EL CUBANO EN EL CAYO
Un numero de El Yara, de Cayo Hueso, basta para dar idea de la vida de aquella
población, un número tomado al azar. Allí se ve el esfuerzo continuo del trabajo, la
lucha de la opinión, la consecuencia de la amistad. Se perdió una goleta, que era de un
cubano. Del nombre de Gato, el cubano que ha sido obrero de su propia fortuna, hay allí
un barrio entero: y un incendio que hubo en él, lo apagaron los bomberos cubanos, los
bomberos que sobresalen en las competencias de agilidad y bravura con los de Norte
América, y ponen a las visitas una honrosa mesa, donde el agua se sirve de una jarra
ganada en el triunfo, y se bebe en el vaso de plata que el cubano ganó en otro certamen.
Muere un artesano, y sus compañeros de fatiga dan en público el pésame a la familia.
Se distingue allí en el teatro un aficionado, y se da para su beneficio una fiesta en el
teatro de San Carlos, el teatro en donde ha vibrado, en veinte años de espera, toda el
alma cubana. Y si se ojea la columna de citaciones, vese en ella que el gremio de
escogedores tiene un fondo de herencia voluntario, y convoca a los miembros a que declaren
su parte en él, o retiren sus déficits; que Serafín Bello, todo patriotismo, preside la
sociedad de socorros Gloria de Cuba; que el Liceo Cubano reelige su junta
Directiva; que una cubana, Angela de Azpeytia, cita, como secretaria, a la sociedad de
recreo e instrucción Los Viejos; que en la escuela laica de Arturo Colina se
enseña agricultura, industria y comercio; que convidan a patriótica junta La
Convención Cubana, el Club Luz de Yara y el de Juan Millares. Y
quien conoce aquella población, en los simples nombres de los anuncios del periódico, de
médicos caritativos, de manufactureros leales a la patria, de sastres que crían a sus
hijos para artistas, no ve mera lista de nombres, sino recuerdo arrimado de virtudes.
(19 de Marzo de 1892)
SU RELIGIÓN
Crece como debe, y como la hace crecer la maravilla de actividad del médico cubano que
la preside, de nuestro doctor Ramón L. Miranda, la Sociedad de Beneficencia Hispano
Americana de Nueva York. Todos están con ella: ricos y pobres. Todos traen su óbolo al
tesoro caritativo: los acomodados y los menesterosos.
Y una de las papeletas de suscripción a la sociedad, la papeleta de Manuel Montero,
volvió a secretaría con esta respuesta: Nombre: Manuel Montero; Nacionalidad:
Cuba; Religión, Yara.
(19 de Marzo de 1892)
HORAS DE DICHA
Estas lo son, al fin, para los cubanos que, en el sigilo de la paciencia, han esperado
a que el patriotismo se corrigiese de la desconfianza, a que el entusiasmo se fortaleciera
con la razón, a que a la prisa sucediese el plan, a que al enemigo cerrado se opusiese el
ataque cerrado, a que el país, ahíto de vergüenzas, llegase a solicitar la guerra que
temía, a que los rifles se cargasen de pensamiento.
De nuestra alma sublime tiene Patria a mano amplias pruebas; de la mayor nobleza
que se pueda pedir al alma humana. ¡Nuestros hombres vuelven a ser grandes! La
experiencia no ha enconado, sino hermoseado, el carácter que erré ayer. Los celos de la
gloria pasada, de la primera guerra, no envilecen el corazón puro de los que la quieren
tener de compañera y guía en la guerra nueva. Los héroes de ayer juntan las manos, con
generosidad casi increíble, con los que a su lado preparan la guerra de mañana. Los
desterrados aman a los enterrados. Todos juntos, en horas de dicha inenarrable, se
abrazarán en la resurrección.
(21 de Mayo de 1892)
TESORO, PARA LOS INDEPENDIENTES
Un viajero llegó, de cualquier parte. No faltó quien le abrazase en el muelle: en
Nueva York, se abraza. Y el primero por quien preguntó fue Juan Fraga, el primero que en
el tesoro de la patria dobló el cabo de los mil pesos: ¡a ver cuántos se hombrean, en
el recuento de nuestra historia, con el presidente y alma del Club Los Independientes,
con Juan Fraga! "Quiero ver a Juan Fraga," dijo el viajero, "porque nueve
amigos míos pobres me dieron para el club estos nueve pesos." Aquí habría que
recordar una frase de la proclama "A los Cubanos" del General Calixto García
Iñiguez, en la guerra infortunada de 1880: "¡Pagad de una vez, cubanos, para ser
libres, la contribución que desde hace tanto tiempo estáis pagando para ser
esclavos!" *
(18 de junio de 1892)
*El documento que menciona, aunque firmado por Calixto
García en el "Cuartel General del Ejército Liberador," lo redactó el propio
Martí (I, 157).
EL HIMNO DE
FIGUEREDO Y EL ACOMPAÑAMIENTO DE AGRAMONTE
Patria publica hoy, para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los
hogares; para que corran, de pena y de amor, las lágrimas de los que lo oyeron en el
combate sublime por primera vez; para que espolee la sangre en los corazones el himno a
cuyos acordes, en la hora solemne de nuestra patria, se alzó el decoro guardado en el
pecho de los hombres. ¡Todavía se tiembla de recordar aquella escena maravillosa! Con
cariño reverente envía a Patria el himno desde el Cayo uno de los héroes de
aquellos días cuya beldad se procurará imitar en vano; uno de los caballeros de la
independencia, que se fue del país cuando la libertad se oscureció en él, y no volverá
al país sino cuando la libertad vuelva a brillar; un padre que tiene ocho hijos, y a los
ocho les ha enseñado el himno; un cubano que crece cuando recuerda los años sagrados, y
cuando vislumbra en el porvenir los que les van a suceder; un coronel que lleva todavía
el mando en los ojos, y escribe con la pluma rápida y brillante de las batallas: Fernando
Figueredo.
El acompañamiento del himno es de uno de los pocos que tuviesen derecho a poner mano
en él, de nuestro maestro Emilio Agramonte, cuya alma fervorosa nunca se conmueve tanto
como cuando recuerda aquellos días de sacrificio y de gloria en que las mujeres de su
casa daban sus joyas al tesoro de la guerra, en que los jóvenes de la casa salían,
cuatro veces seguidas, a morir. ¡No han de ponerse las cosas santas en manos indignas! Ni
quiso el maestro ilustre hacer gala de arte en la composición; sino de respeto al himno
arrebatador y sencillo. ¡Oigámoslo de pie, y con las cabezas descubiertas!
(26 de junio de 1892)
EL DELEGADO EN FILADELFIA
A ninguna emigración cede en entusiasmo la de Filadelfia, ni en vigilancia contra las
noticias ridículas y trastornadas que solo toman por ciertas los que en ellas buscan
excusa para su inacción, ni en ardides lícitos para allegar fondos al tesoro de la
patria, ni en el deseo de mostrar, en la persona del Delegado, su adhesión ferviente a la
política de energía y concordia que el representante del Partido Revolucionario tiene el
encargo de desenvolver.
La emigración de Filadelfia cree que el Delegado cumple con su misión; que no se
entretiene en mirar a lo hecho, sino que atiende más a lo que no está hecho todavía;
que muestra en obras su obligación cumplida de acelerar, con prisa de campaña, el
ordenamiento de las fuerzas revolucionarias, y ordenarlas con verdad y sin encono; que no
estamos hoy como estábamos el 10 de Abril, ni estaremos de aquí a cuatro meses como
estamos hoy: ¡en obra de gigante, paso de gigante! ¡y cada vez que se tenga un pie
firme, adelante el otro pie! ¡a la revolución no se le ha de ver la espalda!
Los cubanos y puertorriqueños de Filadelfia, que ya en noche hermosa acogieron, con la
distinción y afecto que por su virtud patriótica merece, al Secretario de la
Delegación, deciden publicar, en reunión entusiasta, su aplauso a la política que el
Delegado del Partido representa. Y en masa se dispone a recibir al Delegado el día 17 de
agosto, en la fiesta de pensamiento y corazón a que convida el Club Ignacio Agramonte
No. 3 a todos los cubanos y puertorriqueños.
(13 de Agosto de 1892)
EL TALLER DE CORDERO
Los operarios del taller floreciente y próspero, a cuyo frente está el cojo heroico
que dejó parte de sus huesos en San Francisco de la Jagua, han acordado trabajar todo el
día Diez de Octubre próximo y dedicar el producto íntegro del trabajo de ese día
memorable a engrosar los fondos generales del Partido Revolucionario Cubano,
proponiéndose hacer entrega de esos fondos en la Tesorería general del Partido. No
podían los operarios de Cordero conmemorar nuestro glorioso aniversario de manera más
eficaz y práctica.
(20 de Agosto de 1892)
ESTAFADOR
Un estafador, que dice ser de apellido Méndez, ha visitado a dos cubanos conocidos de
New York en sus oficinas, en demanda de dinero para una expedición imaginaria a Cuba,
bajo los auspicios del Partido Revolucionario Cubano.
No hay en New York cubano alguno que desconozca de cuan distinta manera atiende a sus
asuntos el Partido Revolucionario, ni la alta y respetuosa política con que reemplaza las
tentativas y prácticas pueriles y escandalosas que en otras épocas pusieron en grave
peligro, o entregaron a un adversario astuto, los esfuerzos de un patriotismo sobrado e
incansable. El Partido Revolucionario Cubano no es partido de expediciones imprudentes,
insuficientes, aparatosas, y alevosas. El Partido Revolucionario trabaja para Cuba, y para
la libertad de sus habitantes en la independencia: no trabaja para la gloria o
supremacías de un grupo de hombres, que pudieran en un loco patriotismo buscar excusa
para una causa indigna y culpable. El Partido Revolucionario no pasea por las calles su
obra radical, generosa y profunda; sino que la adelanta, con cuantos lazos y consejos
debe, y la mostrará a su hora.
Es innecesario, pues, decir aquí que el Partido Revolucionario no intenta nada que, en
grandeza de idea y suficiencia de recursos, no esté en acuerdo y relación con la
necesidad total y condiciones conocidas de la Isla; ni tiene por qué confiar a hombres
desconocidos las tareas que pudiese atender por miembros respetables y valiosos.
Pero debe publicarse aquí, por encargo expreso de la Delegación, que ni el estafador
Méndez, ni ninguna otra persona tienen encargo del Partido Revolucionario Cubano para
percibir, en New York o en cualquier otra parte, dinero alguno, para ninguna expedición
inmediata, ni para ningún otro objeto.
La Delegación y la Tesorería del Partido atienden a su hacienda por los medios
constantes, crecientes y regulares.
(21 de Enero de 1893)
NOTAS DE LA REUNIÓN
A las siete, ya se agrupaba la gente a las puertas, en el frío traidor. No sabe el
portero que Cuba es como de casa en Hardman Hall, y paga por cheque a los dueños, en vez
de pagar a la puerta, como arrendatarios desconocidos. Abriré, dice el buen hombre,
cuando se haya pagado el alquiler. Un jornalero nuestro, cuyo nombre siente Patria
ignorar, quiere dar cuanto tiene: sus diez pesos. Un amigo nuevo, un cubano recién
llegado, Ignacio Brito, que viene de lo alto de Brooklyn con su mujer y sus dos hijas, oye
que son quince pesos los que faltaron, y paga los quince pesos.
Una niña, una niña de doce años, se acerca al orador, y le dice así:
Los dejaste fríos.
¿A quién?
A los cobardes.
A la puerta, con ojos cariñosos, el que menos con respeto sumiso, aguardaba a ver
salir al orador un grupo de españoles: uno, un gallego, lo saluda fervientemente,
sombrero en mano.
Por la acera, acurrucados, van andando unos mozos. Salen todos de la reunión. Detrás,
centelleándole los ojos, va un recién venido, un niño a quien ya le arde el corazón. Y
oyó lo que los mozos conversan:
Pero si tú hablas con ce y con zeta : si tú eres asturiano . . .
En Asturias nací, y a Asturias siempre querré; pero yo quiero ser cubano.
(21 de Enero de 1893)
EN CASA
El de Tinajero es nombre fundador en Puerto Rico, y los que lo llevan con honra en esta
frialdad del Norte, tienen hoy causa de pesar con la muerte de la señora Feijoo, esposa
de un amigo de la tierra de jardines y de bravura en que nació, de Ramón Tinajero. Morir
es ascender. Ni hay que compadecer a los sobrevivientes: el muerto purifica y vigila la
casa.
Triste para nosotros, los de alma de Cuba, era la fiesta de premios a que nos había
convidado mano amiga, triste como todo goce del pensamiento libre y propio para el hijo de
una tierra donde no puede echar su fruto pleno el pensamiento, hasta que un aplauso, más
débil que el de los demás, nos dijo que el que subía a recoger su medalla de honor, en
la fiesta del Colegio de Dentistas de New York, una de las tres medallas del año, era un
extranjero, era un cubano, era el hijo modesto y pundonoroso de un padre ya cargado de
fama, era Francisco Agramonte, uno de los hijos de nuestro maestro Emilio, y sobrino de
aquel otro Francisco, de veinte anos, que se embarcó cinco veces para ir a la guerra de
Cuba, y murió en ella. ¿Qué extraño que salgan laureados en cuanto intenten los hijos
del genio de Emilio, del talento y la virtud y el entusiasmo de Manuela Agramonte?
A Cuba no volveremos indisciplinados, con aquel burdo amor a la libertad que no la
salva por el orden y hábito en el ejercicio de ella, sino que hemos de llevar la pericia
adquirida en buena lid en las repúblicas maduras. Ahora tuvo elecciones la ciudad de
Ibor, la Tampa cubana, y el tasador es Andrés Pérez Benítez, persona de justo crédito,
y dos de los concejales tienen nombre conocido, el uno por su industria, y su ardiente
apego a toda especie de saber, que es Emilio Pons, y el otro porque se embarcó siete
veces para ir a Cuba en la guerra pasada, que es Ramón Rubiera. Ahí tiene el derecho
cubano fieles mantenedores.
(14 de Marzo de 1893)
UNA CARTA DEL GENERAL SERAFÍN
SÁNCHEZ
Patria cede sus primeras columnas a un documento sincero que sólo pudiera
extrañar a los que no sientan en el corazón generoso el amor vehemente del decoro
patrio, y el profundo dolor de verlo mermado por los consejos y ejemplos de la mansedumbre
inexcusable, la fe infundada, o la pobreza y confusión del juicio.
Es el documento la carta que el general Serafín Sánchez, conocedor de los esfuerzos
actuales de Cuba por su emancipación, y rodeado de virtudes sólo a la suya comparable,
escribe con la altivez de una honrada conciencia, y el poder de quien calla más que lo
que dice, a un periódico de La Habana que inspira justo respeto y admiración: a La
Igualdad, de Juan Gualberto Gómez. ¿Ni cómo ha de hablar más lenguaje que ése,
frente a tanta e injustificada confianza en la política artera, e insuficiente de raíz,
de un dueño codicioso y sanguinario, el que, por ley natural del corazón y enseñanza
actual de la experiencia, era más natural confiar en el orden visible y el magnánimo
empuje con que, aparejando el sentimiento al interés, se dispone a la libertad su propio
pueblo? El que está cerca, ve. El que palpa la tierra, la siente latir. El hombre
virtuoso cree enérgicamente en la virtud. En cambio, el mismo hombre de virtud, en un
ambiente infame, desconfía de ella. Confíe Cuba. ¡Sin ira, y sin vendas en los ojos,
irán a abrazarse a sus hermanos presos los que, en destierro que ha de ser corto, la aman
y velan por ella como hijos!
(12 de Agosto de 1893)
DE SANTO DOMINGO
Mientras que otros se entretienen en intentar debilitarnos, o se cruzan de brazos ante
la marea que sube y no ayudan* reforzarla, para que sea tan poderosa que el dique enemigo
no nos la pueda contener o desviar, los cubanos de Santo Domingo, que más cerca de los
quejidos de la madre más bien pueden oírlos y compadecerse de ellos, los cubanos de
Santo Domingo, pocos en comparación a los de otras emigraciones, los cubanos de Santo
Domingo, llenos de fervor patriótico disponen su ala de ejército, se organizan y eligen
una directiva sagaz y resuelta. Patria y Libertad se llama el Club, y a la
realización de tan elevado pensamiento han consagrado su vida los Giraudi, los Núñez,
los Valdés, los Anido, los Alomá, los patriotas consecuentes, los obreros infatigables.
Acompañándolos en sus tareas las aliadas de generoso corazón, que no temen la hora
que les arrebate el compañero, el hijo, o el padre, que contribuyen a que el padre, el
hijo y el compañero puedan en esa hora sublime, que se acerca, tener el armamento, que si
no van ellas le darán el rifle o el machete con que defenderlos: las Hijas de Hatuey.
¿Qué nombre falta en el Acta de Instalación? Léanla los hombres canijos y
aprovechen el ejemplo.*
(9 de Septiembre de 1893)
*Es un acta levantada con motivo de constituirse en la
ciudad de Santo Domingo una "sociedad política cubana de señoras y señoritas para
trabajar por la independencia absoluta de la Isla de Cuba." Terminado el documento
aparece este comentario: "¡Como éstas eran las que compraron con sus joyas las
armas para la expedición que fracasó cuando Narciso López, como éstas las que lo
dieron todo durante los diez años para libertar a su tierra, como éstas son todas las
cubanas dignas!"
EL COMERCIO CUBANO DE KEY WEST
Alardear, en cosas de revolución, es denunciar. Las guerras se han de ver cuando se
están haciendo. No tiene Patria por costumbre, ni cree necesario, publicar tanto
hecho hermoso, tanto callado sacrificio que en este movimiento revolucionario de hoy han
venido a robustecer nuestra fe y nuestro brazo. Pero lo que honre al pueblo de Cuba, debe
en verdad saberse por los cubanos. Y cuando el comercio de Key West, cuando los veteranos
probados de la emigración, dan muestra pública de su ayuda a la independencia patria en
los días en que sus intereses heridos pudieran negarse a un sacrificio nuevo, cuando los
hombres reales y creadores, hijos todos de sí, se juntan visiblemente para ostentar la
concordia que el cubano levantisco o superficial niega en su pueblo, es de justicia y de
oportunidad que El Yara publique el documento en que consta. Y Patria lo
reproduce.*
(6 de Octubre de 1893)
*Martín Herrera y Fernando Figueredo, como presidente y
secretario de una comisión encargada de recaudar fondos, firman el acta en la que se toma
el acuerdo de entregar a la Delegación del Partido Revolucionario Cubano el producto de
una colecta "entre el comercio de la localidad."
REUNIÓN CUBANA EN PHILADELPHIA
A cada peligro por que pasa Cuba, a cada victoria de nuestra prudencia, a cada prueba
nueva del alma revolucionaria de nuestro país, los cubanos en todas partes como que se
aprietan más y deciden dar muestra pública. de su devoción incansable a la triste Isla.
Philadelphia envía a decir que está preparando una velada cubana. ¿La casa se le ha
quemado a Marcos Morales? ¡Pues, el mejor modo de olvidar una desdicha personal es
ponerse a servir con toda el alma a la causa pública! El egoísta se arrastra. Sólo el
desinteresado vive.
(21 de Noviembre de 1893)
EN JACKSONVILLE
De horas fue la visita en Jacksonville. De la noche en vela del camino, después del
entusiasmo de Ocala, pasó el Delegado a un espectáculo siempre admirable: los hombres en
sus mesas de trabajo, aplaudieron con los útiles de ganarse el pan las ideas y los
métodos con que se gana el derecho, y la ventura estable que sólo viene del
conocimiento, ejercicio continuo y respeto de él: ¡y más admirable es aún, en un
pueblo en que se ha sembrado tanta corrupción, ver a estos hijos de todos los orígenes,
al médico artesano junto a su siervo de ayer, al universitario frustrado junto al héroe
callejero, poner de lado su parte de labor para crear una patria libre a los que los
censuran y desdeñan! No pudo el Club reunirse, en aquel premioso sábado; pero los
cubanos de El Modelo, la fábrica de Gato, premiaron con aplausos de desusado
calor al Delegado que les hablaba de aquellas cosas que enojan a los egoístas, y placen a
las almas desinteresadas; y todos nuestros compatriotas de la ciudad, ricos o Pobres,
probaron al Delegado que llevan con honra y derecho el nombre de cubanos.
(28 de Diciembre de 1893)
EN MARTI-CITY
La ciudad cubana de Ocala, que era un pinar hace dos años, y hoy alberga en casas
pulcras y elegantes, alrededor de las vastas fábricas, sus cincuenta familias de cubanos;
la ciudad de anchas calles, que tiene ya su escuela inglesa, y otra nocturna gratuita, y
va a levantar un hermoso liceo; la ciudad que inspiran, y defienden de nuestros vicios,
unos cuantos cubanos justos y creadores, se engalanó toda, y suspendió sus faenas, para
recibir al Delegado. El día fue de visita a los enfermos, a las casas nuevas, a la
compañía colonizadora, que a las primeras palabras del Delegado le concedió la mejor
tierra de la ciudad para el liceo. Por suscripción popular, con representantes de todas
las fábricas, se ofreció un banquete, rico y conmovedor, al Delegado, donde no se dijo
palabra vana, donde cuanto se decía echaba raíz en los corazones. En la fábrica de
Barreto, embanderada, aguardaba la emigración entera, y allí fue la asamblea pública:
hablaron cubanos útiles y fervientes: el Delegado analizó la composición de Cuba, la
actualidad grave, y nuestras capacidades y deberes. Luego fue la reunión de los Clubs,
robustecidos con el que se acaba de crear, Leopoldo Turla, con Carlos Baliño,
todo elocuencia y cordialidad, de Presidente, y de Secretario el poeta y orador Buttari.
Allí, como dice Cuba de Tampa, "se hizo lo que se debía hacer." De
este modo, a fuerza de verdad y bondad, mientras unos deshonran a su patria, o fomentan y
acompañan sus vicios, o viven de ellos, o los presencian sin remediarlos, otros,
serenos, edifican la república que se vislumbra ya sobre las ruinas.
(28 de Diciembre de 1893)
LOS SUCESOS DEL CAYO
Patria no es más que el conjunto de condiciones en que pueden vivir satisfechos
el decoro y bienestar de los hijos de un país. No es patria el amor irracional a un
rincón de la tierra porque nacimos en él: ni el odio ciego a otro país, acaso tan
infortunado corno culpable. El gozo es mayor, o la pena, cuando los que padecen, u honran
a la humanidad, son de la tierra misma en que nacimos. La labor que nos hemos impuesto
los cubanos emancipados por lo menos de lo más temible de la tiranía, si no de todos sus
influjos, sigue, creciente, su marcha vencedora. Con el desinterés se vence al interés.
Con la abnegación se vence al egoísmo. Con la cautela se vence a la intriga. Con la
unión de los servidores generosos de la patria, se vence y compele a los que en la hora
propicia y madura, esquiven el mandato y la oportunidad del honor. O se hacen las cosas a
tiempo, o se queda con el descrédito y la culpa de no haberlas querido hacen A paso
firme, y por debajo de la tierra, adelanta segura nuestra obra. Pero es imposible, en la
red cada día más apretada de estos deberes, olvidar al Cayo admirable cuya unidad y
tesón fueron, en los días nublados de nuestro patriotismo, como aquellas fortalezas,
talladas en el monte vivo, donde se refugiaron los últimos persas que defendían su
tierra adorada, y la religión del sol, de los caballos hambrientos de Mahoma.
Con tanta más razón se cede al deber de hablar de las angustias de los cubanos de Key
West cuanto que los sucesos de que vienen siendo víctimas, y comprueban la vergonzosa
alianza de un puñado de norteamericanos visibles del Cayo con el gobierno español,
interesado en perturbarlo hasta deshacerlo, han servido para demostrar la liga íntima de
todos los elementos de la sociedad cubana en la defensa de nuestro decoro nacional, la
dignidad y moderación que, por sobre todas las deficiencias de nuestro desarrollo,
parecen crecernos con nuestras desdichas y anunciarnos una patria feliz, y un concepto tan
vivo del decoro cubano en los hombres menos preparados por la fortuna a mantenerlo que,
con aquel mismo espíritu que movió a nuestros padres a incendiar a Bayamo, se ofrecen
hoy a abandonar sus hogares, y reducirse el pan, antes que permanecer donde no pueden
vivir con sus derechos y con su honra.
Es preciso, en verdad, que los cubanos, en su mayoría ignorantes del mérito de su
tierra, levanten el corazón. Es preciso que se sepa que por apagado que esté en las
profesiones secundarias y acomodaticias el decoro del país, consérvase íntegro, y
renovado a cada injuria, entre aquéllos que no necesitan de la autoridad y merced de los
opresores para vivir. Es preciso que se sepa, como dichosa compensación a tantas causas
de duda y desaliento, que la masa cubana trabajadora, acrecida en el destierro con lo más
independiente y viril de nuestra sociedad principal de ayer, no es sólo encendido riñón
de fe patriótica, y tesoro inexhausto de nuestra libertad, sino factor social prudente y
culto, a la vez que enérgico y fundador, que, anteponiendo el deber total de la patria al
beneficio material de las personas, salvará al país de la discordia y ruina que
visiblemente aumentan en él por la alianza sorda e inmunda de los elementos desdeñosos y
soberbios de nuestra sociedad, venidos en gran parte de las heces de ella, con la
dominación que los utiliza y ultraja. Es preciso que se sepa que, mientras en
murmuración pueril pierden el respeto entre los ajenos y la eficacia entre los suyos
aquellos elementos de la sociedad de Cuba que pudieron mantener unidas sus fuerzas de
resistencia y ligar amistad honrosa y útil con la masa justiciera que a cambio de la
equidad dará el sosiego o lo turbará a falta de ella, los elementos realmente sensatos
y prácticos del país, sus únicos hombres prácticos verdaderos, han vivido en tan
estrecha comunión, por la faena del trabajo y la semejanza de la virtud, que a la hora de
verse al cuello una garra nueva, la garra del yankee interesado, no menos fiera
que la del español, no sólo han resentido con igual pasión la inmerecida ofensa, sino
que largos meses de provocación continua, juntos abogados y médicos y comerciantes y
tabaqueros, han sabido unir, en la guía de su conducta, a diferencia de los que se les
tienen por superiores toda la dignidad del valor a toda la prudencia del hombre de
Estado. Eso es nuestro pueblo: un pueblo preparado para la libertad. Esas son nuestras
masas, ligadas por la cultura y el trabajo común a los orgullosos de ayer: masas que
mantendrán con brío, y administrarán sin excesos, la libertad.
Los sucesos de Key West parecen haber llegado a tal extremo que, a no darse a los
cubanos garantías totales de imparcialidad y de respeto, por quienes estén fuera de duda
en aptitud de cumplirlas, no pueden nuestras industrias, ni quienes vivan de ellas,
permanecer donde se abate y persigue inhumanamente a sus mantenedores. Tal es la
situación, que el Cayo en masa parece determinado a transportarse a donde se le trate con
justicia. Así el amante, al conocer de súbito el engaño de la mujer en quien tenía
puesta su fe, se arranca, sin volver los ojos, de los lugares donde la vio desleal o
impura. Es una resolución tenaz de todas las conciencias, del dolor de todos, de las
voluntades todas. ¡El pueblo expulso mira otra vez al horizonte, y con sus hijos en los
brazos, con el cielo sobre la cabeza y el mar alrededor, busca un rincón donde la maldad
del hombre no lo deje sin mesa y sin techo! Mira, con desgarrador cariño, el suelo que
él fecundó, las calles que él abrió, la poblada que él levantó, el taller donde ha
llorado de entusiasmo y de ira, la escuela que alzo él mismo a sus hijos, el árbol que
le cubre los venerados muertos. Pero no tiembla, porque la guerra y la expatriación lo
han hecho hombre; no cede a la tiranía, porque tiene la fe y la costumbre del trabajo; no
mendiga al dueño de la tierra ni le sonríe, porque sabe que el dueño vive de él, y no
tiene más fuerza en la tierra que la que le dé el trabajo de los que la habitan. El
trabajador es altivo: sólo es abyecto el perezoso. Bello era el Cayo, pero más bello
será cualquier rincón, con la hermosura que los corazones derramarán en él unidos en
el honor y el sacrificio. ¿A qué lamentar un suceso que ha hecho a los cubanos más
unidos y mejores? Padecer, es triunfar.
Los diarios locales cuentan en detalle aquellos acontecimientos. Las poblaciones de la
Florida se disputan la emigración cubana. Les hacen ofertas pingües de Ocala, donde
puede haber industria y agricultura, y el clima es alto y grato; de Tampa, donde la
competencia española no ha entibiado, sino robustecido, el alma cubana; de Punta Gorda,
que parece asilo apetecible; de Tallahassee mismo, que es la capital pintoresca y sana del
Estado. De manufactureros, comerciantes, industriales y obreros fue la comisión que
visitó la Florida, y en toda ella han recibido especiales obsequios. El Cayo hará lo que
tenga por útil y justo, bien ceda a los que le ofrecen nueva casa, bien oiga a los que al
palpar la consecuencia de su locura pudieran volver a él arrepentidos.
Pero un incidente de suprema belleza merece especial mención, y en el mismo relato
público que el noble Yara hace de él, resalta con la digna sencillez de una hermosa
pagina de historia. La historia no es sólo la narración de los sucesos cruentos de un
país, sino de todos aquéllos en donde se revelan sus méritos y zozobras. Aquél fue el
instante en que quinientas almas, resignadas a vivir lejos de una tierra donde se
maltratan sus derechos y se desconoce su virtud, enviaron a sus viejos, a sus mujeres y a
sus jóvenes, para rogar al hombre acaudalado con quien se emplean, que una sus esfuerzos
a los de sus compatriotas, y los lleve a vivir adonde no se les castigue por amarla. ¡Ah!
¡escena bellísima! Nuestras mujeres, secas del trabajo, en sus tristes vestidos, con
aquellos ojos de resignación y ternura que no se apagan en ellas jamás; nuestros
ancianos, que han visto tanta pena, y la quieren otra vez desafiar, por no vivir ofendidos
y humillados; nuestros mozos, que no entienden que el hombre está vivo sino cuando
devuelve las bofetadas que se le dan en el honor, estaban de pie allí, en la oficina de
la fábrica, delante del hombre que no parece haber olvidado jamás, por gloria suya, la
mesa de obrero donde comenzó su bienestar, que acaso desde hoy tendrá aquel instante, en
que vio tan nobles a sus paisanos, como el mas puro y hermoso de su vida. No se vive del
oro que se tiene en los bancos, sino del que se tiene en el corazón. El tiene allí
tierras, fábricas, poblados, la casa misma que estaba alzando ahora para reposar en la
vejez, y en la que ya no podría dormir tranquilo. Ellos no tienen mas que el jornal que
le ganan. ¡Y de él le ofrecen una parte todos los días que les pague menos, que haya
en sus casas menos pan y vestidos para que con la rebaja se igualen las perdidas, y los
lleven, adonde puedan vivir con honor!
De seguro que se llenó de luz extraña, velada de lagrimas, la mirada del obrero rico;
de seguro que enamorado de su pueblo, echaran raíces nuevas en él el patriotismo y la
humanidad. ¡Así, en el destierro modesto, de que se suelen burlar lenguas impuras, vamos
levantando la república fuerte y pacífica de mañana, no con los vicios y la cobardía,
sino con el trabajo, la pena y el amor!
(2 de Marzo de 1894)
LOS CUBANOS NEGROS Y LA REVOLUCIÓN
En respetuoso silencio, y con amor vehemente por los hombres puros de la guerra donde
empezó Cuba a componer en la concordia y el martirio sus elementos de nación,
reproducimos la carta elocuente de Felipe Santiago Roche a Juan Gualberto Gómez,
rechazando airado, con las palabras viriles de nuestro presidente Spotorno, toda
complicidad, culpable y canija, en la resistencia deshonrosa y parricida al ejercicio de
las facultades de hombre del cubano negro.*
*El párrafo que sigue aquí es de la carta que se
menciona. Fechada en Trinidad el 17 de marzo de 1894, transcribe esas palabras de Spotorno
"escritas a vuela de pluma."
"Me debo a mi patria y combato como antipatriótica, la preocupación que se opone
a la formación de la verdadera unión del pueblo cubano. Mi pasado, mi historia, no los
rectifico: soy hijo de mis obras, y aliento en mi corazón para todo cubano negro y
blanco la libertad y toda la consideración a que es acreedor, en la esfera pública,
toda personalidad."
(31 de Marzo de 1894)
LOS SUCESOS DEL CAYO EN MARCHA
Patria, que ha sangrado, con lo más puro y doliente de su corazón, por la
alevosía increíble de que han sido víctimas los cubanos de Key West, a manos de la
liga, hoy abochornada y dispersa, de los agentes del gobierno de España, y su gobierno
mismo, con el comercio codicioso y demagogos ingratos de Key West, calla aún de
propósito en todo lo referente a los trastornos de Key West, porque no ha menester de
consejo la moderación y dignidad de aquellos hombres, ni debe azuzarse su pena profunda
con alusiones que no la pueden aliviar.
Pero no necesita Patria ocultar los sucesos ya públicos. La ciudad de Tampa ha
acogido a los cubanos con grandes honores, y les ha cedido en sus afueras espacio para
todo un pueblo, que va a llamarse "Cuba." Las fábricas de O'Halloran, Teodoro
Pérez, Manuel Barranco, Nápoles y Fleitas, abandonan a Key West, y con ellos dos mil
cubanos: y Fernando Figueredo, Martín Herrera y Teodoro Pérez, desertando, como tantos
otros, sus propiedades valiosas, se mudan a la ciudad nueva. Los obreros españoles
importados a la fuerza en Key West, en virtud de contrato público con el Capitán General
de Cuba, han apedreado, en unión de los obreros norteamericanos, la misma fábrica de
Seidenberg que los trajo de la Habana y lastimado gravemente, de una pedrada de español,
al capataz y socio que capitaneó la importación, el español Arango. El mismo Seidenberg
publica que estos sucesos han sido "una victoria para los cubanos, y la degradación
de los norteamericanos, producida por ellos mismos." The Equator Democrat,
el periódico que con imperdonable insolencia fomentó el conflicto, e injurió sin razón
a los cubanos por desear su independencia desde un pueblo ya libre, hoy los adula y mima,
les ruega que se queden, para que puedan servir mejor a la independencia de Cuba, les pide
que salven la ciudad. Los obreros cubanos, criados en la. tiranía y el desconocimiento de
todos los derechos, ven con asombro cómo los obreros norteamericanos, nacidos y criados
en la libertad, amenazan a las fábricas cubanas con pedirles trabajo a la fuerza para los
norteamericanos. Los cubanos, en tanto, dejan tras sí cuanto ahorraron y vieron crecer en
el rincón ingrato, las tiendas que levantaron, las casas en que amaron y padecieron, y
sin violar una ley, sin mostrar odio ni ira, sin abusar de su número, sin ceder al
consejo del dolor o el valor, van silenciosos adonde los aguardan con respeto o esperan,
en acerba inquietud, la hora de abandonar la tierra injusta. ¡Todos, con renovado amor,
se juran a la independencia de la patria!
Y del espíritu de esta nueva peregrinación, no hablemos nosotros: hable El Yara, en
el elocuente artículo de uno de sus números últimos, que dice: *
*Informa del "acuerdo definitivo de los siete u ocho
manufactureros cubanos de trasladar sus fábricas a West Tampa," y de
la ida a
aquella ciudad de "mil quinientas o dos mil personas entre obreros y sus familias,
comerciantes y particulares."
(31 de Marzo de 1894)
CAMINO DE KEY WEST
Fermín Valdés Domínguez salió antier por vía de Tampa, donde estará muy pocas
horas, para Key West. Va el noble médico adonde lo llaman, y adonde quiere ir su corazón
de cubano agradecido a las virtudes con que el rincón de Key West, hoy conturbado por
criminal ingratitud, asiló y mantuvo en la hora de soledad y de agonía la f e de la
patria en la redención que le conquiste el brío de sus hijos. Allí donde se pueda
vivir. Pero Patria no dirá adiós a Valdés Domínguez, por ser vana la despedida
a aquellos hombres que, como él, quedan como con vehemente presencia ante quienes una vez
los conocieron, por la altivez de su dignidad, por el empuje de su patriotismo, y por su
nobleza extraordinaria.
(5 de Abril de 1894)
EL GENERAL MÁXIMO GÓMEZ EN NEW
YORK
El jefe amado de cuantos aman la libertad, y temido de los que la persiguen, el general
Máximo Gómez, ha llegado a New York, adonde lo aguardaba ansioso Y agradecido el
corazón de sus compañeros de obra. Tiene la vida, ingrata y caprichosa tantas veces, sus
horas de premio, y así ha debido ser, para el hombre en quien dos pueblos ven su gloria,
la de su llegada a los Estados Unidos en los instantes en que los cubanos honran el día
más puro de la república por que dio él su sangre, del único modo con que es viril y
lícito recordarla: trabajando por su definitivo triunfo. Otro homenaje al 10 de Abril
parecería a semejante hombre indigno de la virtud que se conmemora hoy, y le arrancaría
lagrimas de vergüenza, en vez de las de orgullo que la lealtad y tesón de su pueblo
arranca ahora, sin duda, a sus ojos. Y como sublime saludo a los cubanos, el general trae
consigo a su hijo mayor. Amemos al americano pensador, al guerrero generoso, al tierno
padre. Y al silencio en que desea vivir en estos días, y adonde va Patria a
saludarlo, lleguen, como recompensa a tanta fatiga de ayer, ¡a tanta fatiga de mañana!
la voz calurosa de nuestra gratitud, y las virtudes con que le podemos probar que no somos
indignos del sacrificio que hace por nosotros.
(10 de Abril de 1894)
FERMÍN VALDÉS DOMÍNGUEZ
Llegan ya a Patria noticias del cariño entrañable con que Tampa y Key West
recibieron a Fermín Valdés Domínguez. Las almas que se tenía él ganadas, le han
mostrado su enérgica adhesión. Su palabra, robusta y poco paciente, ha prendido de
súbito en los corazones. Corazón es él. Bien merece "el mar de cabeza? que tuvo
ante su tribuna en el Liceo de Tampa, la honrosa comitiva que llevo en Key West del vapor
a la casa de la sociedad El Fénix, el banquete animado de la bienvenida, la
ovación de Key West en la noche valiente del 10 de Abril, el convite, singularmente
honroso de esos talleres de hombres: la casa de Gato, y la casa de Villarnil. Ya
satisface el alma generosa de Fermín Valdés Domínguez, su deseo mal enfrenado desde
hace muchos años, de vivir, humilde y activo, entre sus compatriotas libres: ¡ya es
libre quien trabaja por serlo!
(17 de Abril de 1894)
MEMORABLE REUNIÓN
Se creyó que el general Gómez nos diría adiós mañana, y en pocas horas se
levantó, alrededor del viajero, una mesa de amigos. Veteranos, jóvenes, desterrados
fieles, gloriosos guerreros de América, se juntaron, en la sala de Morello, a ver de
cerca al visitante amado. La íntima y continua conversación, no deslucida por pompa
censurable ni interés alguno, creció naturalmente a alta plática sobre cosas
americanas, y la constitución de nuestros pueblos, sus peligros y sus capacidades, las
diferencias entre esta época y la de la independencia de nuestras primeras repúblicas,
los puntos en que nuestra tierra se les parece o se desemeja de ellas, las formas concisas
y ejecutivas de la guerra, que no impiden en lo mas crudo de ella la preparación sincera
de la república, fueron asuntos dignos de los hombres que allí los trataron. Espontáneo
nacía de las manos el aplauso cordial, salva tras salva. ¡Vieran aquello los que, por
ignorancia culpable, o ingénita pequeñez, desconfían de Cuba, y de nuestra América!
(17 de Abril de 1894)
NUESTRO ADIÓS AL GENERAL
El General Máximo Gómez, cumplidas las obligaciones que lo trajeron a New York,
vuelve a la isla de Santo Domingo, unida para siempre a Cuba, porque en sus desgracias se
disciplinaron, y se templaron en sus luchas, los caracteres que dieron luego gloria y vida
a nuestra guerra de redención y libertad. Ayer, con los lazos de las letras, eran los
Heredia y los Delmonte: luego, con el lazo del sacrificio común, fueron Máximo Gómez,
Modesto Díaz, Luis Marcano. La ingratitud cobarde pretendería borrar en vano este
recuerdo, que con acentos de viril ternura ha brotado estos días, más vivo que nunca, en
torno al General Gómez, del corazón agradecido de los cubanos.
Días de pura amistad, han sido para el General los que ha pasado entre la reverencia y
solicitud de los hijos de Cuba y de Puerto Rico, que en él ven encendida e inacabable el
alma gloriosa de la patria oprimida, y la respetuosa estimación de los extraños a que ha
llegado ya la f ama de su genio militar y sus virtudes. Apenas, de una ciudad en otra,
pudo reposar, en la majestuosa quietud de la casa labrada con el trabajo del destierro,
junto al compañero, de veras insigne, que al lado suyo, de presidente sabio y firme de
nuestra república vio sereno tantas veces, con la cara a las balas, el combate que
desataba y recogía, de un ojeo de águila, el certero héroe de Dátil, el militar que
jamás, en diez años de tentación, entregó a la patria la espada por la punta, sino
que, en la amargura de la injusticia ajena, prefirió clavársela en el pecho propio.
New York ha llenado de cariño las cortas horas de la estancia del General Gómez.
Tomás Estrada Palma lo recibió en sus brazos, que no se abren para la maldad ni la
tiranía, y departió con él como cuando, juntas la espada y la ley, arrancaban del
Oriente seguro las fuerzas que habían de ir, a paso de gloria, al rescate del Occidente
aprisionado. En Filadelfia, de los veteranos de, Norte América y de la pureza de nuestros
hogares, recibió el General delicadas muestras de afecto. Patria calla las suyas,
por no parecer escasa o lisonjera. Pero cuando en la grandeza de la mar, piense el viajero
contento con justicia de sí mismo, que la abnegación es un placer tan puro como la luz,
y tan profundo como las olas, volverá atrás los ojos, humedecidos tantas veces estos
días por lágrimas marciales, y dirá satisfecho: "No trabajé para ingratos."
(21 de Abril de 1894)
LOS HERMANOS DE
JAMAICA (LA SOCIEDAD DE SOCORROS CUBANA)
A Jamaica hay que ir, para ver como, aun en la nulidad y acabamiento de la colonia
inglesa, que sin su responsabilidad y dominio propio perece en la libertad política
inútil, viven en trabajo y concordia, arando en la vega o torciendo en el taller, de amo
hoy de la tierra, el que fue ayer su bruto, y de tendero ahora el petimetre de antes, los
elementos que más hostiles parecían al observador maligno o burdo en la sociedad cubana.
En aquella tierra de ingleses ¿quien en tesón, cultura y limpieza aventaja a los
cubanos? Y los ingleses ¿viven con sus siervos, no emancipados aún de la barbarie, como
los cubanos entre sí, sin más lejanía que la que pone naturalmente entre los hombres la
diferencia de carácter o de mérito? Ya en el taller está salvada Cuba, y la pobreza y
el amor a la independencia del país han juntado en las mesas del jornal, con natural
beneficio de los más incultos y humildes, al bachiller interrumpido y al hijo del
esclavo. Y en Jamaica, que es como Cuba viva, se ve cómo los hombres de orígenes más
encontrados y diversos se unen y aman en la honradez y creación de la agricultura y en el
amor vehemente a las grandezas de la patria. De Jamaica viene a Patria, y de manos
de Juan Bravo, hombre fundador y caballeroso, esta carta en que se anuncia el
establecimiento en Kingston de una sociedad cubana. *
*Dirigida al director de Patria y con fecha 30 de
julio de 1894, informa de la constitución y propósitos de la mencionada sociedad
benéfica en Jamaica.
(8 de Septiembre de 1894)
OTRO CUERPO DE CONSEJO, EN
CUBACITY
De lo mejor de la sangre patriótica, en viejos y jóvenes, se ha hecho la ciudad nueva
de cubanos en West Tampa, que va a llamarse Cuba-City. Sólo a tener sus casas en
hilera espero para formar sus Clubs; y el 10 de Octubre fue el día escogido para añadir
un Cuerpo de Consejo mas, un pueblo más de veteranos de la guerra y de la emigración, al
Partido Revolucionario Cubano. Los nombres sólo del Presidente y Secretario electos
podemos, por el estrecho espacio, anunciar hoy los nombres del Presidente Cecilio
Enríquez, y el Secretario Gualterio García, tipos ambos, como anciano y como joven, de
cuantas virtudes honran la especie humana.
(24 de Octubre de 1894)
EL ATENEO CUBANO
De Martí-City, que era un pinar hace tres años, escriben a Patria larga carta,
que cede el espacio a la breve y expresiva en que Cuba da cuenta del hecho hermoso de la
ciudad nueva: allí llegamos con nuestra zozobra y nuestra chaveta, con nuestras mujeres
valientes y la maleza por delante, y ya es aquello casa linda, con lucidos muebles, y
escuela gratuita, y panadería de fino, y café honrado, y orquesta, y teatro, y ahora
ateneo donde los hombres, moderados en el trabajo saludable, acudirán, libres, a decirse
sus pensamientos, calentarse a la amistad el corazón, y dar testimonio del mérito
criollo a los canijos de nuestra propia sangre, que por ser polvo y mengua creen que no
tenemos cuajo para más, y a los que de afuera, por ignorancia o injusticia, diesen en
desdeñarnos. El hombre es justo: todo está en enseñársele, con luz en la frente, y
con buenos puños. Es preciso crear y juntarse.
(8 de Diciembre de 1894)