Terminada la Guerra Chiquita, Martí escribe desde Nueva
York a Emilio Núñez, quien aún no ha depuesto las armas, para pedirle "que no
permanezca inútilmente en un campo de batalla" al que no puede llegarle ayuda
militar. "No se rinde Ud. al gobierno enemigo," le dice, "sino a la suerte
enemiga." Por su parte, Martí se dispone a pagar el precio de la derrota:
"...yo, que no he de hacer acto de contrición ante el gobierno español; que veré
salir de mi lado, sereno, a mi mujer y a mi hijo, camino de Cuba; que me echaré por
tierras nuevas o me quedaré en ésta, abrigado el pecho en el jirón último de la
bandera de la honra ...."(1) Todo tipo de
angustias e infortunios se refugian en su hogar: la pobreza, la falta de trabajo, la
incomprensión de la esposa: en octubre se va con el hijo a Cuba. Desde Camagüey, Carmen
Zayas Bazán responde a Martí por sus reproches en la disensión:
He sabido que escribiste una carta a papá en la que decías yo había venido por no
querer pobrezas a tu lado; mi contestación está dada, todos saben que ya sólo la ropa
teníamos que empeñar para vivir, y que tú no tenías dónde trabajar (2)
Y era cierto: en aquellos meses de 1880, The Sun y The Hour publicaron
muy pocas contribuciones suyas. Por eso Isabel, su cuñada, le dice en carta sobre el
mismo asunto, y en defensa de la hermana: "No abandonó Carmita el hogar del marido
pobre, dejó con prudencia de mujer de juicio la libertad necesaria, en la pobreza, a su
marido, imponiéndose la pena de una separación."(3)
Al terminar el año, unos versos que Martí dedica a Carolina Fernández Ledesma revelan
su tristeza:
¿A quién, pluma cansada,
escribirás? ¿Quién cuida
de mi muerte o mi vida,
ni qué vale en la tierra estremecida
de hambre y espanto una existencia honrada?(4)
Pocas etapas de la vida de Martí se mantenían en tanta oscuridad como la que se
extiende desde la terminación de la Guerra Chiquita hasta la noticia de su discurso en el
Club de Comercio, de Caracas, el 21 de marzo de 1881. En octubre de 1880 publica The
Hour la última parte de sus "Impressions of America," y al mes siguiente,
en The Sun, sale el primer trabajo suyo que darán traducidos los periódicos de la
América del Sur, "Modern Spanish Poets";(5)
luego, cuatro meses sin datos ni referencias. Los biógrafos de Martí han indicado, por
meras suposiciones, su salida de Nueva York desde fines de 1880 hasta marzo de 1881.(6) El último de sus trabajos en The Hour,
"Artistas españoles," aparece publicado el 1de enero de 1881,(7) aunque nada hace pensar que fuera escrito en aquellos
días." Pero la Partida de Bautismo de María Mantilla confirma su presencia en Nueva
York aún el día 6: Martí concurrió a la ceremonia en calidad de padrino.(8) Esa fecha tenía especial significación para él: se
cumplía otro aniversario de la muerte de Mariana Matilde, Ana, su hermana más querida.
Poco antes le había escrito la madre: "Se acaba este año, hijo, tal vez recibas
ésta a principios de enero, ese enero tan triste para mí; sí, hijo, no olvides, que el
6 de enero hace 7 años quiso Dios arrebatarme a mi linda Ana, mi ángel más bueno."(9) Martí no podía olvidarla, y en memoria de la
hermana no sólo hizo que la ceremonia fuera aquel día sino que acercó lo más que pudo
al nombre de la muerta el nombre de la niña; así también rendía tributo a un amoroso
recuerdo.
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Cuando Martí llegó
a Caracas, "sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó
dónde se comía o se dormía, sino cómo se iba a donde
estaba la estatua de Bolívar".
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Según la carta a Emilio Núñez, Martí contemplaba la posibilidad de irse de los
Estados Unidos: "Me echaré por tierras nuevas," le había escrito. Carmen
Miyares debió aconsejarle el viaje a Venezuela, donde vivían parientes suyos que lo
ayudarían: Victoria Smith de Hamilton, su prima hermana, tenía influencia en el gobierno
de Guzmán Blanco; y podría hospedarse en su amplia casa de Caracas. Además, Martí se
había hecho buen amigo de los escritores venezolanos Nicanor Bolet Peraza y Juan Antonio
Pérez Bonalde, quienes lo recomendarían a sus compatriotas. A Cuba había decidido no
regresar, en Nueva York no encontraba trabajo, en España sería considerado un fugitivo,
en México se mantenía la misma situación que lo había hecho abandonar el país, igual
en Guatemala: aquélla era la única solución. Supo de los peligros de vivir otra vez en
un lugar regido por gobierno autoritario -ya tenía las experiencias de Cuba, México y
Guatemala-, pero se sintió obligado al viaje. En una conferencia leída en 1897 para
conmemorar la muerte de Martí, recordaba Bolet Peraza, el primer escritor que se había
rebelado contra Guzmán Blanco en aquella etapa de su gobierno:
Consultóme su resolución el infatigable peregrino, y traté de disuadirle de ella,
mostrándole mi triste avío de proscrito y las laceraciones de mi alma por causa en
espíritu idéntica a la gran causa de libertad que a él le animaba. El Poder de entonces
era opresivo en mi patria. El éxito corruptor, con su mano guantada de oro, todo lo
acallaba, y sólo tenían voz, el ditirambo en la literatura, la denuncia en el
periodismo, la loa bizantina en la tribuna. Martí, no obstante, se fue allí, y quiso
escribir, y escribió sobre libertad y sobre decoro. Estas solas palabras, sin necesidad
de glosa alguna, constituían delito suficiente para el destierro. Martí las pronunció,
y tuvo que abandonar de prisa nuestras playas, dejando tras de sí un pueblo amigo, una
juventud adicta, un recuerdo abrillantado con amor y honra.(10)
La estancia de Martí en Caracas ha sido estudiada; no se van a repetir aquí sus
actividades como orador, periodista y maestro, ni a explicar la huella en su espíritu
agradecido de "la tierra de Bolívar." Vamos sólo a ofrecer algunos datos y
documentos desconocidos,
Como no se sabía la fecha de salida de Nueva York, o de su llegada a Caracas,
consultamos algunos periódicos de Venezuela y dimos con esta nota en La Opinión
Nacional, del 28 de enero de 1881, el día de su cumpleaños:
Don José Martí.
Este ilustrado escritor cubano que en años pasados redactaba en México la Revista
Universal, se halla en Caracas, donde se propone fijar su residencia.
Hemos tenido el gusto de tratarle en la visita que se ha dignado hacernos, y se ha
granjeado nuestras sinceras simpatías.
Deseamos cordialmente que sea feliz entre nosotros para que adopte a Venezuela como su
segunda patria, tan generosa y providente como la que le dio el ser.(11)
Con esta información revisamos el movimiento de barcos en el puerto de La Guaira.
Sabíamos que aún estaba en Nueva York el día 6, y que el viaje duró doce días,(12) y el único vapor que entró en La Guaira, de Nueva
York, entre el 18 y el 27 de enero, fue el "Felicia," en la madrugada del jueves
20.(13) No fue entonces difícil averiguar cuándo
partió de Nueva York: dicho barco salió rumbo a Curazao, Puerto Cabello y La Guaira el
día 8 de enero."(14)
Acreditado como orador y maestro, y con el afecto y el apoyo de caraqueños de
prestigio, Martí inicia la publicación de la Revista Venezolana. Preparaba el
segundo número y aceptó acompañarlo con el "Ensayo de diccionario de vocablos
indígenas," de Arístides Rojas, por lo que demora la salida: escribe esta carta,
que nunca ha sido recogida, al director de La Opinión Nacional:
Señor Fausto Teodoro de Aldrey.
Amigo mío:
La Revista Venezolana está concluida, y pronta a aparecer el día 15,
como lo tiene ofrecido al cariñoso público.
Pero como deseo vivamente, porque así se desea lo que ha de honrarnos, que la
acompañe esa arrogante muestra del "Ensayo de diccionario de vocablos
indígenas," de Arístides Rojas, que Ud. y él generosamente me regalan,
-agradecería a Ud. que anunciase que la Revista demora dos o tres días la
publicación de su segundo número, para poder salir a luz con el trascendental trabajo de
Rojas cuya impresión ya se termina. -Que la Revista teme de sí, y quiere ir
bien asistida.
De este modo, obligará Ud. aún más mi agradecimiento, y quedan respondidas las
numerosas preguntas que acerca de la aparición del segundo número se me hacen.
Es su amigo afectísimo,
José Martí (15)
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Primer número de la
Revista Venezolana donde
Martí informaba
sobre los "Propósitos" y "El carácter"
de la revista, y publicó entre otros trabajos notables su
ensayo sobre "Cecilio Acosta".
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En la misma página en que aparece esta carta de Martí, en la columna anterior, se
reproducen unas "Felicitaciones al Ilustre Americano," Guzmán Blanco, que
transcribimos porque dan cabal idea del incienso y la lisonja a que estaba acostumbrado el
gobernante, aun, como en este caso, por asunto tan insignificante como una
"nota" del Ejecutivo a un Ayuntamiento:
Caracas, julio 14 de 1881.
Ilustre Americano
Valencia o donde esté.
Liberales definidos como hemos sido y somos nosotros; obreros como también fuimos de
la noble causa cuyo triunfo alcanzasteis el 27 de abril de 1870, no hemos podido menos que
experimentar una grata satisfacción a la lectura de vuestra patriótica nota dirigida al
Presidente del Consejo Municipal de Puerto Cabello.
Entusiastas admiradores como somos de vuestras inmarcesibles glorias, que son las
glorias de nuestra patria y del partido liberal que tan dignamente acaudilláis para
regenerar a Venezuela y llevarla a la cumbre del progreso y de su futuro bienestar,
dignaos aceptar nuestras sinceras congratulaciones por la explícita manifestación que
habéis hecho, la cual constituye un testimonio público y solemne en favor de los
intereses generales de la República.(16)
Desde antes de la llegada de Martí a Venezuela, era objeto de crítica en el
extranjero la vanidad del mandatario que se hacía comparar con Jesucristo y con Bolívar.
En 1878 el escritor colombiano José María Samper, desde Bogotá, calificaba al
periodismo venezolano, deformado por la presión oficial, de
ampuloso hasta el más refinado gongorismo, vacío y enteramente personalista,
sin asomo de doctrina ni de dignidad ni convicción alguna, miserablemente adulador,
fanfarrón y pedantesco, dado solamente a celebrar espectáculos, conjugar y declinar el
nombre del dictador "Regenerador" y tributarle insulsos y alambicados homenajes,
y tan pervertido en su estilo, que corría parejas con la completa perversión del
liberalismo.(17)
El "Ilustre Americano" y los escritores que lo rodeaban debieron sentirse
aludidos cuando salió el segundo número de la Revista Venezolana, donde Martí
censuraba el "lenguaje de gabinete," común en las esferas del gobierno ("
... no se ha de pintar el cielo de Egipto con brumas de Londres; ni el verdor juvenil de
nuestros valles con aquel verde pálido de Arcadia") (18);
y el silencio de Martí sobre las "inmarcesibles glorias" del General debió
irritar su soberbia aún más ante la apología de Cecilio Acosta (" ... Negó muchas
veces su defensa a los poderosos.... ¡Y cuando alzó el vuelo, tenía limpias las
alas"(19); y esta comparación no disimulada
entre el gobernante y el sabio: "Otros van por la vida a caballo, entrando por el
estribo de plata la fuerte bota, cargada de ancha espuela; y él iba a pie, como llevado
de alas, defendiendo a indígenas, amparando a pobres.... Unos van enseñándose, para que
sepan de ellos; y él escondiéndose, para que no lo vean."(20) Tiempo después, al valorar su panegírico, dijo
Martí: " Y otro mérito puede ser el de haberse escrito, fresco aún el horror de
haber visto morir a tal hombre [Cecilio Acosta] poco menos que de hambre, sofocado como un
ave en la máquina pneumática por el odio de su mezquino enemigo Guzmán Blanco, y en
días en que atreverse a honrar a aquel admirable desdichado era afrontar las iras de su
odio."(21)
El 21 de julio empezó la distribución de ese segundo número de la Revista., y
no transcurre una semana cuando ya está Martí camino a Nueva York, expulsado del país.
La carta del día 27, despidiéndose de Venezuela, apareció en La Opinión Nacional
con una olvidada nota de Aldrey, que copiamos no sólo por la información que ofrece sino
porque es otra prueba del aprecio que se ganó Martí durante su estancia en Caracas: bajo
el título de "Adiós," escribe:
Recibimos anoche la carta que al pie de estas líneas se leerá.
El señor Dr. José Martí ha partido en la mañana de hoy, y a la hora en que circule La
Opinión Nacional estará navegando en el "Claudius" para Nueva York.
Conocíamos el nombre de este ilustrado hijo de Cuba desde la época que dirigía en
Méjico la Revista Universal, interesante periódico que se canjeaba con El
Porvenir, diario que nosotros dirigíamos en Caracas hace más de quince años; por
manera que cuando a su llegada a esta capital nos fue presentado por un respetable amigo,
tuvimos singular placer en ofrecerle nuestra amistad y nuestros desinteresados servicios,
poniendo a su disposición las columnas de La Opinión Nacional, que embelleció
con algunos brillantes trabajos literarios.(22)
En nuestras desgraciadamente breves, pero cordiales relaciones, tuvimos ocasión de
conocer la nobleza de alma del amigo que se ha ido, su vasta y profunda erudición, su
galano estilo y bellísima forma literaria, sus eminentes dotes de orador tan espontáneo
y elocuente como brillante y rico en imágenes hermosísimas; tuvimos, en fin, tiempo y
sazón para conocer íntimamente aquel "candor angelical" de que nos habló don
Juan Ignacio de Armas, el día en que nos trajo para publicar su juicio sobre una de las
más notables producciones de Martí, la del Sun de Nueva York, que había vertido
a nuestro idioma El Repertorio Colombiano.
No nos atrevemos a decir, aquí, donde hay tantos ingenios patrios, que es para las
letras, las ciencias y la oratoria venezolana, una pérdida la ausencia de Martí; pero
sí que nosotros la sentimos con hondo pesar, porque... son tan raros en el mundo los
hombres buenos, los hombres de "candor angelical"
Pedimos a Dios que conceda a nuestro amigo ondas benignas y días risueños para que su
viaje sea feliz.
He aquí su carta: ...(23)
Y sigue la de Martí que termina este episodio de su vida: " ... ni hay para
labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de cuna reniegan
hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.(24) El 10 de agosto ya estaba otra vez en Nueva York.(25)