickering Hall donde hablaron, "todos en
inglés", según informe del acto, "Rourke Cockran, el coronel Allen, Rooth,
Fidel G. Pierra, Horatio Rubens y Gonzalo de Quesada". Honraron, dice la reseña del
acto, "al que tanto había hecho por Cuba... The Sun izó la bandera cubana
sobre su edificio, y allí permaneció desde el día que tuvo noticia del levantamiento de
[Joaquín de] Agüero [del 3 de mayo de 1851] hasta la muerte de Narciso López [el 1º de
septiembre de 1851]... The Sun ha sido siempre un periódico cubano. Charles A.
Dana fue nuestro amigo, nuestro hermano del alma. Honremos su memoria"26.
El escritor y el revolucionario
Aún más que el estilo, que los asuntos y su tratamiento, pone en evidencia que los
escritos de "M. de S." no son de Martí el situarlos en el mapa de su
biografía. Es ya muy difícil imaginar a Martí escribiendo tantas sandeces antes de
1892, por mucho estrangulamiento que en él haya habido. Pero después que suspendió sus
colaboraciones para La Nación de Buenos Aires, y El Partido Liberal, de
México, a fin de dedicarse por entero a la preparación de la guerra de Cuba, cuando anda
en viajes de propaganda, de discurso en discurso, de reunión en reunión, de Nueva York a
Filadelfia, a Jacksonville, a Tampa, a Cayo Hueso, a Santo Domingo, a la América Central,
en tren, en vapor, a caballo, sin tiempo para escribir para su periódico Patria,
ni, a veces, para comer y dormir, en contrabando de armas, comprometiendo a soldados,
enamorando a contribuyentes, ya es más que un disparate imaginarlo recibiendo (por el
aire, pues de otro modo no podría enterarse, por la falta o la dificultad de
comunicación) noticias triviales de Europa y escribiendo a escondidas sobre ellas en
francés, y devolviendo en apuro páginas y páginas de esos extensos escritos a Dana para
que se las tradujera y que al fin encontraran reposo en las columnas de The Sun. En
carta a su amigo Félix Iznaga, fechada en Nueva York el 31 de octubre de 1889, Martí le
dijo lo que debía de ser el comportamiento de todo hombre honrado ante una noble empresa:
"El secreto del éxito es dedicarse entero a un fin" (20, 353). Martí no
traicionó su consejo, y con todos los sacrificios y limitaciones que sus planes
significaban, se dedicó "entero" a ese objetivo único que era la independencia
de su patria.
Al regresar de uno de sus viajes a Nueva York, el 2 de febrero de 1893, Martí le
escribió a José Dolores Poyo, representante del Partido Revolucionario Cubano en Cayo
Hueso: "Rehago el periódico que hallé deshecho: los clubs al garete en mi
ausencia... Rodaré por el suelo, sin cuerpo y sin premio, sin premio siquiera de que mis
amigos me entiendan y acompañen en hora de verdadera agonía". Describe así su
vida: "Yo, a la cama, a la consulta perpetua, a halar el periódico [Patria] a
agenciar lo preciso para llevar tanta pequeñez adelante, a un club organizarlo cada
noche; esta noche al [club] Borinquen y a escribir la arenga, mañana a las ocho a
la imprenta, a todo el día, y a la noche a dos clubs más..."(2, 222 y 223) Al
general Serafín Sánchez, a principios del año siguiente, le escribe por un error que
salió en el periódico: "Todo lo tengo que hacer como un mulo de noria. Y no me
importaría si me alcanzase el cuerpo deshecho para todo..." (20, 468); y más tarde,
al mismo corresponsal: "Estoy como un muerto que anda" (3, 247). Y el 14 de
junio de 1893 le confiesa al coronel Fernando Figueredo, quejoso por la poca ayuda que
recibía de Cayo Hueso: "Uno aquí expirando", le escribe desde Nueva York, sin
sueño, y sin comer, y atendiendo como una abeja a todo, sin un ápice de ceguera ni de
cobardía, y con el pecho algo como las nubes y los amigos de uno callado en el Cayo"
(2, 354). Y después, en carta a su amigo Rafael Serra, en Nueva York: "Ya sé lo que
me quiere, y lo ofendido que está conmigo... ¿Qué sabe Ud. de las angustias y de las
tormentas de este amigo suyo, que no es más que criatura humana, y del peso que lleva
sobre los hombros? Cae un roble y seca el mar; ¿y no quiere Ud. que en la desigualdad de
mis intentos con mis medios, y en las soledades como la tiniebla, que no son para dichas,
demore de un día a otro hasta echarme en sus brazos... Véame ir, sangrando y
adelantando..." (20, 435) En otra del 14 de noviembre de 1894, a Ramón Rivero, en
Tampa, le repite: "En la agonía de la acción, ni tiempo, ni voluntad me queda para
la miseria de la palabra escrita..." (20, 504) Y ya muy cerca de la guerra, a fines
de 1894, le dice al general Antonio Maceo: "Es hoy mi vida como el vórtice de toda
nuestra tormenta" (3, 290) ¿Mentiría a todos Martí sobre la falta de tiempo para
atender los quehaceres de la preparación de la guerra, y sobre el agobio de su vida,
mientras en su cama de enfermo, o en el tren de viaje, o en su oficina de 120 Front
Street, en Nueva York, redactaba cuartillas y cuartillas en francés sobre chismes y
trivialidades europeas, escondido tras las siglas de "M. de S." para cobrarle
unos pesos a Dana? ¿No sería eso una traición a la misma causa en la que se le iba la
vida, y la vida de tantos que se la habían prometido, y que luego la perdieron?
Entre los muchos testimonios que hay de "los que conocieron a Martí" no
aparece ni sombra de esa actividad furtiva. Sí aparece, en cambio, su dedicación
completa a la causa revolucionaria. Al cumplirse el 13 aniversario de Dos Ríos, el 19 de
mayo de 1909, publicó en el periódico El Triunfo, de La Habana, el médico
Fermín Valdés Domínguez, su más antiguo amigo y confidente, un trabajo que tituló
"Ofrenda de hermano". En él dio valiosos detalles sobre las actividades de
Martí, y de sus últimos años:
Su enfermedad era la anemia, como consecuencia del exceso de trabajo. En su afán de
servir a Cuba, no pensaba ni se preocupaba de la alimentación; era preciso sacrificarlo
todo... Su vida era la labor constante y el constante movimiento, y el trabajo
abrumador... Al llegar [a su oficina, en 120 Front Street] revisaba el buzón, y subía
donde lo esperaban muchas cartas y muchos cubanos que iban a pedir socorro o a recibir
órdenes; a todos atendía, con todos era amable, y a veces por su bondad perdía parte de
su tiempo siempre escaso para sus trabajos oyendo lamentos de unos y locas
pretensiones de otros... Contestaba Martí la correspondencia más urgente; no dejaba la
pluma hasta que su reloj le decía que ya era hora de ir a Patria. Acompañado casi
siempre por Gonzalo de Quesada, [Fermín] Valdés Domínguez, [Enrique] Loynaz del
Castillo u otros, se deslizaban sus pies por los escalones de metal de la larga escalera,
y siempre a la carrera llegaba a la redacción de Patria...
Así vivía el que atesoraba el dinero para formar la caja del Partido Revolucionario
Cubano, el que llevaba en su cerebro la revolución que había de dar gloria y libertad a
la patria... Las noches eran para Martí como los días. Jamás un momento de descanso y,
para esto, a veces desfallecido, pero siempre en acción...27
¿De dónde iba a sacar Martí el tiempo, la información y la energía para escribir
las misteriosas crónicas de "M. de S."? ¿Qué sentido podía tener esa
actividad secreta cuando, si lo hubiera querido, podía con mayor facilidad ganar más
dinero reanudando sus colaboraciones para El Partido Liberal, de México, o La
Nación, de Buenos Aires? Para tal actividad sí tenía a mano toda la información
que necesitaba, cuanto iba sucediendo en los Estados Unidos, y no le hubiera sido
necesario indagar sobre todas esas pequeñeces de la vida europea. Y, además, con
colaboraciones en los periódicos de la América Latina podía servir a la causa cubana,
hacer propaganda de ella. En cambio, ¿qué utilidad podían tener para Cuba las crónicas
insulsas de "M. de S."?
Una prueba más se impone antes de terminar esta Introducción. Se refiere al último
escrito de "M. de S." en The Sun, y es sobre la recogida de basura en
París. Se titula "Paris Street Cleaning", y trata, como era de esperarse, de
cómo limpiaban allí las calles. Apareció en Nueva York el 14 de abril de 1895 aunque
está fechado en Londres el día 2 de ese mismo mes28.
Los últimos meses de Martí en los Estados Unidos, antes de salir para la guerra de Cuba,
se han podido documentar con la mayor precisión, por la importancia de los sucesos y los
numerosos testigos que estaban a su lado. Para mostrar el absurdo de imaginarlo
escribiendo en esos momentos sobre la recogida de basura en París conviene recordar
algunas de sus actividades, de sus reveladoras angustias. Véanse estos ejemplos. Se
empieza aquí con el pedido de cinco mil pesos al tabaquero cubano Eduardo Hidalgo Gato, a
quien le escribe el 27 de octubre de 1894: "Todo minuto me es preciso para ajustar la
obra de afuera con la del país... Como un perro infeliz vivo, y no me quejo, desde que
empecé este trabajo de salvación... Doy cuanto tengo el bienestar que tuve, y mi
vida..." (3, 311) El mismo día le escribe a Serafín Sánchez: "No le parezca
increíble. La noche en vela, el día a la mesa y no le puedo escribir..." (3, 309)
En noviembre de 1894 le ordena a Enrique Loynaz, por el apuro en que vive: "Vuele a
mí. No hay un día que perder... Hay que arrancarse de sí. Servir es darse."29 Y a Maceo, en Costa Rica, le advierte poco después, el
1º de diciembre: "Sobre la palma de la mano le escribo, escapado de un cuarto de
conversación con gentes de Cuba, que vienen y vuelven, o vienen para no volver... Salgo
al vuelo, a acomodar y devolver visitas. Y sólo para un abrazo... tiene tiempo... su
José Martí"30. A Juan Gualberto Gómez, al
día siguiente: "... En el estribo del ferrocarril... le pongo estas líneas..."31
Hacia Dos Ríos
El 8 de diciembre de 1894 Martí firma con José María Rodríguez y Enrique Collazo el
"Plan de Alzamiento" que debía iniciar la guerra en Cuba. Y en ese mismo mes,
al enviarle un dinero al general Alejandro González, en Nueva York, le habla del agobio
en que vive por los trabajos de organizar el levantamiento: "De una agonía me libro
y ya estoy en otra... Hágase la idea de la zozobra, casi espantosa, de mi
existencia..." (3, 411) En esos días está todo en la compra de armas y organizando
las expediciones que las llevarían, con sus hombres, a Cuba: se acercaba el fracaso de
Fernandina el puerto de La Florida desde el que iban a zarpar para recoger a los
insurrectos en Cayo Hueso, Santo Domingo y Costa Rica. Como se sabe, una denuncia echó
abajo los planes, pero antes del infortunio, el 4 de enero, le escribe a Maceo para
tenerlo al tanto de los asuntos, y agobiado por la responsabilidad le confiesa: "...
Del exceso de trabajo apenas veo las letras con que le escribo..."32 Le aumenta la angustia el revés de las expediciones:
Martí vive huyendo de la orden de arresto que se ha dictado contra él, y trata de
encaminar de nuevo el alzamiento en Cuba: necesita dinero, y lo pide a ricos y pobres. Al
matrimonio negro de Tampa, a Paulina y Ruperto Pedroso, le escribe: "Si es preciso,
háganlo todo, den la casa. No me pregunten. Un hombre como yo no habla sin razón este
lenguaje..." (4, 50) Blanca Z. de Baralt contó lo siguiente: "Para subsanar la
inmensa pérdida [de Fernandina], la señora de Miranda [Luciana Govín, casada con el
médico de Martí, Ramón Luis Miranda, suegro de Gonzalo de Quesada] puso a la
disposición de Martí su cuenta bancaria íntegra; la importante suma de cincuenta mil
dólares; el doctor añadió su contribución a la de su mujer y siguieron los demás, a
cada cual más generoso..."33 El 30 de enero embarcó en Nueva York, en
compañía del general Collazo y Manuelito Mantilla, para reunirse con Gómez en Santo
Domingo.
El 7 de febrero, en Montecristi, los esperaba Máximo Gómez, con quien se dirige a la
finca del general, en La Reforma, y va después a Santiago de los Caballeros, a La Vega y
otra vez a Montecristi; allí, el día 26 recibe la noticia del levantamiento en Cuba. A
caballo, como en casi todos esos viajes, se dirige a Haití, pasa por Ounaminthe, Fort
Liberté y Petit Trou hasta llegar a Cabo Haitiano; vuelve en goleta a Montecristi y, el
25 de marzo redacta el Manifiesto de Montecristi; parte de ese lugar con el general Gómez
y otros revolucionarios (César Salas, Paquito Borrero, Ángel Guerra y Marcos del
Rosario) y llegan a Gran Inagua el 2 de abril. El mismo día aparece "M. de S."
en Londres escribiendo sobre la recogida de basura en París. En la noche del 11, bajo un
aguacero, desembarcaron los expedicionarios en Cuba; el 14 de abril, el mismo día en que
apareció en Nueva York ese artículo de "M. de S.", Martí, Gómez y los
insurrectos que se le habían unido, estaban subiendo montañas en la jurisdicción de
Baracoa. Y el 19 de Mayo, en una carga de caballería contra los españoles, cayó muerto
en Dos Ríos. ¿En qué tiempo, en qué momento, con qué disculpa, pudo Martí distraer
su energía, siempre escasa para la empresa en que andaba, a fin de enterarse de cómo
recogían en París la basura y cómo limpiaban los urinarios públicos, y en las calles
la nieve y el excremento de los caballos? No tiene ningún sentido imaginar a Martí
distrayendo su tiempo precioso tan necesario para lo que hacía entre 1892 y 1895,
en la empresa en que se jugaba el porvenir de su patria en escribir lo que era
propio del periodista indolente, desocupado y frívolo que debió ser "M. de
S.".
Al enterarse de la muerte de Martí, Dana publicó este sentido recuerdo de su antiguo
amigo:
We learn with poignant sorrow of the death of José Martí, the well-known leader of
the Cuban revolution. We knew him long and well, and esteemed him profoundly. For a
protracted period, beginning twenty-odd years ago, he was employed as a contributor to The
Sun, writing on subjects and questions of the fine arts. In these things his learning
was solid and extensive, and his ideas and conclusions were original and brilliant. He was
a man of genius, of imagination, of hope, and of courage, one of those descendants of the
Spanish race whose American birth and instincts seem to have added to the revolutionary
tincture which all modern Spaniards inherit. His heart was warm and affectionate, his
opinions ardent and aspiring, and he died as such a man might wish to die, battling for
liberty and democracy. Of such heroes there are not too many in the world, and his warlike
grave testified that, even in a positive and material age, there are spirits that can give
all for their principles without thinking of any selfish return for themselves.
Honor to the memory of José Martí, and peace to his manly and generous soul!34
¿Hubiera dicho Dana que Martí colaboró en The Sun "for a protracted
period, beginning twenty-odd years ago" si sólo unas semanas antes le había
traducido y publicado el artículo del 14 de abril de 1895, sobre la recogida de basura en
París, y los otros que precedieron a ése? Si Martí hubiera estado escribiendo para The
Sun hasta tan cerca de su muerte, es imposible que Dana no lo hubiera dicho en su
cariñosa evocación y que se limitara a aludir a lejanos contactos, recordados de manera
imprecisa, de cuando Martí escribía para el periódico.
En su generoso empeño de recoger todos los escritos de Martí, Gonzalo de Quesada, en
1901, le encargó a Da Costa Gómez, el socio de Martí en la publicación de La Edad
de Oro (1889) que le averiguara en The Sun sobre sus trabajos en el periódico.
Le contestó Robert G. Butler, el sustituto de Dana en la dirección del periódico, lo
siguiente:
Parece casi, si no del todo, imposible identificar las colaboraciones del señor Martí
en The Sun. Según nuestra nota editorial [de Dana] con motivo de la muerte del
señor Martí, en mayo 23, 1895, él fue "colaborador de The Sun" durante
"un largo tiempo, que comenzó hace unos veinte años" es decir,
comenzando entre 1870-1875. Mr. Rebello, ya fallecido, probable- mente traducía sus
trabajos [los de Martí].
Lamento no poder auxiliarlo en identificar la labor del señor Martí. Nadie aquí le
recuerda como corresponsal, o puede, en algún modo, informar qué hacía para nosotros35.
Con los datos de que disponemos en la actualidad, puede afirmarse que no son de José
Martí los más de 300 trabajos publicados en The Sun con la firma de "M. de
S.".
La seis crónicas inéditas
Tres de los seis escritos que aparecen a continuación, "A Queens
Baby", "Republican Frances National Holiday" y "The European
Gypsy", traducidos aquí como "El hijo del rey", "La fiesta nacional
de Francia Republicana" y "El gitano europeo", nunca le fueron atribuidos a
Martí, ni nadie los había mencionado, por lo que cabe calificarlos de desconocidos. Los
otros tres: "The Court of Spain", "A Spanish Queens Career" y
"The Spanish Volcano"los mencionó Ivan A. Schulman en el artículo al que antes
se hizo referencia. Aquí se transcriben en su totalidad, en inglés, y aparecen también
en su traducción española probando su paternidad martiana: "La Corte de
España", "La trayectoria de una reina" y "El volcán español".
Cada una de estas seis crónicas tiene una breve presentación en la que se anuncian
los temas o los asuntos históricos que la componen, y se dice lo que permite atribuirla a
Martí: aquello que evidencia, por el dato, los juicios, o las coincidencias, la
paternidad martiana. En los originales en inglés se respetan la ortografía y los modos
de expresión típicos de la época, y hasta las erratas y los errores que se debieron
producir hasta su llegada a las páginas del periódico. En la traducción al español,
sin apartarse más que lo estrictamente necesario del original inglés, se ha tratado de
corregir las posibles equivocaciones del cronista, del traductor o del linotipista, o lo
que en el largo trayecto desde el manuscrito en francés de Martí, al del inglés de
Dana, al plomo de la imprenta había desviado el camino. Para facilitar la lectura se
dividen las crónicas traducidas en epígrafes y, cuando no lo tenían, se les ha añadido
un sumario de temas como lo usaba Martí en sus escritos. Sigue a esta Introducción una
Cronología de cuanto se conserva de Martí del año 1880, y de lo que le publicó The
Sun en 1881, destacando allí las "seis crónicas inéditas" que aquí se
ofrecen, primero en su traducción española, y luego en el inglés original.36
No fue fácil tarea revisar día a día 15 años del periódico The Sun, desde
la llegada de Martí a Nueva York, en 1880, hasta "La recogida de basura en
París", del 14 de abril de 1895, y poco más, todo en microfilme, en la New York
Public Library, para determinar lo que era suyo, y lo que no lo era. Ni menos trabajo
requirió la traducción de los seis escritos siempre con el propósito de llevarlos
lo más cerca posible a como los hubiera escrito Martí en español y la búsqueda
por su obra de lo que justificaba las atribuciones.
La satisfacción, sin embargo, de enriquecer con este aporte la bibliografía martiana
compensa con creces el esfuerzo, más aún en esta época en que continúan en Cuba con el
miserable empeño de usar a Martí como tapadera para los abusos, mentiras y fracasos de
los actuales gobernantes en la isla.