HECHOS E IDEAS
En los artículos mayores de los periódicos, corno en las páginas de los libros,
suelen ir ideas esenciales, que se deben quitar de la envoltura, Y poner, en su pura
verdad, muy delante de los ojos: tales son éstas que deben permanecer y sacamos de los
artículos de Patria.
Dice el puertorriqueño Figueroa, en su jugoso artículo "La Verdad de la
Historia," sobre el curso de la idea independiente en nuestra hermosa Borinquen:
"¿Por qué no triunfo esta vez, la vez de Grau y Coronado, y de Otero y Dueño,
la causa independiente antillana, cuando la opinión pública en Puerto Rico se
pronunciaba tan resueltamente en favor de ella?
¡Ah! porque se esperaba la expedición armada ofrecida por la victoriosa Colombia.
Pero los Estados Unidos de América se opusieron a esa postrera emancipación."
Y más abajo dice:
'Los sargentos Salinas y Santillana, corazones generosos, hijos de Andalucía, que se
entregaron a una noble causa, fueron pasados por las armas el día 6 de octubre de
l840."
Y en otro artículo de Patria se decía:
"Si la revolución es la creación de un pueblo libre y justo con los elementos
descompuestos y aún entre sí mal conocidos de una colonia señorial, la obra
revolucionaria consiste en fundir y guiar todos estos elementos sin que ninguno de ellos
adquiera un predominio desproporcionado, que afloje por los recelos la simpatía de los
demás, o por falta de equidad de los ignorantes o de los cultos, ponga la obra
revolucionaria en peligro." *
* Este pasaje lo tomó Martí de su artículo "La
agitación autonomista" (I, 131), publicado en el segundo número de Patria,
el 19 de marzo de 1892.
(3 de Abril de 1892)
EL DEBER
Ya al cerrarse nuestro número llega a Patria el primero de otro periódico, del
semanario político-social El Deber, que toma, a lo que parece, parte viva en las
diferencias de opinión que ahora agitan a los cubanos de color en la Isla. Afuera no:
afuera los une, con franca hombría, el anhelo de fundar la patria.
De pena habría podido ser la impresión que causase, en un ánimo justo y afectuoso,
la disidencia de procedimientos, que no puede ni debe ser de más, entre liberales harto
probados, y harto honrados, para que se les suponga capaces de perturbar la obra de
redención, la obra de derecho y de porvenir, la obra de aire y de luz, por las vivezas
que levanta en la gente novel la juiciosa pericia, o por los despegos que cría fatalmente
una autoridad prolongada.
Pero el corazón republicano se regocija, se enorgullece el corazón cubano, al ver, al
fin mismo del artículo disidente en que se alude a una asamblea próxima de las
sociedades de color, estas nobles palabras:
"A ella irán los hombres de El Deber y por ella, siempre que la inspire,
como creen, un ideal noble y levantado trabajarán; que al fin son hombres de color,
amantes decididos de todo lo que dignifique y eleve su raza, y no opositores sistemáticos,
reñidos porque sí, con todo lo que no sea obra suya, propia y exclusiva."
(16 de Abril de 1892)
LOS ESPAÑOLES Y LA INDEPENDENCIA
Patria ha empezado a recibir libros. De México, donde se la saluda con cariño
que merece gratitud entrañable, ha recibido uno muy bueno, que no estudia la política
mexicana en la constitución de Suiza, sino en los antecedentes y composición de México.
De Bolivia ha recibido dos: el uno es también de política real, que ha despertado a la
vez, como que tenemos una el alma, en toda nuestra América; el otro es La Vida del
General José Ballivian, en cuya arrogante y heroica persona se fundieron la
aspiración confusa del país a la idealidad republicana del derecho en el trabajo, y el
ente feudal que fue en la América libre el producto inevitable del gobierno extranjerizo
sobre los elementos heterogéneos de población, dispersos, con alma hostil, en vastas
distancias.
Ballivian encabezó un cortejo de guerrilleros que fue a saludar a Sucre: después de
la independencia peleó contra el Perú invasor, porque en nuestra América ha habido sus
invasiones, como las ha habido en la Europa sajona y en la América sajona: después
trató de conciliar el imperio de su persona gobernante con el adelanto y orden de su
país. De todos modos, fue Ballivian un americano representativo.
Al abrir el libro, por el capítulo donde se cuenta su mocedad briosa en la guerra
contra España, en la página de la derecha dice así: "Sano ya de sus heridas, el
inquieto joven se dirigió por el camino de Tiquina donde fue hospedado por un español
Novoa." Y en la página de la izquierda, dice así: "En su calidad de prisionero
concibe y ejecuta en el Cuzco, para libertarse y engrosar con sus compañeros las filas de
los independientes, una empresa peligrosa, que le hubiera costado la vida, sin la nobleza
y generosidad de un sargento español."
(30 de Abril de 1892)
NOTAS Y NOTICIAS
De la muerte del general Jovellar da cuenta así un periódico: "Por el cable
sabemos que acaba de morir este general, que con su administración militar y civil puso
fin a la guerra de Cuba."
No se debió a eso, no, el término de la guerra cubana. Un recuerdo viene a cuento. Se
negó un cubano que pasaba por la Isla con riesgo de la vida a aceptar las ofertas
pomposas de bienestar que se le hacían, por los propios suyos, si decidía quedarse en
Cuba. Y cuando fue a verlo a su escondite un altísimo funcionario español, un español
que lo amaba como a un hijo, éste fue el lenguaje del alto funcionario: "Haces
bien, haces muy bien en no quedarte. Martínez Campos acaba de salir a ver si arregla;
pero ¡quién sabe si la bandera que ondeará dentro de un. año en el Morro será la de
ustedes, o la nuestra!
Ondeó la de ellos. ¡Aún ondea la de ellos!
"¿Y qué clase de gobierno es ése, decía ayer un hombre que ha presidido una
república, que no puede mantener el orden en el país?" Y otro que lo oyó decía,
otro de una tierra que ya ha hecho lo que por las dos islas tenemos aún que hacer:
"Pues si Cuba vive de todos modos en estado de revolución, ¿a qué no declararse
de una vez en revolución por la libertad? El partido revolucionario en Cuba, que quiere
de una vez empezar a fundar, es el partido verdaderamente conservador."
Estos comentarios seguían, en un cónclave de ricos, a la lectura del incendio que ha
consumido en Manzanillo el ingenio "Esperanza," del hacendado Venecia.
"¿Qué queda ya," dice la descripción, "del ingenio 'Esperanza'?: la
tienda y el barracón y el cuadro más triste y desconsolador, donde aparecen amontonados
en espantoso desorden aparatos y tanques y valores de miles de pesos."
Y eso es sólo este próspero ingenio el que ha parecido a los desesperados merecedor
de la quema. A otros de la comarca se les ha leído el decreto. Donde falta el trabajo,
nace el crimen. Donde la miseria es el único premio de la sumisión, el patriotismo
airado se ciega y aloca. Donde no hay maíz para la casa ni zapatos para el hijo, no se ve
con gusto humear la chimenea del ingenio próspero. Manzanillo, por lo callado, parecía
sumiso; y ahora resulta que, también por allá, la finca que quiere seguridad, paga la
guardia que la protege.
¿Y cómo podrá, cuando se una el alma compacta del país y el auxilio exterior
inteligente, cómo podrá resistir el empuje el gobierno que no puede cumplir con sus
simples obligaciones de policía? ¿Y los ricos imprevisores, a qué quieren esa paz
agonizante? ¡Vayan despertando el juicio, para cuando llamemos a sus puertas! Es ya
tiempo de empezar a fundar, de dejar a los hijos algo más que el cadalso, el destierro y
la ruina.
"¡Pues la publicaré!" decía José Antonio Cortina en su bufete de la calle
de Cuarteles a un redactor de Patria, entonces viajero incógnito en la Isla,
enseñándole el prospecto de la Revista de Cuba, todo cruzado de las tachas del
censor. Y levantaba por el aire el papel, y echaba atrás su ademán de desafío la cabeza
hermosa. ¡Ya se venía abajo la guerra, y el mismo que había podido vivir en la ciudad
bajo ella, fundaba la Revista de Cuba para continuarla!
Muy rica fue en materiales la Revista entonces; y muy rica, con el último
número de marzo, continúa siendo en las manos nobles e imparciales de Enrique José
Varona. De lo mejor del número es el juicio del mallorquín Guardia, en la Revue
Philosophique que, sobre los filósofos cubanos, que está entero en las líneas
siguientes: "Ramos hay de las letras, en los cuales el historiador, falto de
materiales en la península, tendrá que buscarlos en las colonias. En filosofía, por
ejemplo, es tan pobre España desde fines del siglo XVI que solo
débiles ensayos podría presentar para la historia del pensamiento libre y original,
porque sus pretensos filósofos son en realidad meros compiladores, copistas o plagiarios;
mientras que la isla de Cuba, único país de la América latina donde se haya filosofado
seriamente en el siglo presente, puede vanagloriarse de haber producido media docena de
filósofos, y una escuela filosófica siempre próspera."
Y es verdad lo que dice el justo mallorquín, porque por la filosofía empezó a
enseñarse el alma libre de Cuba, y es como médula de ella la pasión del pensamiento
directo, entero y propio, que nunca iba tan cerca de las escuelas de moda que acabase en
sombra o zagalejo de ellas. Por esa independencia, no reñida con la sana erudición, se
señaló y caracterizó la filosofía cubana.
Lástima es que yerre el justo mallorquín cuando, sin pararse en las causas políticas
y fatales del silencio filosófico, dice lo de que "en la América latina no se haya
filosofado seriamente" en lo que va de siglo: porque como Varela es cierto que no
presenta nuestra América otro filósofo, pero pensadores de conjunto, que es lo que viene
a ser filosofía, no han faltado a ningún país americano,. y de la afirmación redonda
se pudieran quejar muchos, sobre todo México y Chile, donde ha echado mucha raíz la
filosofía moderna, y aun ha llegado a sus consecuencias extremas. Otro yerro, y de monta,
no por lo que dice de España, sino por lo que dice de las repúblicas, es el de afirmar
que la mayoría de las repúblicas de la América española revelan la perniciosa
influencia de la antigua metrópoli "por su existencia precaria, sus lentos
progresos, y su fratricida anarquía." Es definitiva la existencia de las repúblicas
de América; es rápido y extraordinario, y aun excesivo e inconveniente, el progreso de
las repúblicas que han sufrido menos del poder clerical, o no han tenido cerca al Norte
sajón. la lucha noble de los pueblos por descubrir, en el acomodo de los elementos
descompuestos y hostiles de la colonia a la civilización importada, los métodos
autóctonos y prácticos de la civilización, es una prueba de la tendencia a la realidad
por una parte, y por otra a la identidad, que no se puede, en buen pensamiento, llamar
anarquía fratricida. ¡Por la cuestión del predominio de sus secciones en el gobierno,
con la coleta forzosa de la emancipación, ha vertido la América sajona cien veces más
sangre que para la firmeza de su libertad ha vertido la América latina! Se sabe poco de
estas cosas, y se habla de ligero.
Ni está en los hechos el generoso mallorquín cuando dice que "la revolución
americana había preparado los espíritus para la revolución francesa, la cual a su vez
debía provocar la serie de insurrecciones que terminó con la emancipación de las
colonias españolas." Lo cierto es que, salvo los de menor cuantía, cada país de
América vino criando de siglos, por una serie de alzamientos crecientes, su propia
independencia.
Hasta las páginas de anuncios de la Revista Cuba son gratas de leer, porque
allí se ve, escrita por la mano del español bueno de la Revista Puertorriqueña,
esta justicia a los libros últimos de dos cubanos queridísimos:
"De La Habana hemos recibido dos libros de gran mérito: un estudio crítico y
biográfico del ilustre filósofo cubano Luz y Caballero por don Manuel Sanguily,
y una colección de Artículos y Discursos de don Enrique José Varona .... Uno y
otro libro dan brillantísimo testimonio del claro talento y de la cultura extraordinaria
de sus autores .... Hemos de limitarnos por hoy a declarar que sus citados libros son de
lo mejor que en estos últimos tiempos se ha publicado en lengua castellana."
(30 de Abril de 1892)
SOBRE LOS ENSAYOS POLÍTICOS
Patria busca la virtud, y la pone donde se la vea, aun cuando cause enojo al
virtuoso. Por eso hurta de la mesa de trabajo de Rafael. Serra, de entre un libro de
Antropología y otro de Constituciones, dos cartas valiosas de entre las muchas que le ha
valido su libro de Ensayos Políticos. A la política de interés se le tiene por
acá repulsión, y en cuanto se ve vanidad o ansia de provecho, o se subordina la patria
sagrada a la persona ambiciosa, ya se arisca la noble gente, y clama por la virtud
equitativa y módica. En pro de esta política vive Serra, y escribe con un brío suyo que
se alaba y reconoce. Y no tiene derecho a enojarse de que se le publiquen estas cartas,
porque en una de ellas enseña sus ideas fundamentales, y de plena juventud republicana,
el expresidente Tomás Estrada Palma, y por la otra muestra el alma caritativa, y de pocas
paces con la soberbia e inmoralidad, el maestro afable y organizador de Tampa, el cubano
puro que adorna su raza y adora a su país, Joaquín Granados.
(28 de Mayo de 1892)
TAMPA Y CAYO
HUESO (DE LA REVISTA ILUSTRADA DE NEW YORK)
Deuda grande y cariñosa se contrae con los que, sin más aliciente que el amor a la
justicia, reconocen, en este mundo de cautela e interés, el mérito de las virtudes que
combaten en el rincón de la amargura por el triunfo de la equidad entre los hombres; y
grato corno es el conocimiento propio de nuestra virtud, de la virtud de nuestro pueblo,
los alientos son más, y el orgullo, cuando ésta es de público reconocida, y celebrada
en páginas de honor, por el periódico que, con el alma vasta y previsora de la América
nueva, llega, solicitado y querido, a cuantos anhelan, por la lógica histórica y la
seguridad futura, dejar la llave del continente, las Antillas libres, en la familia
hispanoamericana; a cuantos, con el corazón de 1810, aman en nuestra América, y han de
ayudar, la lucha por la independencia antillana, que no es, ni más ni menos, que la lucha
por la independencia continental; a los pensadores todos, y los hogares de las repúblicas
de la América latina.
Honra de veras a los que celebra la Revista Ilustrada de New York, escrita con
el entusiasmo e idea de conjunto indispensables a las grandes obras, y administrada con
habilidad y fortuna que en nada ceden a las de la más feliz empresa norteamericana, y
aun, por la dificultad de los muchos países y de los hábitos, puede decirse sin
exageración que las supera. Y al adornar hoy a Patria, con el noble artículo
"Tampa y Cayo Hueso" y los grabados que con él nos permite la Revista
Ilustrada usar, cúmplenos ofrendar aquí al periódico generoso, a la primera de las
revistas americanas de hoy, el cariño de los cubanos agradecidos.
(4 de Junio de 1892)
LOS EPISODIOS
Publica hoy Patria el primero de los "Episodios Históricos" que
escribe, con la pluma que firmó nuestras leyes y nuestros partes de combate, un cubano
que pone hoy, en la obra unida del Partido Revolucionario, la misma briosa impaciencia, el
mismo heroico fuego de los padres de Yara. Basta ver, decididas y altivas por las calles
del destierro, estas cabezas nobles; basta conocer el tesón con que sacuden y alimentan
desde el destierro preparado, el alma revolucionaria del país; basta ver centellear en el
marcial estilo de estos "Episodios" la indignación que refrena en vano ante la
larga esclavitud un hombre libre, para conocer que no están lejos los días en que
volverá a levantar, el polvo de las calzadas la caballería libertadora.
El primer "Episodio," es una solemne y oportuna lección. *
* Se titula "Los holguineros y la contribución en
1868"; está firmado por "Un veterano."
(18 de junio de 1892)
CUBA EL PERIÓDICO NUEVO
Con este nombre, símbolo sobrio de todos nuestros esfuerzos y esperanzas, con este
nombre, saludado por tanto bravo al caer, va a publicar en Tampa Ramón Rivero y Rivero un
periódico semanal. Y quien conoce a Rivero, quien lo sabe capaz de grandeza, incapaz de
odio ni malignidad, puede tener por cierto que sólo publicará el periódico lo que sea
digno de su sagrado nombre.
Cuba no es sólo un rincón hechicero de este mundo, donde la hermosura de la
naturaleza contempla absorta la infelicidad humana; Cuba es el grito de nuestras
entrañas, la palabra de paso de nuestra vida, el sol en el destierro, y nuestra fuerza y
honor; Cuba es para nosotros el nombre de la virtud y de la libertad.
Ramón Rivero y Rivero es digno de llevar la pluma en periódico de tal nombre. El,
hijo de la emigración, llega a lo más alto cuando piensa en su tierra, o habla de ella.
El, por Cuba, desoye su interés, y acalla sus pasiones. El es de los que, de pie entre
las cenizas, tiene siempre bríos para amasarle con ellas cimiento al templo nuevo. El no
es de espuma y nube, sino hombre de lucha, que saca vencedor por sobre el enemigo al ideal
amenazado. Y de él espera Patria en Cuba sagacidad, energía y nobleza.
(21 de Enero de 1893)
DE YARA AL ZANJÓN. LlBRO NUEVO
Con este libro se va a aumentar, según dice una carta habanera, la literatura de la
revolución; y ha de abundar en datos de interés, porque lo ha escrito uno de los hombres
que, en la alborada de la vida, todo lo pospusieron al soberbio goce de pelear a cielo
libre por la emancipación de sus hermanos. Esos diez años se elevaron en la vida, de
modo que no es posible sacudirse la luz de ellos, y la narración de aquellas privaciones
y glorias, que recuerdan las de Washington, triunfante al fin en Yorktown; las de Páez,
que sacó a España de América en la segunda guerra; las de Juárez que con sus treinta
inmaculados echó al fin un imperio a la mar, brillará con el fuego de la vida en las
páginas de un historiador que compró con su sangre en la pelea el derecho de hablar de
ella, de Enrique Collazo.
(21 de Enero de 1893)
DESDE YARA HASTA EL ZANJÓN
Se ha leído con avidez y agradecimiento el primer libro cubano donde se narran en
orden y conjunto los sucesos de la época armada de la revolución; el libro vigoroso y
sincero que con el título Desde Yara hasta el Zanjón ha publicado en la Habana
el comandante Enrique Collazo. Una onza de oro que cargaba en un pequeño portamonedas
salvo un día en compañía la vida del cubano útil que, con la misma mano valiente que
recogió la bala deshecha contra su corazón, escribe hoy, sin pompa ni disfraz, los
hechos revolucionarios de que a su juicio se desprende la necesidad de dar a la guerra de
Cuba una organización ejecutiva, que bien se puede conciliar con las garantías y
prácticas esenciales al crédito de la guerra, dependiente de la buena política y
organización real y eficaz de la república. Patria aborrece la lengua inútil, y
celebra el estilo entero que, como el del libro de Collazo, fía su interés y hermosura a
la firmeza y verdad del pensamiento. Largamente tratará Patria de la obra donde se
cuentan con suficiente estudio, y sin más pasión que la de un convencimiento leal, los
comienzos desordenados, y por eso fatales, de la guerra de Yara, la presidencia amarga y
trágica de Carlos Manuel de Céspedes, el gobierno de Salvador Cisneros Betancourt,
ahogado en las Lagunas de Varona, la limpia y breve administración de Juan Bautista
Spotorno, el esfuerzo cívico y extraordinario del presidente Tomás Estrada Palma, y las
negociaciones de la paz; de una paz útil, al fin, puesto que por ella se ha probado que
la revolución es superior a sus yerros, y que en sus miserias y grandezas creó hijos
sagaces que, al verla renacer, procuran, según su honrada luz, señalar el camino por
donde sería más fácil su victoria.
(14 de Marzo de 1893)
EL YARA*
Hay tanta cobardía en el aplauso lisonjero, dado a hora interesada por quien en su
persona e ideas pudiera beneficiar de la lisonja, corno en negar el aplauso justo a quien
de sobra lo merece, por el miedo de parecer parcial con los de la casa propia, con los que
han dado pruebas excepcionales de la virtud y tesón con que se fundan los pueblos del
"valor del león" que, al decir de un buen juez, "es la primera de la
virtudes." Y al ver Patria llegar a su mesa, en la fuerza y hermosura de sus
tipos nuevos y tamaño mayor, el único diario de los cubanos en el destierro fatigoso y
pobre, al libre Yara de Key West, se nos sale del corazón un justo grito de orgullo, y
enviamos por sobre la mar la palabra de hermanos.
En la fatiga de crear, de juntar lo que tenemos, de salvarnos de los obstáculos,
algunos de naturaleza increíble, que un enemigo corruptor pone en nuestro camino, no ha
tenido el redactor de Patria que tenía sobre sí esa obligación, tiempo para
poner donde se la vea la historia de ciertos hombres de singular valer que hasta hoy
llevan escrito más de su vida con sus obras, que con las palabras en que las han de
grabar los cubanos agradecidos. De la república del Cayo, por ejemplo; del Cayo informe
al principio, agregado luego en conjunto social, glorioso siempre y a veces sublime; de
los hombres directos, radicales e invictos del Cayo, que de la masa confusa del
patriotismo emigrado y la levadura a menudo envenenada de la Habana infeliz, han levantado
una ciudad de hogares, de escuelas, de liceos, de fábricas, de templos nuevos de amor y
razón, no ha podido Patria contar, para ejemplar de nuestro país y enseñanza de
los que desconfían de él, los méritos que conmueven con justicia a cuantos en el valer
original de los cubanos en condiciones desfavorables u hostiles, ven la prueba de la dicha
futura de Cuba en condiciones normales y amigas. Patria, entre otras, contará un
día la vida útil y enérgica y los singulares servicios del cubano de Key West: del
director de El Yara, José Dolores Poyo.
Hoy rinde de pasada este tributo al desinterés, a la firmeza, a la independencia, a la
lealtad de un hombre que, sin más caudal que su indómita hombría y la familia culta y
resignada que lo adora, ha levantado, en un puño de tierra herido a veces por fieras
pasiones, el diario de la libertad que en mas de una agonía se sustentó del pan que el
padre valiente quitaba a sus hijos. Sólo quien sabe de periódicos, y de lo costoso del
desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la
prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre en
una ciudad ambulante e insegura, en un cayo de arena. Se piensa en el luchador que,
cubierto de polvo, se alza del golpe que pareció mortal, y acomete con más fuerza y
bravura.
* Se reproduce aquí este trabajo porque, a pesar de haber
sido incluido en el libro Cuba (La Habana, 1919), tomo XV de las obras de Martí
recopiladas por Gonzalo de Quesada y Aróstegui, y de que un pasaje del mismo aparece
citado en el libro Martí Periodista (La Habana, 1929, p. 92), de Gonzalo de
Quesada y Miranda, no lo han recogido las otras colecciones de obras completas publicadas
hasta hoy.
(24 de Marzo de 1893)
VOZ NOBLE Y AMIGA
Cuando Bolívar y Páez, a principios del siglo, quiso Venezuela echar a España de
Cuba y Puerto Rico; y los Estados Unidos no quisieron.
Cuando Céspedes y Agramonte, Venezuela mandó a Cuba héroes suyos a morir; y más
hubiera mandado, y nos abrió sus casas, y empezó a armar su juventud: y si no nos dio
más, no fue culpa de Venezuela.
Cuando a las puertas de las colonias miserables donde no se ha secado aún la sangre de
los héroes cubanos, le disponen meschianzas y lisonjas, en la colonia que se alzó contra
la metrópoli, a una corona que pasa, a la representación en la América libre de la
España que veja y corrompe a Cuba y Puerto Rico, se alza en Las Tres Américas
la voz generosa de un venezolano en cuya vívida elocuencia, como el arco iris de la
cumbre, resplandece el alma americana, la voz de Nicanor Bolet Peraza, y propone que las
diez y seis colonias que se emanciparon de España a sangre viva, y mucha sangre, rueguen
a España que emancipe de su voluntad a las únicas colonias que le quedan en América.
¡Y lo rogarían sin duda, si hubiese tiempo para ordenar la súplica, y España ideal que
la escuchara!
Cumple aquí, corno hermanos, sacarse del corazón toda la gratitud de Cuba a
Venezuela, la memoria profunda de la hospitalidad que al pie del Ávila hallo nuestra
desdicha, el solemne amor a los venezolanos que dieron su sangre por Cuba, y saludar con
ellos, en silencio y esperanza, al amigo que a la hora de la fiesta de América piensa con
amistad y dolor en los únicos pueblos que no pueden, sin verdadera villanía, tomar en
ella parte; en los únicos pueblos que no pueden danzar en el cortejo, porque sería
danzar sobre su propia sangre; en Cuba y Puerto Rico. ¡Se nos queda en el alma la caridad
del noble venezolano!
(1 de Abril de 1893)
BOCETOS, APUNTES Y EPISODIOS
¿De qué, sino de la abundancia del corazón, habla la lengua? ¿Por qué habla Cuba
tanto, y por todas partes a la vez, de sus días de heroísmo? ¿Cuándo se habla de los
padres ausentes, sino cuando se piensa más en ellos? Ni ¿quién osa tachar al cubano de
cobardía e ingratitud, cuando consume ávido, y paga largamente de su pobreza, cuanto le
loa o recuerda la bravura de los hombres que salieron a morir por su redención, que con
el agua del monte y el calor del combate se curaron las heridas, que en el respeto de la
muerte continua se disciplinaron el carácter para la equidad e indulgencia con que se
aseguran las repúblicas? De seguro que la Isla ha releído ya, con el mismo entusiasmo
que Patria, las cartas donairosas en que Félix Figueredo cuenta las hazañas de
nuestros Maceos, y ahora reimprime el Centro Editorial de Luis Lagomasino como el primer
cuaderno de los Bocetos, Apuntes y Episodios, con el nombre de "Episodios de
la vida del Mayor General cubano José Antonio Maceo y Grajales." ¡Y aun está
viva, fuerte y generosa, la mano que realizó todas aquellas hazañas! ¡Aún late entero
aquel sereno corazón!
(23 de Septiembre de 1893)
LOS POETAS DE LA GUERRA
Los Poetas de la Guerra es el primer volumen de la biblioteca de Patria.
Ya está al salir a luz. Debió estar pronto el 1 de octubre, y no ha podido ser. No es un
libro de comentarios sobre los poetas, en que más que a ellos, se vea al comentador: son
los poetas mismos.
Un hombre de los diez años, pronto a volver a empezar, estaba una noche del verano
último, en un portal de pobre, recordando, bajo el cielo sin luna, los muertos de la
guerra, y las batallas y los cantos. El que blandió centelleante acero, recitaba con
piedad nuestros versos tristes: se escribió aquello, y se hizo un tomo, el primero de la
colección de los poetas de la guerra. Allí están nuestros gemidos, y nuestra altivez, y
nuestros albores: allí Miguel Gerónimo Gutiérrez y José Joaquín Palrna, y "El
Hijo del Damují" y Luis Victoriano Betancourt, y Ramón Roa y Francisco La Rúa:
allí lo más popular y sentido de la poesía escrita de nuestros diez años. Cada poesía
lleva su historia. De aquellos tiempos, nada se ha de perder. Este es libro del corazón,
que va a ser muy amado.
(6 de Octubre de 1893)
HISPANO-AMÉRICA
Con todo el fuego del liberalismo americano, y en un estilo que tiene del látigo de
Montalvo y el oro de Santiago Pérez, está escrito el número primero de Hispano-América,
el periódico que empieza a publicar en Nueva York, ayudado de noble gente joven, el
colombiano Vargas Vila. Es el número todo de idea nueva, y de cólera justa, contra el
sistema feudal, por las entrañas y por la cabeza republicano, que en algunos pueblos de
América, más guiados de ideales confusos que del raciocinio, estorba aún la
composición definitiva de su sociedad heterogénea y apasionada. Pero en la misma
indignación de Vargas esplenden las virtudes y bríos que, donde sea necesario, darán
con la vejez en tierra. Él quiere hombres de equidad que tengan fe en su país, que no lo
entreguen a la codicia del extranjero: notable y de enseñanza es el artículo de Vargas
sobre Santander, el político grande y previsor, culto y real, de la primera república
colombiana. Es de hermano el artículo sobre el poeta desterrado, Alidio Díaz Guerra. En
líneas que restallan, procesa a los americanos traidores, enemigos del derecho humano,
que en todos los pueblos salen siempre a buscarle a su país amo de fuera que le pague la
servidumbre y villanía con la conservación de sus privilegios sociales amenazados. Alaba
y publica el cuadro de un artista cubano, Salvador Presas. Y después de leer a Hispano-América,
se dice de su redactor, como en este hermoso número dice el elocuente César Zumeta, de
Pérez Bonalde: "En cuanto a hombres, sólo amó él a los grandes y a los
buenos."
(13 de Noviembre de 1893)
PATRIOTISMO. LIBRO
NUEVO DE GONZALO DE QUESADA
"O serás lo que has de ser," decía San Martín, "o si no, no serás
nada." Lo que se tiene en el alma y la posee ha de echarse de ella, o el alma se
ahoga. El que vive contra sí, no vive. Cuando la patria padece, humillada y en ruina, sin
prosperidad más que para la indiferencia o la deshonra, un hombre sincero sólo puede
escribir de la humillación que ve. Mientras los nuestros no viven con honra, todo
entretenimiento o idea que no sea para el bienestar de los nuestros, es una traición. Eso
primero, y luego lo demás. Por eso Gonzalo de Quesada ha traducido, con mano vibrante,
los episodios de la guerra francesa que, íntegros o acomodados, reproduce en su libro
nuevo: Patriotismo.
Por su misma virtud era el tema difícil, porque los sentimientos nobles, de no ser
usados a tiempo y con medida, pierden fuerza y dignidad. Pero Gonzalo de Quesada ha
esquivado el peligro con rara delicadeza: y no es su libro el vano convite a un
espectáculo sangriento, sino discreta y hábil serie de cuadros en que brillan, con luces
rápidas, las virtudes y glorias creadoras de la guerra. Cada cuadro es como un poema,
escrito de mano mayor, por quien sangró o vio cerca la sangre. De Daudet y de Nadal hay
en el libro dos joyas: "El Niño Espía" y "Presenten Armas"; y todo
lo demás es de hombres nuevos, que hablan con la suprema elocuencia del actor o del
testigo: "Ardid de Guerra" es de Edmond Théry; "El Capitán Landry"
es de Boussenard; "El Coronel Maillard" es de Nousanne; "La Carta del
Herido" es de Borderie; "El Regreso" es de Nihilus; de Brethous es
"Alma Humilde," y "Una Falta" es de Eparbes. Pero al libro le viene
belleza nueva y una del pensamiento que movía al traductor, que supo hallar en estas
varias obras la idea común, y verterlas en un estilo sobrio y ágil, lleno de carácter y
acción. Ni coloretes, ni repujos, ni castañuelas hay en el lenguaje de este libro de
Gonzalo de Quesada. Se tiene un fin, y se va a él. Sin fin, no hay estilo. Escribir es
sentir. Por acá y por allá asoma el francés, como que son de Francia los temas y
modelos; pero es el descuido de la sinceridad y el arrebato de la idea, no el injerto,
violento o pedante, en la lengua castiza. Chispea y chischea el sable en el estilo: las
descargas estallan: suena, seco, el tiro del rifle.
La guerra de Francia, en lo privado y humilde, pasa, a marcha ligera,
por el libro todo. Cada cuento es un mérito desconocido, gloria ignorada
o inolvidable escena. En uno los oficiales franceses, alguno ya con una
sola mano, entierran la bandera en un jardín. En "Presenten Armas" el
general saluda a su hijo, muerto a sus ojos en el combate, y manda el
"ataque a la bayoneta." Un sargento sale solo con su caballo, a ver si
es verdad que el alemán anda cerca, y vuelve con el aviso salvador, a
morir a los pies de su comandante. Un capitán, en la reacción de su
primer miedo,
carga con cinco hombres a los alemanes, que huyen como si tuvieran un ejército a
retaguardia. Un turco, de entre una nube de balas, desafía y sujeta a tiro, a dos mil
bávaros. Cae sin vida un militar inválido que oye afuera, desde su sillón inútil, los
disparos del combate. Sale a acabar con honra, peleando, el padre espantado de un niño
que le sirvió al alemán de espía. Un jefe imprudente, que llevó<5 al ataque y la
derrota a sus soldados, se hace fusilar por ellos. No tiene mas que cuchara de palo y
tenedor de hierro una pobre campesina, pero guía en salvo entre balazos a los soldados de
su patria. Engañado, por el amor cae un árabe en manos del Sheik que le ofrece la vida
por la traición: y él da la vida. Muere en el hospital de sangre un oficial que amó con
respeto a la mujer ajena, y ella va, valiente, a acariciarle la mano moribunda, y a la
vuelta los alemanes la matan. Un maestro de escuela vuela, a campo raso, a avisar al
francés que el enemigo está en su pueblo. Un soldado, que se casó después de sus
guerras, oye el cañón de Alemania, deja a su mujer, pelea otra vez, y vuelve de la
guerra. Así, realzado el artístico libro con láminas bellas, desfila ante los ojos la
bravura y desinterés del alma humana.
Por la idea viril, por la unidad y vigor del lenguaje, por el concepto firme que
presidió al libro y en él se realiza, merece alabanza y cariño el libro Patriotismo
de Gonzalo de Quesada. Una frase del General Máximo Gómez, con la lección de Francia
luego de Sedán, le sirve de proemio sobre el "perpetuo ejemplo de cuanto vale la
virilidad en los pueblos." La primera frase del libro es ésta: "Pudo más que
el patriotismo entusiasta, pero desinteresado, la fuerza disciplinada, y previsora."
Esta es la frase última: "El brazo que queda en Prusia, pues bien, cuando Rolando
sea grande, él lo irá a buscar." Y el libro entero está en las palabras con que
empieza y que lo resumen: "Ala juventud cubana: conquistar patria es, nuestro
deber."
(28 de Noviembre de 1893)
EL
MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN CUBA. EL GRAN OSARIO DE ESPAÑA
Con esos expresivos títulos publica El Universal de México un artículo que
reproducimos al pie, no sólo por el hecho de que no se le tachará de exageración,
puesto que la mano distinguida que lo escribe, y aboga por la emancipación de Cuba, es de
las que desconocen cosa extraña e injusta en el México de Hidalgo y de Juárez los
propósitos americanos y el fuego rebelde de la revolución de Cuba, sino porque por ese
artículo respira la opinión de mucho español sensato, libre ya de las complicidades de
la colonia, que sólo ve vergüenza nacional, agonía financiera e incentivo continuo a la
corrupción del carácter español, en la posesión violenta de España en Cuba.
Pudiérase justamente, en diario que se publica merced a la sangre que
vertieron en
campos y cadalsos los mártires de la guerra contra España, hallar tibieza en el hecho de
que los esfuerzos de Cuba por obtener su independencia, y robustecer con ella y su
establecimiento próspero en el crucero del mundo y a la boca de Norte América la familia
hispanoamericana, sólo arrancan a El Universal el dictamen de que "no dejan
los cubanos de encontrarse en lo justo al hablar . de lo que le cuesta soportar el yugo de
la metrópoli."
Pero Patria no levantará nota de ese error americano, por no ser ése hoy su
objeto, ni dar importancia suma al abuso literario que en ese artículo tiene cumplida
muestra, de la política que usurpa el nombre de científica y es un resorte rudimentario
del estado social, ajeno a México por cierto, que produjo en filosofía a los discípulos
ligeros y segundones de Schopenhauer, en literatura a la triste familia de Stendhal y en
política al duque de Morny. La ciencia verdadera de la política esta en regir a los
pueblos y ayudarlos a regirse, conforme a la naturaleza humana inevitable al grado de
desarrollo de ella en el país y época en que se ha de resolver el conflicto, y a las
semejanzas, antecedentes y condiciones peculiares del país. Lo demás es teocracia nueva,
y metafísica positiva, que expone a los hombres a pensar contra su patria, contra su
continente y contra la justicia *
* Transcribe el artículo de El Universal. Entre
otros, debió molestar a Martí el siguiente pasaje que se refiere al conflicto de Cuba:
"¿Cómo se deshace este nudo gordiano? La ciencia dice que aflojando lazos que
estrangulan; las pasiones afirman que cortando el lazo."
(5 de Diciembre de 1893)
LA REVOLUCIÓN EN PUERTO RICO
¿Qué ha de hacer un pueblo que se ve expulsado de su propia tierra? ¿Qué ha de
sentir? ¿De dónde arranca, a más de sus raíces continuas, el sentimiento actual
revolucionario de Cuba, sino de la ocupación de todas sus fuentes de existencia, de todos
sus cubiertos en la mesa, de todos sus asientos en el taller, de todos los beneficios
privados y públicos por la horda creciente de los españoles que rebosan de España pobre
e inútil? ¿Quién es el ciego que no ve? Y con esa alma se alza Puerto Rico. Véase lo
que dice en La Democracia de Ponce, el valeroso Luis Muñoz Rivera; que no ha
sido por cierto hasta hoy defensor desbocado o imprudente, sino tan juicioso como viril,
de las libertades de su patria. Dice así:
"Ya salió en el periódico oficial una nueva hornada de guardias y escribientes y
porteros y depositarios, conforme a las circulares del gobierno. Y no ya sólo a los cabos
y sargentos se coloca, sino también a los voluntarios y hasta a los particulares.
El sistema es magnífico aunque retrogrado.
Las juntas municipales de 1840, tenían mayores facultades que los ayuntamientos de
1893.
El gobernador es muy cortes, o muy tratable, muy fino, pero nos obliga a retroceder lo
que adelantáramos en media centuria.
Palacio componteó al país; Dabán lo ñangota.
En estas tierras americanas tal parece que debe esperarse siempre lo anormal y lo
arbitrario.
No hay derecho para que el general nombre a los empleados de los municipios; pero los
nombra y ¡silencio en las filas!
Ya basta que dejen a los hijos del país las vacantes desiertas; las sobras y
las migajas del banquete presupuestífero.
¿Qué más pretenden los parias que no supieron nunca conquistar lo que les pertenece?
Una escritora gallega, Rosario de Acuña, dijo un día en magistrales versos:
¡Libertad, libertad! ¿La quieres, Roma?
¡Pues eso no se pide, eso se toma!"
Pero Rosario de Acuña, si Patria no recuerda mal, no es gallega: es cubana.*
*Según la oda que le dedicó (XVII, 119), Martí no sabía
que Rosario de Acuña había nacido en Madrid.
(6 de Enero de 1894)
DESDE BOLIVIA
La América, en verdad, es nuestra. Ni nuestra inexperiencia en la guerra anterior, y
confianza pueril en pueblos menos amigos, pudieron enajenárnosla; ni puede nada, contra
la intuición americana, contra la sangre de las venas, contra el consejo del pensamiento
continental, la trama, ya caída, del interés de los vapores, de compañías más
políticas que comerciales, y el señuelo de las Academias. Por lentejas no se venden
todos los americanos. Una cosa es ver con gusto a la abuela desdentada en la casa propia,
y otra perdonarla, cuando con brazo brutal, ahoga a una hermana a nuestras puertas.
Cortesía es una cosa, y verdad otra. Para que nuestra América sea libre, y toda la
América feliz, Cuba ha de ser libre. Pero no es el indudable interés político, y de
especial vitalidad para los países más vecinos, lo que mueve la simpatía por Cuba en
las tierras americanas. Es la ley de la honra, que manda aplaudir en el de nuestra sangre
la virtud que nos pareció santa en los nuestros. Patria no bastara, sí hubiese de
reproducir cuanto sobre Cuba, y su independencia necesaria, escribe América; pero no
debe quedar sin saludo, ya que viene de tan lejos, el voto con que los Ecos Liberales
de La Paz, Bolivia, terminan su recuerdo elocuente de Plácido:
"Recordamos hoy al dulce poeta cubano, para que su memoria sea bendecida por todos
los que defienden la libertad y la justicia.
¡Ah! ¿Brillará, al fin, el sol de la independencia para la hermosa patria de Valdés
y Céspedes?
La perla de las Antillas, ¿será la única cautiva en el suelo libre de América?
Pobre Cuba, confía y espera, que no ha de ser duradera tu esclavitud. ¡La
Libertad vencerá al fin!"
(8 de Septiembre de 1894)
LA VERDAD*
Allá, en aquel octubre que lo fue en Cuba de veras, el sesenta y ocho, porque las
almas iban como ligeras y limpias, a semejanza de la tierra cuando la ha saneado el
temporal; en aquel octubre en que los abogados pomposos que sólo querían en Cuba la paz
de las reformas, llevaron a sus hijas al teatro de Villanueva con la estrella en el
cabello suelto, y se echaron a pie de la carroza para seguir, sombrero en tierra, el
cadáver de un herido de la revolución; en aquel mes que mudó hombres, como cualquier
otro mes los volverá a mudar, no había en la Habana hora más ansiosa y bella que la de
leer el primer periódico franco del país. La Verdad era el periódico. Se lo
arrebataban las gentes. En hilera esperaban a la puerta de la imprenta por él. Los niños
trémulos, que mañana alzarían del polvo la idea que los cansados o flojos dejasen caer,
iban, como a un templo, a ver salir de la prensa el papel húmedo, allá en la accesoria
pobre donde se imprimía, cerca de la Calzada de San Lázaro. Y a su casa todo el mundo
llevaba el pan, y La Verdad. Ahora va a publicarse en New York con este nombre
otro periódico cubano.
*Aparece en la última parte de la sección "En
Casa" del número 129 de Patria
(15 de Septiembre de 1894)
HISTORIA
VIEJA Y NUEVA. LA HISTORIA DE PUERTO RICO DE SALVADOR BRAU
De nuestra América falta aún mucho por saber, y cuanto de ella sale a luz prueba
cuán mísero fue, cuán rachero y desnudo, cuán abandonado y casual el fundamento de los
pobres pueblos que de aquella sangre y torpeza, de aquellos molosos y arcabuces, de
aquella codicia y persecución se levantan, a saltos y tropiezos, hasta el libro y las
máquinas, y el hábito y respeto que ordenan el mundo. Por España anda buscando datos
nuevos para su Historia de Puerto Rico el americanista Salvador Brau, que de sus
indios lo sabe todo ya, y lo ha escrito en su español jugoso y castizo, y ahora estudia
en las fuentes la historia colonial, que siempre, torva e incapaz, fue como hoy.
(26 de Enero de 1895)
NUESTRA AMÉRICA
Nicanor Bolet Peraza es de la patria de aquel Páez épico que esperó en vano la orden
de atravesar la mar, y con sus llaneros indomables arrojar de Cuba la tiranía; Bolet
Peraza es de aquella Venezuela que se encendió de entusiasmo cuando los cubanos acudieron
a pedirle socorro para la libertad, que le dio jefes valerosos Y soldados leales. ¿Por
qué entonces ha de extrañarse que su elegante revista sea una voz de simpatía para la
tierra que enclavada en el centro del continente es como su corazón que late y siente por
todos los de su sangre, y que le servirá mañana de centinela y salvaguardia?
El último número de Las Tres Américas es prueba de esa fraternidad
continental que ha de tener su vínculo más seguro y decidido en la futura República de
Cuba. Brillan en sus páginas la colaboración del distinguido escritor, amado de todos
los hispanoamericanos, Ricardo Palma, y los más cariñosos recuerdos de su reciente viaje
son para Cuba, la cuna de Joaquín Palma, "el caballeroso poeta que ha resuelto vivir
y morir lejos de su tierra, mientras ésta no sea una nacionalidad en la comunión de los
pueblos americanos," de Pedro Santacilia y Rafael María Merchán, "también
voluntariamente proscritos, el primero en México, el otro en Bogotá." Así habla
Palma en sus impresiones literarias; así afirma de nuevo la gallarda ayuda, la noble
simpatía de los compatriotas de los Prados, de aquel Perú que no nos dejó solos en la
hora de nuestra agonía; que nos dio dinero, cápsulas y afecto; que nos proclamo
ciudadanos y hermanos, que saludó nuestra bandera:
"A poco de dar Céspedes, en Yara, el grito de independencia, gobierno y pueblo
peruanos dieron palmaria prueba de sus simpatías por tan noble causa, con el hecho de
reconocer el primero la beligerancia de los cubanos, y el segundo con enviar a los
patriotas de la Gran Antilla nada mezquino óbolo de dinero. El injustificable
fusilamiento del poeta Juan Clemente Zenea arrancó indignado lamento a la juventud de mi
país, y cúpome en suerte escribir, por entonces, un articulo, que alguien supo
popularizar. ¿Qué mucho, pues, que los literatos autonomistas, a mi paso por la Habana,
me tratasen con el afecto que se dispensa a los que, por la idea y el sentimiento, están
ligados a la misma comunión? De la autonomía a la independencia no hay gran trecho de
camino. Por algo se empieza. C'est le premier pas qui compte."
¿Y que podría expresar con más sobriedad y energía la condenación de la tendencia
suicida y materialista de la anexión que este párrafo candente?
"Hay en Cuba un partido, pequeño es cierto, pero que hace activo trabajo de zapa:
el anexionista. Antes de convenir los cubanos en que la estrella solitaria se confunda
con la constelación de estrellas, deben preferir su manera de ser actual. Yugo por yugo,
yo, cubano, al de España me atendría, que tal resignación no implica desesperar del
mañana. El anexionismo mata hasta la esperanza. Pueblo que aspira a la libertad, a tener
vida propia y dejarse de vivir mendigando derechos, se hace simpático para los que
disfrutamos de aquellos bienes; pero la simpatía se convertiría en desdén si ese pueblo
se lanzara a la lucha sólo por cambiar de dueño."
¡Los cubanos que mendigan ya son muy pocos, los cubanos que cambiarían de dueños son
más escasos aún; los cubanos aspiramos a la libertad, a la vida propia, los cubanos no
tardaremos, desinteresada y sublime alma cubana, a volverte a pedir!
El hijo de Cuba puede pedir. Cuando se pide para la dignificación humana no es
deshonra. Es justo y agradable dar cuando el que pide se ha desprendido él mismo de
cuanto pudiera por enriquecer o mejorar a sus semejantes. El cubano agradecido ha
intentado pagar con su laboriosidad y virtud la deuda de hospitalidad que contrajo durante
diez años de cruel destino.
En las mismas Tres Américas, con un fino grabado que revela la magna obra, se
cuenta del muelle de acero de 4,000 pies que engrandece hoy a Barranquilla, y que se debe
al jefe expedicionario dichoso, el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros. ¡Triste
suerte la de un pueblo como el cubano que ve alejarse sus hijos fuera del suelo natal, y
llevar a feliz termino empresas colosales! Así habla el periódico de ésta, debida a un
cubano que peleó por su patria y que es buena muestra de la rara capacidad del antillano
de reunir y combinar la exuberancia de la fantasía con la exactitud y habilidad practica:
"Esta construcción es una de las más atrevidas que en la América del Sur se hayan
realizado, y no es poca gloria para nuestra raza el que sea un hispanoamericano quien
presente resuelto en la practica un problema de ingeniatura que había preocupado a
entendimientos muy ilustrados en esa ciencia".
Como sucede casi siempre con las obras que exceden por su magnitud a la ordinaria
concepción de las gentes, este muelle tuvo profetas pesimistas, que auguraban su ruina
para cuando llegase la estación de los grandes vientos. Y sucedió que vinieron los
vientos y borrascas, y ese inmenso ciempiés de acero, con sus millares de garras
enclavadas en el fondo del océano, se mantuvo inmóvil. Una vez más el hombre ha
dominado a la naturaleza en América.
Gloria a Cisneros."
Y el espíritu todo de Las Tres Américas se revela en la sinceridad con que
alaba el libro humilde que hace "justicia a los bravos cubanos que murieron por la
causa de la patria", y ese espíritu es el de nuestra América.
(4 de Febrero de 1895)