En la preparación de la guerra, Martí violó las leyes de
neutralidad de este país; él sabía que lo estaba haciendo, y trató por todos los
medios que su actividad ilegal no fuera descubierta. Lo que quiso hacer con el plan de
Fernandina, el puerto cercano a Jacksonville, por el que saldrían a principios de 1895
tres embarcaciones con hombres y armas para iniciar la insurrección en Cuba, era un
delito. Fue por eso que, al ser descubierto, las autoridades impidieron la salida de los
barcos, arrestaron a varios de los comprometidos y se incautaron de las armas. Y hasta que
Martí salió hacia Santo Domingo, dos semanas más tarde, tuvo que vivir oculto, con
nombre falso, como un prófugo, porque las autoridades judiciales lo buscaban.
El Partido Revolucionario Cubano
En noviembre de 1891 los emigrados de Tampa, reunidos con Martí, hicieron públicas
unas "Resoluciones" que pronto culminarían en un partido político. Hablaban
del "alma democrática" que los inspiraba, y se aclaró que la organización no
pretendía establecer en el país "el predominio actual o venidero de clase
alguna", sino que iba a trabajar "por la agrupación, conforme a métodos
democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria". Respondía ese programa a
las ideas de Martí, expuestas con claridad dos días antes en su discurso del Liceo:
"Cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del
decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos".
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Esta fotografía
de 1893 muestra a Martí (señalado por una flecha) con un grupo
de exiliados que realizaban prácticas de tiro en terrenos del
rico industrial Eduardo Hidalgo Gato, junto al fuerte Martello
Tower, en Cayo Hueso.
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A principios del año siguiente, con los emigrados de Cayo Hueso, Martí creó el
Partido Revolucionario Cubano. Su estructura era sencilla: en cada región habría una
serie de asociaciones autónomas cuyos presidentes formaban un Cuerpo de Consejo, el cual,
a su vez, elegía un presidente sobre el que estaba la autoridad de un Delegado elegido
por las asociaciones. En el artículo 5º de sus "Bases" se decía: "El
Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa
que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces
le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien
de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre"; y en el 7º, otra
vez sobre lo que aquí se trata, insiste en el cuidado con que se debía actuar para
"no atraerse, con hecho o declaración alguna indiscreta durante su propaganda, la
malevolencia o suspicacia de los pueblos con quienes la prudencia o el afecto aconseja o
impone el mantenimiento de relaciones cordiales". Es decir, desde que se fundó el
Partido, Martí estaba consciente de que tendría que preparar la guerra nada más que con
"los medios eficaces" que le permitiera "la libertad del extranjero".
La guerra y el espionaje
Por lo que se sabe, a ningún corresponsal tuvo mejor informado Martí, sobre esos
asuntos, que a José Dolores Poyo, presidente del Cuerpo de Consejo en Cayo Hueso. No
sólo era Poyo un patriota de gran influencia, director del periódico El Yara, a
quien Martí respetaba y quería, sino que el lugar era el más populoso y rico de la
emigración, y el más vulnerable a los espías de España por su cercanía a la isla. Por
eso bastará, para lo que aquí se quiere, con revisar estas cartas de Martí a Poyo, su
amigo y valioso dirigente revolucionario.
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"Vapor y
goletas filibusteras en las costas de la Florida" y
"Goleta filibustera desembarcando armas en la costa de
Manzanillo". Dibujos del libro La
guerra de Cuba; Reseña histórica de la insurrección cubana
(1895-1898), de Emilio Reverter Delmas (Barcelona, 1899).
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"Preparar la guerra, es guerra; impedir que se nos desordene la guerra, es
guerra", le escribe poco después de fundar el Partido. Se refería a la campaña de
los enemigos de la independencia para impedir las prácticas militares y los envíos de
armas a la isla, además de para sembrar el pesimismo y la discordia entre los
revolucionarios. Esa actividad, para Martí, y con razón, ya era "guerra" . El
medio preferido por sus enemigos a fin de lograr esos fines, era el de penetrar las
organizaciones con "falsos revolucionarios" y así tener conocimiento de cuanto
hacían sus miembros. Fue por ese motivo que los "Estatutos" que regían el
Partido, eran "secretos", y a ellos sólo tenían acceso los presidentes de los
clubs. En el momento oportuno, los espías delataban los planes de los conspiradores para
también indisponerlos con el gobierno de los Estados Unidos.
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Soldados cubanos, de
la tropas de Calixto García, protegen a los oficiales
norteamericanos en su regreso a la playa. Foto del libro The
Fight for Santiago (1898) de Stephen Bonsal. Foto de The War With Spain, tomada cuando el desembarco norteamericano.
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Martí tenía conocimiento de primera mano del espionaje español: lo había padecido
en La Habana, cuando se preparaba en 1879 la Guerra Chiquita, y al año siguiente, en el
mismo empeño, al llegar a Nueva York. En Cuba lo delató un autonomista que se había
hecho pasar por revolucionario, y en los Estados Unidos espías a la paga de España
supieron de la salida de la expedición de Calixto García, lo que facilitó su captura y
la derrota de los complotados en la isla. En cartas a Poyo se encuentran estas
recomendaciones: "Quitémosle [al gobierno español] toda prueba de allegamiento de
armas"; "Evite toda manifestación pública de carácter armado, o formaciones
con armas, o depósito de armas"; "Exija absoluto sigilo en lo interior de los
clubs sobre esta organización, y ejercicio y compra de armas". Y aún en otra le
advierte de los manejos del enemigo para que pudiera "creerse en Cuba, como el
gobierno español desea que se crea", que los cubanos no gozaban "de la
simpatía ni del respeto de los Estados Unidos".
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Expedición
en al vapor "Florida". Salió de Tampa el 7 de mayo de
1898 al mando de Castillo Duany, Sanguily y Lacret, y
desembarcaron en Banes el día 25 con armas y abastecimientos.
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En otra carta, ésta fechada el 9 de junio de 1892, "A los
presidentes de los Clubs en el Cuerpo de Consejo de Key West", Martí les
hace una serie de advertencias que dejan ver su altura de revolucionario
práctico y de conspirador; les dice:
No es posible componer una guerra como se compone un cuadro o un drama. No es posible,
sino necio, esperar a que los hombres se pongan fríamente de acuerdo... para levantarse,
a un toque unánime, a la miseria y a la muerte. Las revoluciones no se pueden refinar y
peinar, para que salgan al salón a su hora como coquetas bien vestidas. A las
revoluciones se arrastra. Pero es preciso tener fuerzas con qué arrastrar. Y ésa es
nuestra única espera... Lo que estamos preparando, porque no hay otro modo de salvar a
nuestro país, es la guerra... La república es nuestro fin, pero la guerra es nuestro
medio, y tenemos, desde hoy mismo, que allegar la mayor suma de recursos para la guerra.
La vigilancia enemiga
Sabía Martí del trastorno que le traería al Partido, y más en sus comienzos, que el
gobierno norteamericano descubriera sus trabajos fuera de la ley. Y también lo sabían
los españoles, quienes para lograr ese fin emplearon todo tipo de recursos e influencias:
desde delatores pagados por agencias de detectives locales hasta contactos diplomáticos y
comerciales en Washington y en otras ciudades de los Estados Unidos. En carta de Martí a
Poyo, del 6 de agosto de 1892, deja ver su preocupación por ese motivo; le escribe:
"... Fácil era entender que el gobierno español, viendo en la extensión y el
crédito de la organización revolucionaria un enemigo verdaderamente temible, levantaría
desde el principio los mayores obstáculos a la organización, y procuraría por todos los
medios desacreditarla ante Cuba, mostrándola incapaz e indiscreta, y culpable de las
ligerezas que Cuba teme y reprocha a los partidarios de la guerra en el
extranjero..." Y pasa enseguida a decirle las leyes que estarían violando en
relación con las armas, y a recomendarle el comportamiento que debían tener en todo lo
relacionado con ellas; le agrega:
La organización militar visible, y el allegamiento y depósitos públicos
[subrayados los dos adjetivos en el original] de armas destinadas a atacar un país amigo,
caería dentro de las leyes de neutralidad, y el Partido indiscreto que las violase, y que
pudiese desde su aparición ser perseguido por ellas, perdería naturalmente en
crédito... Imprevisión imperdonable fuera comprometer la libertad permitida de nuestra
organización, y la obra de ir allegando en privado todos los recursos posibles, por actos
de ostentación o documentos imprudentes que cayesen dentro de la ley que nuestros
enemigos, con habilidad y energía superiores a las de otras veces, se preparan a usar
contra nosotros. Hemos de privar al enemigo de la oportunidad que en estos momentos
prepara y ansía.
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El
"Dauntless" y el "Three Friends", que
llevaron numerosas expediciones desde puertos de la Florida a
Cuba. Fotos del libro de Juan J. E. Casasús La
emigración cubana y la independencia de la patria (La
Habana, 1953).
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La precaución de Martí estaba justificadas. No ignoraba la influencia española en
los Estados Unidos; poco antes de fundar el Partido, por su discurso del 10 de Octubre de
1891, ante la protesta del cónsul de España en Nueva York, y del ministro en Washington,
había tenido que renunciar las representaciones diplomáticas del Uruguay y de la
Argentina. Y sabía también del poder de la agencia Pinkerton, al servicio de España
para vigilar el exilio: tres semanas antes de cuando Martí escribió la carta que ahora
se comenta, Andrew Carnegie había contratado 300 hombres de esa agencia para combatir a
los obreros en huelga en su fábrica Homestead Steel Mill: mataron a 20 huelguistas y al
fin la empresa venció al sindicato. Por eso Martí recomendaba suspender la compra
abierta de armas; añade en la misma carta:
La práctica de los Clubs de adquirir aisladamente las armas que desean, contribuye
claramente a despertar las sospechas, esparce en los centros del Norte las noticias que se
debieran silenciar, y permite al enemigo ir poco menos que de seguro a la prueba de
nuestra violación de las leyes del país... Es de importancia extrema para el gobierno
español poder presentarnos ante Cuba en la manera en que Cuba nos teme, como invasores
sin lastre, sin consideración y sin propósito, y demostrar a Cuba, por la persecución
oficial de los Estados Unidos, que no somos un Partido respetado y aplaudido por la
opinión, sino un gentío escandaloso e imprudente que tiene en su contra al gobierno de
los Estados Unidos.
La ley de neutralidad
La posición de Martí lo llevó a hacer una consulta sobre las leyes de neutralidad.
De su pesquisa le escribe a Poyo el 4 de abril de 1894:
Me es grato comunicar a Ud. el resultado de la investigación legal originada por esta
Delegación, a fin de cerciorarse de un modo preciso de los peligros que pudiesen correr
las asociaciones del Partido Revolucionario Cubano al reunirse en público y reunir fondos
en territorio de los Estados Unidos, para auxiliar la revolución de Cuba. La brevedad del
tiempo y la suma de trabajo presente, que de muchos días atrás tiene especialmente
ocupada a la Delegación, me impide reproducir íntegro el informe legal, cuyas
conclusiones, por fortuna, basadas en autoridad incontrovertible y superior, a propósito
de los hechos culminantes de esta especie en el país, vienen a ser, en resumen: que no
hay ley alguna que se oponga, de cerca o de lejos, a la reunión pública o privada de los
miembros del Partido Revolucionario Cubano; que no hay ley alguna que se oponga, ni
indirectamente, a la reunión de fondos destinados a la rebelión contra un país
extranjero, aunque sea amigo; si no que a lo único a que se oponen las leyes es al empleo
[subrayado en el original] de esos fondos, dentro del país, en armas y pertrechos
para atacar a un país amigo...
Como se ve, Martí se ponía fuera de la ley al emplear "fondos dentro del país
en armas y pertrechos" con los que se habría de "atacar a un país amigo".
Desde tiempo atrás compraba armas disponiendo en secreto su almacenaje para las
expediciones que saldrían de territorio americano. En las semanas anteriores al fracaso
de Fernandina, hizo compras de armas y municiones por valor de varios miles de dólares, y
las despachó, hasta el puerto del que saldrían, en cajas de madera y barriles como si
fueran utensilios agrícolas, clavos, y palas y picos para unas minas de manganeso,
ocultando siempre su último destino. Con el material adquirido era posible armar a más
de un millar de hombres.
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"Insurrectos
protegiendo un desembarco", en la desembocadura de un río
de la costa norte de Cuba. Dibujo del libro de Reverter Delmas. |
El desastre de Fernandina, desde el punto de vista militar, fue muy lamentable, por el
armamento que se perdió y el dinero invertido en el flete de las embarcaciones, pero
desde un punto de vista sicológico, y de la propaganda, fue una victoria. La reacción de
los emigrados y de los comprometidos en la isla lo prueba. Cundió el entusiasmo. Con esos
hombres y recursos era posible derrotar a España. Les había advertido Martí a los
presidentes de los clubs de Cayo Hueso, en la carta del 9 de junio antes citada: "Nos
espera un combate mortal, en que la colonia organizada, con la tácita ayuda de un vecino
astuto [los Estados Unidos], está armada de pies a cabeza para deshacer a una generación
descompuesta y acomodaticia que no ofrece tal vez la resistencia decidida y compacta de la
época romántica de la revolución. Hay mucho cubano contento con la ignominia. La
generación a quien toca hoy resolver se ha criado en la irresolución. Es urgente lo que
tenemos que hacer, pero lo tenemos que hacer"; y añadía aquel sabio juicio de que
"a las revoluciones se arrastra...". El fracaso de Fernandina arrastró no sólo
a los que creían posible el triunfo del esfuerzo revolucionario, sino también a muchos
que lo habían puesto en duda, y aun combatido.
Conclusión
De nuevo al preparar la guerra siguió Martí el ejemplo de los que lo precedieron en
las luchas por la independencia. La geografía, junto a otras ventajas, llevaba a preferir
el territorio americano como punto de partida de las expediciones. Y a pesar de las
protestas de los enemigos de la libertad, siempre más despiertos y quejillosos de la
fuerza y la violencia contra la tiranía que de la fuerza superior y la violencia del
tirano, se siguieron enviado pertrechos de guerra y patriotas a Cuba hasta derrotar al
enemigo.
Desde la fundación del Partido y durante la guerra, fue Horatio S. Rubens el abogado
de los que preparaban las expediciones militares, y de aquella época dijo en su libro de
1932, Liberty: The History of Cuba:
Mucho se ha hablado de la benevolencia de las autoridades americanas respecto a les
expediciones filibusteras, como se las llamaba. Nada más lejos de la verdad: ni en la
administración de Cleveland [1884-1888 y 1892-1896] ni en la de McKinley [1897-1901]. No
sólo casi todos los guardacostas del Atlántico fueron puestos a disposición del
departamento del Tesoro para impedir las expediciones, sino que tuvieron como refuerzo
para el mismo objetivo muchos barcos de la marina de guerra. Los agentes especiales del
Departamento del Tesoro, el Servicio Secreto de los Estados Unidos, y el ejército de
hombres empleados por el gobierno español, de una famosa agencia privada de detectives
[la Pinkerton, de Nueva York], todos, con notable rapidez, denunciaban las actividades de
los cubanos que les parecían sospechosas. La cantidad de arrestos y juicios, y el número
fenomenal de reclamaciones contra barcos y armamentos prueba la gran diligencia de las
autoridades americanas.
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Expedición del
general Betancourt Guerra en el vapor "Dauntless".
En un muelle de Palm Beach recogió 35 hombres y 30 toneladas
de material de guerra (un cañón, 1000 fusiles, 300 mil
tiros, 100 machetes, dinamita y revólveres). Llegaron al río
San Juan, entre Cienfuegos y Trinidad, pero descubiertos por
los españoles perdieron la mitad de las armas.
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Pero a pesar de la complicidad manifiesta de Washington con La Habana, temeroso,
quizás, de que con la independencia de Cuba se le fuera para siempre la presa tantos
años codiciada, el patriotismo cubano se ganó el apoyo del pueblo de los Estados Unidos
hasta reducir su fiebre expansionista. Martí había puesto la primera piedra. Su labor
revolucionaria lo llevó a infringir la ley de neutralidad de este país. ¡Bendita
infracción! Como antes se vio, él había advertido: "Las revoluciones no se pueden
refinar y peinar, para que salgan al salón a su hora como coquetas bien vestidas..."
Y así, impura, desgreñada y mal vestida, ganó la revolución la independencia de su
patria.