Otra carta desconocida de
José Martí
Carlos Ripoll |
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Otra carta desconocida de
José Martí
Carlos Ripoll
Nueva York
Editorial Dos Ríos
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El asunto de
la carta
"El quehacer
público"
La empresa "Gallery of History",
de Las Vegas, Nevada, ha sacado a subasta, que se llevará a efecto el próximo 10 de
mayo, una carta de Martí de la que no se tenía noticia. Aparece en un hermoso catálogo
que imprimen varias veces al año ofreciendo autógrafos, fotos y documentos de
políticos, escritores y artistas. En reproducción facsimilar los presentan con una breve
nota sobre la figura y el documento, e indican la cantidad mínima que se puede ofrecer
por ellos para entrar en la subasta y el precio que se supone lograrán el día en que se
realice. Me hace llegar este catálogo el estudioso amigo y devoto martiano Manuel A.
Tellechea, quien está relacionado con la "Gallery of History", y con su
presidente Todd M. Axelrod, a fin de que dé a conocer esta curiosa carta de Martí.
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Ésta
es la carta desconocida de Martí que se subastará. La mínima
oferta, dicen los subastadores, es de $6,500, pero estiman que
puede llegar a producir entre 15 y 30 mil dólares.
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Aparte del interés del documento, pues ya es muy raro encontrar a
estas alturas una carta desconocida de Martí, llama la atención el precio que se espera
lograr por ella. En comparación con otras ofertas que relaciona el catálogo, sorprende
el valor que le asignan a Martí. Véanse estos ejemplos. De una carta de Thomas
Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos, fechada en 1801, se espera lograr
entre 20 y 40 mil dólares; de una recomendación de ascenso para un militar, firmada por
Abraham Lincoln en 1862, entre 10 y 20 mil; de una carta del presidente James A. Garfield,
de 1877, de mil 500 a 3 mil; de una de John F. Kennedy, de 1953, entre 2 mil 500 y 5 mil;
de una felicitación de Navidad, de 1899, del presidente de México, Porfirio Díaz, entre
500 y mil; de una simple firma de Albert Einstein, entre 3 mil 500 y 7 mil; de una foto
firmada del pelotero Babe Ruth, en 1926, entre 5 y 10 mil; de un contrato con la firma de
Charles Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanks con el productor de cine Samuel
Goldwin, de 1936, entre 10 y 20 mil; y, como último ejemplo, de un cheque de 100 dólares
de Carlo Gambino, notorio personaje del bajo mundo de este país, entre 5 y 10 mil
dólares...
¿Y por la carta de Martí? Para entrar en la subasta lo menos que se
puede ofrecer es la cantidad de 6 mil 500 dólares, y esperan obtener de ella entre 15 y
30 mil..., lo que pone esta carta, en el precio, sobre todos los documentos citados,
excepto la de Jefferson (ahora muy cotizado por celebrarse, con una gran exhibición de su
archivo, los 200 años de la Biblioteca del Congreso, de Washington, que él fundó).
¿Qué hubiera pensado Martí al saber que un siglo después de su muerte unas líneas
suyas iban a valer más que el escrito del presidente Lincoln, a quien tanto admiraba; 10
veces más que el del presidente Garfield, cuya muerte en manos de un asesino, en 1881, y
las once semanas de agonía que sufrió, le hicieron escribir algunas de sus más bellas
crónicas; 30 veces más que la firma de Porfirio Díaz, a quien fue a pedirle en 1894,
con todo humildad, unos cuantos miles de pesos para la guerra de Cuba...? Y eso a pesar de
que el papel de la carta de Martí, como aclaran los subastadores, está manchado y
oscurecido por el tiempo, y con 12 perforaciones o roturas que afectan 8 palabras del
texto ("Soiled and browned, 12 holes and cracks affecting 8 words of text from when
it was removed from an album"); pero ha sido, dicen, tratada por profesionales para
su indefinida protección.
El asunto de la carta
Estaba José Martí en febrero de 1892, cuando la escribió, en los
comienzos de su gran campaña por la independencia de Cuba. A fines del año anterior
había ido a Tampa y Cayo Hueso, donde expuso sus planes revolucionarios. Los exiliados en
aquellas ciudades, obreros y propietarios, militares de la Guerra de los Diez Años
y hombres y mujeres de varias actividades y creencias le ofrecieron todo tipo de ayuda.
Dejó fundado en Cayo Hueso, con un grupo de patriotas, las Bases y los Estatutos del
Partido Revolucionario Cubano: entre otros que los suscribieron, estaban el coronel
Fernando Figueredo, que había sido ayudante de Antonio Maceo; el millonario Eduardo H.
Gato; el anarquista Carlos Baliño; el dueño del periódico El Yara, José Dolores
Poyo; el propietario del Hotel Monroe, Martín Herrera; y los obreros Serafín Bello,
Rosendo García, Cecilio Henríquez...
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Miguel
Figueroa, el amigo autonomista de Martí, a quien le había
escrito poco antes una carta que explica ésta desconocida (Dibujo
del libro Cuba y sus jueces, de Raimundo Cabrera, en su séptima edición,
1891)
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Había llegado Martí a Cayo Hueso el 25 de diciembre de 1891 enfermo
con una seria broncolaringitis. Como es frecuente en esas afecciones, la ronquera le
dificultaba hablar. A pesar de ello, acompañado de una multitud llegó a la "Duval
Hause", de Josefina Bolio, cuyo hijo era del grupo de jóvenes que propició la
visita de Martí, se encaramó en una silla y pronunció un discurso, y luego, en el
banquete que le habían preparado, tuvo que hablar de nuevo. Al día siguiente amaneció
con fiebre y un médico le impuso reposo y descanso, por lo que tuvo que suspenderse el
acto que tenían preparado para el 27; en una carta a Gonzalo de Quesada, quien estaba en
Nueva York, se describe así: "En cama, muy mal... Desde la cama junto...".
Volvió a su actividades el 2 de enero.
Durante su reclusión redactó el programa del Partido Revolucionario
para discutirlo con los dirigentes locales, quienes lo aprobaron el día 5, y el 9 se
encontraba ya camino a Nueva York. Pero siguió enfermo, le escribe el 11 a Serafín
Sánchez: "Estoy sin voz y sin médula..."; a Femando Figueredo, el 15: "En
cama la semana, sin voz y en un temblor..."; y a Rafael Serra, quien no lo encontró
en su casa, en el número 121, Oeste, de la calle 61, cuando lo fue a visitar, le explica:
"¿Como me iba a encontrar, si me levanto de mi cama todos los días para ir a mi
clase de noche? ¿Y de qué ha de vivir su amigo fiero? De la clase a la cama. No escribo
porque el pulmón me quema, y no me deja..." (Martí, de noche, cinco veces a la
semana, daba clases de español en el "Grammar School Building No. 74", que
estaba en el número 220, Este, de la calle 63). Y todavía en febrero, mes de esta carta
desconocida, le escribe a Serafín Bello: "Sin brazo, del pulmón que no quiere
servir..."
La carta desconocida, dice:
Señora M. Zulueta
Mi estimada señora:
Quería ir yo mismo a poner en manos de la señora tesorera el importe
de las cuentas de las señoritas Figueroa, y cumplir en persona con citas el encargo
conque me honró su padre. Pero no he podido aún salir de mi enfermedad, por lo que
envío mis checks a la señora Tesorera, reservándome para el lunes, en que creo estar en
pie si salgo con salud de un quehacer público de mañana el placer de saludar
a usted, y a las señoritas Figueroa, a quienes le ruego haga llegar la carta adjunta.
Es su respetuoso servidor,
José Martí
Feb. 13/92
Por la campaña que se hacía para honrar la memoria del abogado
matancero Miguel Figueroa (1851-1893), autonomista liberal, diputado a Cortes en 1886, a
quien con otros se le debió la abolición definitiva de la esclavitud en las Antillas,
Benigno Souza publicó en el Diario de la Marina, el 19 de setiembre de 1945, una
carta inédita de Martí a Figueroa (recogida al año siguiente en el tomo 66 de las Obras
Completas, de la Editorial Trópico), la cual arroja luz sobre ésta, desconocida; en
aquélla, fechada el 11 de febrero de 1892, se lee: "En cama se encuentra su encargo
honroso y agradecido, y acabo de dictar, porque apenas puedo escribir, la carta sobre el
pago a la Madre Tesorera, y enviar a esas criaturitas ejemplares una visita preparatoria.
Yo iré a verlas con sus encargos, la primera tarde de sol; aunque ya lo hay con ir a ver
aquellas criaturas donde centellea el genio".
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El
Manhattanville College del Sagrado Corazón, de Nueva York,
residencia y colegio para señoritas al que asistían las hijas de
Miguel Figueroa, y al que debía Martí, por su encargo, abonar el
pupilaje.
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El nieto del ilustre tribuno, Carlos Figueroa Miranda, hoy
desaparecido, fue mi compañero de clase en el Colegio de Belén, de La Habana, y para
saber sobre la presencia de su abuelo en NuevaYork, y su relación con Martí, por medio
de otro compañero de curso, el padre Juan M. Dorta Duque, me comuniqué con Frank
Figueroa, quien reside aquí en Miami, hermano de Carlos. Por él supe que sus tías Eva,
Graciela, Berta y Mercedes, fueron en Nueva York al Manhattanville College of the Sacred
Heart. Había sido fundado por las monjas en 1841 y lo formaban un convento y una
institución de enseñanza para señoritas. Estaba entre las calles 130 y 137, al Oeste de
Harlem, lo que hacía más difícil la visita de Martí por la distancia que lo separaba
del lugar. Puede afirmarse que Miguel Figueroa le había encargado a Martí que se ocupara
de los pagos relacionados con la educación de sus hijas, todas, en 1892, jovencitas entre
15 y 18 años según consta en la Historia de las Familias Cubanas (1944), del
conde de Jaruco.
En el cuaderno de direcciones, de Martí aparece la siguiente:
"1341-Figueroa; 324 Second Ave.", que debe de ser la de Miguel Figueroa (el que
no debe confundirse con el valioso amigo puertorriqueño de Martí, Sotero Figueroa, el
cual, según varias anotaciones en el mismo cuaderno, vivía en el 223 Este de la calle
70). El contacto entre Martí y Miguel Figueroa se confirma con estas palabras de Luis
Rodolfo Miranda, en su libro Reminiscencias cubanas de la guerra y de la paz
(1941): "... La casa del doctor Miranda [matancero también, médico y protector de
Martí y tío de Luis Rodolfo] era un centro de conspiración, porque por allí desfilaban
los principales jefes y personalidades de nuestro país; las reuniones secretas más
importantes tenían lugar en el salón-biblioteca de aquella residencia [en al número
116, Oeste, de la calle 64]. Sólo citaré algunos nombres, como los del tribuno Miguel
Figueroa...", y sigue una relación de los cubanos que visitaban a Miranda.
"El quehacer
público"
De la enfermedad de que habla Martí en esta carta desconocida se
tenía noticia, de la broncolaringitis, que lo dejaba afónico, y que él llamaba, como a
sus otros achaques, la "maluquera"; al mes siguiente, el 24 de marzo, le escribe
a Serafín Bello: "Ya rebasé mi maluquera, más que por otras cosas, por la
medicina, para mi eficaz, de la nobleza que veo a mi alrededor..."
Y aún mejor se conocen las actividades que menciona en la carta: su
"quehacer público de mañana", y el del "lunes" en que piensa saludar
a la "Señora M. Zulueta" y a las "señoritas Figueroa". El 13 de
febrero de 1892 era un sábado, y el lunes 15 se inauguró la Sociedad de Beneficencia
Hispanoamericana, a la que pertenecieron figuras de prestigio: además de cubanos (entre
otros, el doctor Miranda, Emilio Agramonte, Néstor Ponce de León, Gonzalo de Quesada,
Benjamín Guerra, y sus esposas), de varios países de la América Latina, y aun
norteamericanos. El 7 de noviembre de ese año 1892 publica Patria lo siguiente:
"Nada dará idea más exacta del mérito de la obra llevada a cabo durante los
pasados siete meses, y del estado próspero en que se encuentra tan útil Sociedad, como
el informe de la Secretaría que nos orgullecemos en publicar y que debe servir de
estímulo a los que honran a Hispanoamérica haciendo la caridad en tierra
extraña..." y habla, efectivamente, de "su fundación el 16 de febrero".
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El
Hardman Hall, de Nueva York, en la calle 19 entre Quinta Avenida y
Madison Avenue, donde Martí pronunció el discurso al que se alude
en esta carta desconocida. |
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"Es probable que en ese día Martí iba a ver a esa "Señora
M[¿adre?]. Zulueta" y a las "señoritas Figueroa" (esas "criaturitas
ejemplares" de que le habló al padre). Se puede suponer que la "señora
tesorera" de esta carta desconocida sea la "Madre Tesorera" (la ecónoma,
como la llaman en las comunidades religiosas) que menciona en la dirigida a Miguel
Figueroa unos días antes, y que "las cuentas de las señoritas Figueroa" sean
las de ese colegio donde se educaban.
El "quehacer público" a que hace referencia Martí en la
carta es el discurso que iba a pronunciar al día siguiente. Sobre ese asunto, para
terminar estas notas, es mejor dejar que hable un testigo del acontecimiento, Enrique
Trujillo, quien dijo en sus Apuntes Históricos (1896): "El día 13 de febrero
celebró en el Hardman Hall, a invitación del Club 'Los Independientes un meeting
para que el señor Martí diera cuenta de las impresiones de su viaje a Cayo Hueso y
Tampa". Y a continuación transcribe su reseña del acto, tal como la publicó en el
periódico El Porvenir; dijo: "A pesar de la inclemencia del tiempo acudió
una numerosa y distinguida concurrencia a Hardman Hall la noche del domingo último... El
señor Martí pronunció un discurso que duró 75 minutos. En ciertos momentos se notaban
en su voz las señales marcadas del malestar físico que aún le aqueja... Su imaginación
portentosa recorrió diferentes esferas esa noche. Martí, inspirado y magnifico, nos
contó sus impresiones de viaje a Tampa y Cayo Hueso... Nos pintó el interior del hogar,
donde el padre cuenta a los hijos las hazañas de la guerra y donde la madre amante los
prepara para cumplir con su deber... No necesitamos decir que el señor Martí fue
aplaudido frenéticamente, habiendo recibido una verdadera ovación..."
Cuando semanas más tarde, el 14 de marzo, empezó a publicarse el
periódico Patria, en su primer número apareció entero el discurso. Fue
ciertamente notable; de él son estos pasajes: "¡Digo que jamás tuve goce tan puro
y de tan íntima majestad, como entre los míos, entre mis cubanos, entre mis guerreros y
mis ancianos y mis trabajadores; jamás, ni en la iglesia de niño, ni en la cumbre del
monte!..." Y refiriéndose a las 'Resoluciones que se habían aprobado en el
Liceo de Tampa, aseguró en profecía: "Lo que de Tampa arrancó, y allí se
consagró, tropezará en una hoja de yerba o en un grano de maíz, pero en Cuba irá a
terminar". Y llamó su estancia en Cayo Hueso "día patrio que duró cuatro
días", en los que siempre lo acompañó "una cohorte de jóvenes... ¡Bandera
fue el pueblo entero, y por entre una calle y otra vio la comitiva a los niños blancos y
negros apiñados a la puerta de la escuela, cuando, rendida el alma de dicha patriótica,
iba camino del último taller, tras la bandera, en las manos del niño misterioso, tras el
caballo, que parecía preferir el rumbo de la mar!" Y concluyó con esta acertado y
feliz símil: "Los pueblos, como los volcanes, se labran en la sombra, donde sólo
ciertos ojos los ven; y un día brotan hechos, coronados de fuego y con los flancos
jadeantes, y arrastran a la cumbre a los disertos y apacibles de este mundo, que niegan
todo lo que no desean, y no saben del volcán hasta que no lo tienen encima. ¡Lo mejor es
estar en las entrañas, y subir con él!"
-oOo-
Así, como volcán que se labró en la sombra, como el de la profecía
de Martí, otra vez logrará su libertad el pueblo de Cuba. "¡Lo mejor es estar en
las entrañas, y subir con él!" |
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