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ÍNDICE
Prólogo a la segunda edición Aunque este trabajo se encontraba en el sitio Web de la Editorial Dos Ríos, el interés por su tema hizo que se agotara muy pronto la primera edición del folleto en que se imprimió. Su abundancia de citas hizo que algunos amigos y lectores recomendaran una nueva edición que diera sus fuentes, siempre útiles para futuros investigadores, y así sale ahora ésta con noventa y dos notas al pie. Y tal como aquí se publica pasa al sitio Web de la Editorial Dos Ríos: www.eddosrios.org El libro Martí y Marx en el socialismo de Cuba, publicado en La Habana, dice en el título buena parte de lo que trata: no se refiere al socialismo en Cuba, como se diría de la doctrina en el país, sino de Cuba, como algo indígena, allí creado. [1] No se habla, pues, en ese libro, como lo hicieron Blas Roca y el Che Guevara en los suyos, Los fundamentos del socialismo en Cuba,[2] y El socialismo y el hombre en Cuba,[3] sino del socialismo de Cuba, del que allá han inventado.Dos trabajos forman el libro: el primero lleva el título “Martí y Marx, raíces de la revolución socialista de Cuba”, y lo firma Armando Hart, hasta hace unos años ministro de cultura, hoy director de una Oficina del Programa Martiano; el otro es de Raúl Valdés Vivó, de la vieja guardia estalinista, actual director de la Escuela Superior del Partido, y lo titula “Martí y Marx son nuestros”. El propósito de ambos es el de acercar Martí a Marx y el de justificar los flirteos del socialismo cubano con doctrinas y figuras que poco o nada tienen que ver con él. En lenguaje común eso se llama oportunismo, en la jerga de la dialéctica materialista, revisionismo. El oportunismo consiste en supeditar los principios a las ventajas que se derivan de una conducta. En el Diccionario del Comunismo Científico, publicado en Moscú en 1984, se lee: “El oportunismo consiste en supeditar la política y la ideología de la clase trabajadora a los intereses y a las necesidades de la burguesía y de la pequeña burguesía. El oportunismo se suele asociar con el revisionismo… El revisionismo es una tendencia política e ideológica hostil al marxismo-leninismo” [4].Ese oportunismo es el que, después del colapso de la Unión Soviética practica el gobierno de Cuba para mantenerse en el poder: un socialismo apuntalado, deforme y acomodadizo. La Constitución de 1976 proclamaba como guías únicos del país a “Marx, Engels y Lenin”, y luego, en 1992, reformaron la Constitución para aparecer “guiados” también “por el ideario de José Martí”. [5] Este libro de Hart y Valdés Vivó viene a ser un anuncio de las nuevas máscaras que usan los gobernantes para tranquilizar la población y engañar a los críticos del extranjero. El común denominador de los dos trabajos son la mentira y la falsificación. Por separado se han de analizar para mejor entenderlos.Martí, Marx y “la revolución socialista de Cuba” Cuando en 1977 se creó el Centro de Estudios Martianos, Armando Hart, como ministro de cultura dispuso que la institución debía “esclarecer los vínculos profundos entre el ideario martiano y la revolución contemporánea… [y] exponer con información y datos concretos los lazos que unen el movimiento democrático revolucionario del Maestro con el ideario socialista de Marx, Engels y Lenin”. [6] Por mucho que se trató desde entonces, aun recurriendo a la arbitraria interpretación de textos, jamás aparecieron esos “lazos” y “vínculos profundos” entre Martí y Marx. Ya hoy, ante el fracaso de aquel proyecto, sin renunciar la mentira, se siguen otros caminos para situar a Martí cerca del marxismo.Hart trata de esconder el repudio de Martí a esa doctrina cuando habló de su fundador y, entre otras, le hizo esta crítica: “Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”. [7] Para lograr su propósito crea un Martí hipócrita al decir que no era válida su condena de la violencia marxista toda vez que “en esa misma época Martí preparaba la guerra necesaria contra el poder español… que traería también enfrentamiento, muerte y destrucción”.[8] Martí siempre estuvo conspirando contra el gobierno de España, al habla con cubanos que querían la independencia, pero en marzo de 1883, cuando escribió sobre Marx, ni él, ni ninguno de los viejos soldados de la Guerra Grande “preparaba” un nuevo levantamiento: poco antes el general Máximo Gómez le había advertido: “No ha sonado la hora”.[9] Tres años hacía del fin de la Guerra Chiquita y aún faltaban muchos para que Martí iniciara su activa campaña a favor de la guerra del 95. En los días de su escrito sobre Marx, vivía Martí en Brooklyn junto a su esposa e hijo, había invitado al padre a pasarse con él una temporada, y era empleado de las oficinas comerciales de Carranza y Compañía, hacía traducciones para la casa Appleton y escribía en la revista La América.Conviene, además, recordar que el escrito de Martí sobre Marx es sólo parte de una extensa crónica en la que habló, con no menos lujos de estilo, de la muerte del poeta John Payne, la del bandolero George Elliot y la del millonario Morgan; de la política honrada del gobernador de Massachusetts, de la caridad de una inglesa que educaba niños en Londres y del baile de Vanderbilt, al que le dedica más espacio que a los funerales de Marx, y del que da detalles precisos, y no como en el otro asunto en que confunde nombres, lugares y fechas, por lo distante que estuvo de aquella reunión en el Cooper Union, de Nueva York. Sorprendería a Martí la importancia que se le ha dado a su reseña de aquel acto, y a los juicios que hizo del muerto. Con más información e interés escribió Martí sobre políticos, artistas y escritores americanos y europeos, y sobre exposiciones de cuadros y de caballos, que de Carlos Marx. Y no tiene comparación su interés por Marx con el que despertó en él, en junio de ese mismo año, por ejemplo, la inauguración del Puente de Brooklyn: “Los puentes son las fortalezas del mundo moderno”, dijo: “Mejor que abrir pechos es juntar ciudades”. [10]Como si se tratara de un demagogo, Hart inventa un Martí “dirigente de los obreros tabaqueros de Tampa”, lo que nunca fue; habla de “la presencia, conocida y valorada por Martí de marxistas” en su Partido Revolucionario Cubano, la que nunca existió; y vuelve al mito de un Carlos Baliño marxista en tiempos de Martí, [11] cuando lo cierto es que Baliño entonces era, y lo fue por muchos años después, un ferviente defensor de la anarquía.Por otra parte presenta falsas, forzadas o necias coincidencias entre el “socialismo de Cuba” y “el inmenso saber de la modernidad europea” de Varela y de Luz Caballero; “la más pura tradición ética de raíces cristianas”; “las ideas de la masonería en su sentido de universalidad y solidaridad humana”; “el pensamiento y el sentimiento de la familia de los Maceo y Grajales”; “la tradición bolivariana y latinoamericana”; “las ideas y los senti-mientos antiimperialistas”; y “el pensamiento socialista de Marx, Engels y Lenin, tal como lo interpretaron Mella, Villena, el Che y Fidel Castro”. [12] Varela, Luz, el cris-tianismo, la masonería, los Maceo, Bolívar, el anti-imperialismo, Marx, Engels, Lenin, Mella, Martínez Villena, el Che y Fidel Castro, y ante tan intrépida mezcla recurre Hart a la comparación que hizo Fernando Ortiz de la cultura cubana con el ajiaco, aunque no de mucho rango, el plato nacional (especie de olla podrida con varias carnes y hortalizas), y concluye: “Hoy podríamos decir que en el orden de las ideas filosóficas tenemos un ajiaco”.[13] Bien por la confesión, pues así se entera el lector de lo que en verdad es el “socialismo de Cuba”: un ajiaco. Esta palabra está formada por el vocablo “ají”, el fruto que lo condimenta, y el sufijo “aco”, que se usa para indicar lo despreciable, como en “libraco”, o lo extravagante, como en “pajarraco.” De esa manera, siguiendo la definición del antiguo ministro de cultura, igual que del latín verres (cerdo) salió la palabra “verraco”, ese autóctono y repleto “socialismo de Cuba”, para distinguirlo de los otros que no son del país, podría llamarse “socialism-aco”.
Para justificar la mezcla de las distintas doctrinas dice Hart: “Nos orientamos por el método electivo de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero: ‘Todas las escuelas y ninguna escuela: he ahí la escuela’”. [14] Es imposible negar que esas palabras en boca de aquel gran maestro, hubieran sido un sólido apoyo para justificar la mezcolanza del “socialismo de Cuba”. Pero eso no fue lo que dijo Luz: su aforismo es éste: “Todos los sistemas y ningún sistema: he ahí el sistema”. No habló de “escuelas”, sino de “sistemas” que es algo muy distinto: “sistemas” lo empleó, de manera correcta, como las reglas de que se vale un análisis, mientras que “escuela” es el espacio limitado de una doctrina. Con la palabra “sistema”, como lo escribió Luz, se ha reproducido siempre, y así está en el libro de José Ignacio Rodríguez con la biografía de su maestro,[15] y en la colección de Aforismos que compiló Roberto Agramonte en 1945.[16]El más elemental conocimiento de la historia de las ideas en Cuba hace ver que era imposible que Luz y Caballero hubiera dicho “Todas las escuelas y ninguna escuela: he ahí la escuela”. Fue eso lo que combatió en el eclecticismo de Victor Cousin, que proponía un sospechoso programa de paz a las tendencias que en su época se debatían en Francia: revolucionarios del 89, bonapartistas, jacobinos, liberales, monárquicos, la aristocracia, la burguesía, el clero; dijo en su Du Vraie, du Beau, du Bien (1836), de su eclecticismo, que “venía a proponer a todas las escuelas un tratado de paz puesto que la práctica de excluir no había triunfado y era necesario probar el espíritu de conciliación”. [17]El repudio de Luz y Caballero no era a la conciliación de lo que se podía conciliar, al que consideraba “legítimo eclecticismo”, y así denunció a los defensores del otro, falso, con palabras que servirían a los que ahora se aprovechan de la palabra con perversos fines; de aquéllos escribió en 1839: “Ponen miedo a la incauta juventud los soi disant eclécticos, que lo son de verdad en esto de escoger los medios para acomodarse al gusto de todos”. [18] Y en su “Elenco de 1840”, recogido por José Ignacio Rodríguez, dijo: “Tuvimos pues razón en afirmar que, por doquiera que se mire este malhadado sistema de M. Cousin, cerrando las puertas del porvenir, acaba con toda especie de ideal”.[19] Luz se daba cuenta del peligro que en aquel momento significaba para Cuba esa tendencia al llegar a lo político, y la combatió con energía. Lo mismo que en Francia y en otros países europeos, llevaba la aplicación de esa filosofía a aceptar el status quo, en Cuba iba a justificar el despotismo español en la isla. Y es curiosa coincidencia que aparezca ahora en Cuba una defensa de ese eclecticismo funcional, teñido de un laxismo casuístico, trasnochado ecumenismo, para con él ahogar las voces que se oponen al gobierno.
Dijo Francisco González del Valle en su libro José de la Luz y Caballero como educador: “Victor Cousin hizo propaganda del llamado eclecticismo en momentos en que en Francia convenía inculcar la idea de que no debían introducirse cambios en la organización política, sino mantenerse lo existente”. [20] Medardo Vitier, en La Filosofía en Cuba, afirma que “lo que más incitó a José de la Luz a combatir la filosofía de Cousin fue el optimismo histórico en que se resuelve su visión de las ideas y el progreso. Esa justificación de todo en la Historia era, no hay duda, una teoría que pronto se trasladaba de la filosofía a la política”; Vitier basaba su juicio en estas palabras del propio Luz y Caballero, que antes había trascrito: “Uno de los motivos de que el eclecticismo hallara eco en Francia fue la aplicación que de él se hizo a la política: a un pueblo cansado con la lucha de opiniones, fue alucinarle con un calmante al hablarle de conciliación”.[21] Sobre el mismo asunto Enrique Piñeyro, alumno predilecto de Luz, concluía que el eclecticismo de Cousin fue “la última, la más abigarrada, aunque la más tenue, entre las muchas vestiduras con que se cubrió la reacción europea del siglo XIX contra las teorías filosóficas del XVIII… Los desequilibrios de la política francesa y el régimen de híbrido monarquismo, de oligarquía y libertad, que se estableció al impulso de la insurrección de 1830, convirtieron a Cousin en una especie de pontífice”.[22] Y Félix Lizaso se preguntaba en su Panorama de la cultura cubana: “¿Por qué se alarmó Luz y Caballero y combatió con tanto enardecimiento la doctrina del eclecticismo de Cousin? Porque esa filosofía derivaba hacia la política, y dadas las circunstancias que prevalecían en Cuba, viviendo bajo un régimen arbitrario y despótico, tal teoría significaba la aceptación de ese régimen”.[23]En su deseo de acomodar a los fundadores de la conciencia cubana con el marxismo, agrega Hart: La tradición intelectual anterior al Apóstol nos planteó a su vez el método electivo que comporta una elección a favor de la justicia que Luz y Caballero caracterizó como el sol del mundo moral. Para la cultura cubana esto no resulta antagónico con el pensar materialista dialéctico de Marx, muy al contrario, se complementa, a partir de asumir el ideal de redención del hombre en la tierra, el más alto desde el punto de vista ético. [24]Con semejantes comparaciones “el pensar materialista dialéctico de Marx” puede coincidir con cualquier religión o ideología política pues todas ellas de alguna manera se proponen redimir al ser humano. La Philosophia Electiva (1797) del presbítero José Agustín Caballero, como luego la “ecléctica” del padre Félix Varela, está basada en la idea de Santo Tomás, que le llega de la filosofía antigua, de que era posible seguir caminos diversos en busca de la verdad, puesto que algo de ella podía haber en distintos lugares. Es sabido que “ecléctico” y “electivo” son sinónimos y tienen la misma raíz griega: eklektikos, electiva: ek (έΧ), fuera, y legein (λέγεζν), escoger. Pero la selección excluía cuanto tuviera que ver con la Iglesia: como observó Roberto Agramonte: “Ejecuta [Caballero] la defensa de la libertad del hombre… en las cosas humanas, ya que no en las divinas, en que tal libertad está para él limitada”. [25] Igual le sucede a Varela con la Philosophie Ecclecticae (1812), también restringida por el dogma religioso: “A pesar de su recomendación del libre examen [Varela] detiene el razonamiento cuando puede peligrar la fe, ateniéndose entonces al principio divino”, como observa Rosario Rexach.[26]La fe para aquellos sublimes sacerdotes, como luego para Luz y Caballero, era “intocable”, como se pretende ahora con el marxismo-leninismo en Cuba, pero, a diferencia de aquellos días en que se gestaba la nacionalidad, en los que mucho se podía hacer, y se hizo, aun con esa limitación, hoy es ridículo pensar en el progreso y la felicidad del pueblo cubano mientras exista ese socialismo “intocable” que reduce y condiciona al hombre. Es por eso una ironía advocar lo que sería un sano eclecticismo donde alguien ya posee una verdad que no puede ser tocada. Es como si en los tiempos de Caballero, Varela y Luz se hubiera impuesto en todo el reinado de Aristóteles, y se hubiera declarado la escolástica también como algo “intocable”. Las fiestas del Primero de Mayo Uno de los más poderosos argumentos en contra del “socialismo” en Martí se encuentra en su carta de 1894 a Fermín Valdés Domínguez. Su repudio ahí es concluyente. A ella va Armando Hart con el fin de restarle fuerza. Y es algo que escribió a menos de un año de su muerte, por lo que no sirve la excusa de algunos intérpretes marxistas de que Martí estaba “en tránsito” hacia el socialismo.
Preparaban los exiliados en Cayo Hueso una fiesta para celebrar el Día de los Trabajadores, entonces, en algunos círculos, el primero de mayo. El general Serafín Sánchez escribió un artículo para Patria el cual, según sus palabras al discípulo predilecto de Martí, Gonzalo de Quesada, Martí no lo quiso publicar porque hablaba de Robespierre y lo había escrito “con tinta roja [que] destila sangre”. [27] Por su parte Valdés Domínguez parece que estaba en los preparativos de la fiesta y también le ofreció un escrito para Patria. De todos esos papeles sólo se conoce la respuesta de Martí, que dice sobre lo que aquí interesa:Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos que, para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados... El caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. [28]Y comenta Hart: “Obsérvese que Martí concreta los peligros de las ideas socialistas, como tantas otras, en la incultura y la maldad humana, es decir, en los factores subjetivos”. [29] Y uno se pregunta, ¿en qué reduce eso el severo juicio de Martí? Para mayor claridad de lo que allí quiso decir debe leerse lo que escribió en Patria dos semanas antes de aquel primero de mayo, como para enterar bien a todos de sus ideas:Otro peligro social pudiera haber en Cuba: adular, cobarde, los rencores y confusiones que en las almas heridas o menesterosas deja la colonia arrogante tras sí, y levantar un poder infame sobre el odio o desprecio de la sociedad democrática naciente a los que, en uso de su sagrada libertad, la desamen o se le opongan. A quien merme un derecho, córtesele la mano, bien sea el soberbio quien se lo merme al inculto, bien sea el inculto quien se lo merme al soberbio… Nada espera el pueblo cubano de la revolución que la revolución no pueda darle. Si desde la sombra entrase en ligas, con los humildes o con los soberbios, sería criminal la revolución, e indigna de que muriésemos por ella. Franca y posible, la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución. Con equidad para todos los derechos, con piedad para todas las ofensas, con vigilancia contra todas las zapas, con fidelidad al alma rebelde y esperanzada que la inspira, la revolución no tiene enemigos. [30]Así dice Raúl Valdés Vivó en la segunda parte del libro. Pero ni Marx ni Martí son de ellos. Con esa profusión de doctrinas y programas, el “socialismo de Cuba” no es ni marxista ni, por supuesto, martiano. Si se asomara hoy Marx a la realidad política, social y económica de Cuba, tendría que repetir, aunque por otros motivos, el juicio que hizo en 1882 al ver la torpe interpretación de sus ideas en Francia: “Lo que sé es que yo no soy marxista”, le confesó a Engels. [31] Su yerno, Paul Lafargue, oriundo de Santiago de Cuba, acomplejado y resentido, según el propio Marx,[32] hijo de un terrateniente con propiedades cercanas a la Sierra Maestra,[33] difundía en París un marxismo que repugnaba a su fundador. Al ver la formación de nuevas clases en Cuba, la explotación de los trabajadores por el Estado, los privilegios de la moneda dura y de los dirigentes, los intentos de conciliar el marxismo con ideas que le son hostiles y las concesiones al capitalismo extranjero (hoteles, empresas, casas de apartamentos, cultivos, minas, transportes, comunicaciones), Marx sería el más severo crítico del “socialismo de Cuba”: había dicho con Engels, en 1848, en el Manifiesto Comunista, de manera terminante y sin espacio para excepciones: “Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada”.[34] Pero no es aquí el lugar para discurrir sobre esa apostasía que, aunque ha enriquecido a tantos inversionistas de España, el Canadá, México e Italia, ha arruinado al país y mantiene en el poder a los herejes.
Por su parte la obra toda de Martí es extraña a ese “socialismo de Cuba” que allí defienden. Sus denuncias de los abusos del capitalismo y de los pujos imperialistas de los Estados Unidos, que vio amenazaban a la América Latina, ponen a Martí del lado de la justicia, pero no junto a ninguna doctrina particular que también maneje esas ideas, y menos aún si taimada las maneja para encubrir actos y programas contrarios a su pensamiento. Bastan estos tres ejemplos para mostrar la manera que emplea Raúl Valdés Vivó para unir a Martí con Marx; véase esta perogrullada: “Su afirmación [de Martí] de que la manifestación primera del hombre es su imaginación, madre del idealismo, coincide con el aserto de Marx de que la diferencia entre el hombre y el animal, incluso el que parece trabajar, como la abeja, es que el hombre es el único ser de la naturaleza que imagina el resultado del esfuerzo mental y físico que constituye su trabajo”; [35] y esta tontería: “La marcha paralela del pensamiento de Marx y Martí se demuestra en la universalidad de sus respectivos análisis”;[36] y esta mentira: “Es notable coincidencia tanto Marx como Martí siempre rechazaron las ideas anarquistas”:[37] Marx y Engels sí atacaron furiosos al anarquista fundador, Mijail Bakunin, y a sus colegas, al extremo de expulsarlos de la Primera Internacional, pero Martí no pensaba así: su relación con Carlos Baliño anarquista niega validez a la comparación.En otros muchos lugares la obra de Martí se opone a los principios que iban a dar base al marxismo-leninismo. Fue por eso que Juan Marinello, en sus días el más alto dirigente del Partido, dijo en 1935, aunque hoy le ocultan en Cuba esas palabras, que Martí era “un gran fracasado”, “abogado de los poderosos”, motivo por el cual había que “dar la espalda de una vez a sus doctrinas”; [38] y otro comunista notable, Ángel Pinto Albiol lo consideraba un “pequeño burgués” cuya obra “está impregnada de un eclecticismo oportunista” que lo hizo “fundamentalmente anticomunista”.[39] En lugares donde se ve el rechazo de Martí al marxismo, entra Valdés Vivó armado con bisturí y cortinajes para sajar y esconder cuanto le estorba: otra vez en los comentarios de Martí sobre Marx; en el Prólogo de los Cuentos de hoy y mañana, de Castro Palomino; y en su juicio sobre un escrito de Herbert Spencer.El juicio de Martí sobre el “abestiamiento de unos hombres en provecho de otros” [40] por el marxismo se le hace aquí aparecer como si Martí estuviera denunciando la explotación del obrero por el capital. Valdés Vivó sabe que en Cuba nadie puede acusar de mentiroso a un funcionario del gobierno, y no tiene reservas al mentir; las palabras de Martí sobre Marx son las siguientes:Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. [41]La “bestia” y el “abestiamiento” de que habla Martí, no se refieren, como pretende Valdés Vivó, a los capitalistas que abusaban del obrero, sino al obrero airado por las injusticias del capitalismo, por lo que, “en forzoso abestiamiento”, del proletariado, a Martí le “espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”, y concluye que se debe “de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia [en el obrero] cese, sin que se desborde, y espante”. Y también le objetó Martí a Marx, en ese mismo escrito, el que anduviera “de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”. Y por eso concluye: “¡No son aún estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han de poner cimiento al mundo nuevo: ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia que pudiera dormirse: pero el acero del acicate no sirve bien para el martillo fundador!” [42]Con la misma falta de pudor con que tuerce esa crítica a Marx, Valdés Vivó trata de restarle validez haciendo de Martí un demagogo toda vez que sus “dudas” sobre el marxismo, dice, “respondían a la necesidad de unir todas las fuerzas para hacer en Cuba una guerra independentista victoriosa y crear una república con todos y para el bien de todos, en choque con los ricos egoístas”. [43] Es decir, que Martí mintió en 1883, cuando habló de Marx, preparando lo que habría de serle útil en la guerra en 1895.Con referencia al escrito de Martí sobre Marx no se puede decir más, ni menos, que lo que dijo, Medardo Vitier en su Martí Integral, uno de los mejores libros, y más completos, sobre Martí: La posición que adopta [al hablar de Marx] confirma dos modos suyos subrayados en este libro: su resuelta defensa de los desposeídos y a la vez su cautela en cosas donde juegue papel la masa. No oculta su simpatía por Marx como pensador que percibió el dolor de los humildes y describió males de la sociedad. Se detiene, prudente, ante las fórmulas marxistas, es decir, ante el remedio que preconizaba. Hasta ahí llegó y no pasó a más. [44]Y enseguida concreta: Todas las líneas ideológicas de su formación lo hubieran llevado a rechazar el comunismo. Que posteriormente hubiese abrazado un socialismo moderado, el que prácticamente se implanta hoy acá y allá, al menos en la creciente intervención estatal, eso pertenece a la conjetura… La explicación materialista de la historia, no; los medios de redención social, mucho menos; pero buena parte de los motivos de piedad humana que contiene el marxismo, ya los levantó a la luz de la conciencia el cristianismo hace dos mil años… No se trata sino de mantener sin mengua la dignidad humana. Organizar toda una tesis de catástrofe universal en nombre de la reorientación, ya eso es otra cosa. Y ante eso retrocedió aterrado Martí. [45]Desde Fidel Castro hasta el último que se ocupa de acercar Martí a Marx, destacan su amistad con Carlos Baliño. Siguiendo lo escrito por Armando Hart; dice Valdés Vivó: “Martí decía anhelar una República de trabajadores, elogiando en Carlos Baliño, dirigente de los obreros tabaqueros emigrados a Estados Unidos, a uno de sus heraldos. Al unirse a Mella para fundar el primer Partido Comunista de Cuba, Baliño demostró ser merecedor de los elogios martianos”. [46] Son también esas palabras un tejido de disparates y mentiras: jamás Martí dijo que quería “una República de trabajadores”, y jamás fue Carlos Baliño “dirigente de los obreros tabaqueros emigrados a Estados Unidos”, y menos “uno de sus heraldos”; y decir que el aprecio de Martí por Baliño, cuando éste era un fervoroso anarquista, lo merecía porque treinta años más tarde, renegado sus ideas se unió a Mella para fundar el primer partido comunista de Cuba, no es menos que una tontería.El aprecio de Martí por Baliño se debía a lo que entonces era, no a lo iba a ser. Y conviene recordar que sólo en una ocasión publicó Martí algo de Baliño en Patria: fue su discurso del 10 de Octubre de 1892 en el que citó con elogio, fiel a sus creencias, a Dyer Lum, confidente de Robert Parson, ajusticiado con los otros anarquistas de Chicago; al anarquista español Pedro Estévez y al alemán Justus H. Schwab, fundador del Club Revolucionario de Nueva York, semejante al de August Spies en Chicago; a Giuseppi Fanelli, el anarquista italiano que fundó en España la Alianza Internacional de Trabajadores; y al más importante de todos, al ruso Bakunin, fundador del Movimiento Anarquista Internacional. [47]En tiempos de Martí dos Clubs fundó Baliño, de los que fue presidente, y llevaban el nombre de conocidos anarquistas: el “Fermín Salvoechea”, por el activo sedicioso de Cádiz quien meses antes de nacer en Cayo Hueso el Partido Revolucionario Cubano tomó la ciudad de Jerez auxiliado por los campesinos anarquistas de Andalucía, y el “Enrique Roig”, el más prestigioso anarquista de Cuba, propietario y dirigente del periódico El Productor. [48] Y cuando en 1894 se constituyó el municipio de Martí City, en la Florida, cerca de la ciudad de Ocala, por unos treinta cubanos que allí se establecieron, en las elecciones municipales Baliño no logró otra cosa, con otros cuatro, que el cargo de Concejal.Entre los que discutieron las Bases del Partido Revolucionario Cubano estuvo Baliño, en la Asamblea que se reunió en Cayo Hueso a principios de 1892. Pero, a pesar de las tres o cuatro veces que Martí habló en Patria con elogio de Baliño, no se sabe que tuvieran mayor contacto después de abril de 1893. Y en contra de las valentonadas de Baliño antes de esa fecha, estuvo perdido en 1895 y no fue a la guerra de independencia. Como casi todos los que por uno u otro motivo hablan del Prólogo de Martí a ese libro de Rafael de Castro Palomino, se ve que tampoco Valdés Vivó ha leído los cuentos que lo forman. [49] Sólo ante ellos se comprende el alcance de los juicios de Martí en relación con los problemas sociales; afirma Valdés Vivó:Consecuente a sus propósitos de luchador por la dignidad humana, Martí puso en la picota, sin negar la buena voluntad de sus candorosos promotores, el comunismo premarxista, utópico, ajeno y hostil a la ciencia, que distintos grupos de emigrantes ensayaron en territorio de Estados Unidos. [50]
Tampoco es verdad. Lo que Martí “puso en la picota” no fue sólo “el comunismo premarxista utópico, ajeno y hostil a la ciencia”; lo que Martí “puso en la picota” fue, con otras tendencias socialistas de la época, al marxismo tal como entonces lo conocía ese autor, no muy lejano a como se desarrolló después. Dijo: Con tacto desusado, y con sereno juicio, ni a los ricos adula el autor de este libro, ni a los pobres increpa: ni a aquéllos oculta la urgencia de acatar el derecho del hombre a una vida remunerada y noble, ni a éstos esconde cuánto tendría de adementada y sangrienta la tentativa de imponer a una masa rica y fuerte, soluciones confusas o antihumanas, con las que se encrespa a veces... cuanto de volador y soberano encierra el admirable espíritu del hombre. [51]Y ¿qué es eso “volador y soberano” que “encierra el admirable espíritu del hombre”? Es la libertad de pensar, de inquirir, de soñar. Martí vio como indigno el acatamiento de un sistema que propusiera tales límites, “soluciones confusas o antihumanas”, los llama, y agrega: Antes serán los árboles dosel de la tierra, y el cielo pavimento de los hombres, que renunciará el espíritu humano a sus placeres de creación, abarcamiento de los espíritus ajenos, pesquisa de lo desconocido, y ejercicio permanente y altivo de sí propio. Si la tierra llegara a ser una comunidad inmensa, no habría árbol más cuajado de frutas, que de rebeldes gloriosos el patíbulo. [52]El primer cuento de Castro Palomino narra la velada de unos personajes simbólicos que exponen sus ideas en una cervecería de Nueva York: el capital, el proteccionismo, el imperialismo militarista, el trabajo, el anarquismo y el marxismo; consultan con quien representa la sabiduría, Mr. Wisdom, hasta que, al final, quedan con éste sólo el capital y el trabajo. Les explica la importancia que cada uno tiene en la sociedad, y propone “una distribución más justa y equitativa de la riqueza”, con la que se ha de lograr, dice, “por una evolución natural de la sociedad”, el momento en “que el capital y el trabajo, hoy antagonistas, se unan y auxilien mutuamente”. [53]
El otro cuento, “Del caos no saldrá la luz”, trata de dos individuos que llegan a los Estados Unidos después de haber participado en la Comuna de París. Conviene recordar que más de la tercera parte de los miembros elegidos en 1871 para el gobierno de la Comuna pertenecían a la rama francesa de la Primera Internacional, fundada en Londres años antes, cuyos líderes fueron Marx y Engels, por lo que ambos tuvieron elogios para ella, como después el propio Lenin. Uno de los personajes es un joven idealista francés, el otro un “comunista radical” alemán. En una mina de carbón del Estado de Pennsylvania crearon una colonia siguiendo las normas de la Comuna francesa, pero fracasaron. El cuento se centra en la reunión que tienen diez años después, ya “ricos y felices”, con un tal Mr. Truth, abogado de Boston que se interesa en saber por qué no había prosperado el experimento comunista. Tanto el francés como el alemán vivían convencidos de aquello había sido una locura, y dicen: Lo que sucedía era natural que sucediera: nuestro entusiasmo y el deber que nos habíamos impuesto, por poderosos que fueran, no bastaban a apagar por completo nuestros sentimientos naturales de hombres, y el interés personal empezó a manifestarse… También habíamos suprimido la libertad, puesto que obedecíamos a leyes inflexibles de uniformidad grosera... sufriendo constantemente una inquisición perpetua, insoportable. [54]Pero por suerte para los que participaban en la comuna, no había allí fronteras vigiladas y, como era natural, empezó el éxodo: “Las deserciones fueron en aumento”, dijo el francés, “y en poco tiempo quedó reducida la colonia a unos cuantos ilusos sin criterio alguno”, [55] y concluía:La sociedad sólo puede regenerarse por la reorganización de sus partes, y no es posible obtener mejora alguna por sistemas que sustituyan la acción individual por la dirección de un centro, cualquiera que éste sea. En vano se empleará la restricción para realizar lo que sólo puede hacerse por la libertad. [56]Y el otro comensal, Mr. Truth, con visión del futuro, resumió así el resultado de aquel experimento: La organización social no podrá soportar cambio alguno que trastorne las leyes naturales de la humanidad: cuando éstas se desprecian, la reacción es inevitable, y si esos cambios se imponen se necesitaría una fuerza coactiva para mantener el orden, porque los hombres no son ángeles... [y] esta fuerza formaría al fin un gobierno mucho más fuerte, mucho más tiránico que el que se destruyera... Los más fuertes se constituirían, por su valor u otras causas, en jefes absolutos, y sólo imperaría la ley de la fuerza... el principio de la tiranía. Ciegos e infructuosos serán todos los esfuerzos: la libertad económica sólo podrá adquirirse por la libertad política. [57]Habla Castro Palomino también en este cuento de la Primera Internacional, la asociación que entre 1864 y 1876 difundió ideas de Marx y Engels en Europa y en los Estados Unidos. Sobre ella dijo el abogado con no muy cumplido saber del asunto, en forma algo ambigua y con quejas no lejanas a las que tuvieron en esa organización los anarquistas: En sus primeros congresos [la Internacional] consideró la privación de las libertadas políticas como un obstáculo para la emancipación social de los trabajadores; se comprendieron los beneficios de la paz como indispensables para el desarrollo de las fuerzas productivas, y por consiguiente, como perjudiciales los ejércitos permanentes… Hoy por desgracia, parece que tiene otro objeto: pero si se pretende la supresión completa de los gobiernos es porque estos, por lo general, sólo representan la tiranía; la abolición de la propiedad privada porque ella representa, a veces, el monopolio y el abuso; la abolición del orden, porque en su nombre se cometen muchos desórdenes; la abolición de la religión, porque en nombre de Dios se forma la duda en las conciencias… He ahí lo que son el comunismo, el socialismo, el internacionalismo: el resultado entre la verdad y el error, entre la luz y las tinieblas; del desequilibrio que existe entre las instituciones imperfectas del pasado, los adelantos actuales, y los confusos del porvenir; de la aspiración irresistible del hombre a la Libertad. Esto es tan cierto, que los partidarios del socialismo, revestido de los horrores de la destrucción, disminuyen por grados en los países en que se goza de alguna libertad, hasta desaparecer, casi por completo, en los Estados Unidos. [58]Estos juicios sobre la Primera Internacional sirven para demostrar que no es cierto que en ese libro sólo se habla del “comunismo premarxista”, como afirma Valdés Vivó. En un comentario posterior sobre los cuentos de Castro Palomino, Martí resume de esta manera lo que interesa ahora: En el segundo cuento, que titula el autor “Del caos no saldrá la luz”, narra el señor Palomino, con oportuno artificio y de muy clara manera, cómo vivió y cómo murió un cierto ensayo de sociedad comunista; pone en planta y acción, para que la cura de los que lean sea más viva y directa, los elementos actuales y razones confesadas del partido comunista. [59]Bien le puso el título Castro Palomino a su libro, porque mucho de lo que imaginó en sus días se hizo realidad en los nuestros: verdades “de hoy y mañana”. “Libro sano, libro generoso, libro útil”, lo llamó Martí en el Prólogo, y añadía: “La victoria no está sólo en la justicia, sino en el momento y modo de pedirla; no en la suma de armas en la mano, sino en el número de estrellas en la frente. Y este libro que enseña todo esto, es más que un buen libro, es una buena acción”. [60]Sobre el tratado “La futura esclavitud”, que analiza Martí, comenta Valdés Vivó: Por odio a la revolución de nuestros trabajadores, campesinos y estudiantes, los confabulados con el amo yanqui destronado en Cuba aspiran a regresar al pasado, acuden a falsificar el pensamiento de Martí. Ilustran a plenitud sus groseras tergiversaciones las que hacen con un artículo suyo sobre un libro de Herbert Spencer. [61]Con el propósito de destruir tergiversaciones, dice Valdés Vivó, trae las suyas que consisten en destacar sólo una parte en el análisis de Martí, o manejarlo a capricho. Tergiversar es eso, del latín tergum y versare, volver al revés, y así los juicios falsos no son más que lo contrario de la verdad: en lugar del conjunto de cuanto llega al observador, se prefiere lo que conviene a quien lo cita. Y Martí advierte ese peligro en el mismo escrito sobre Spencer, pues le censura que “de fijarse mucho en la parte [el peligro socialista], se le han viciado los ojos de manera que ya no abarca con facilidad natural el todo [que debe incluir la justicia social]”. [62] Al mentiroso le basta “la parte”; la verdad exige “el todo”.Poco afortunada ha sido, entre las virtudes de Martí, su honradez intelectual. Ella lo llevó a decir sin disimulo cuanto su inteligencia descubría, lo bueno y lo malo de las ideas, de los hombres y de las cosas. Y es por esa noble cualidad que en él no necesita lupa la trampa para callar su hambre: con mala voluntad, de lo suyo saca lo más cercano a su opinión el tramposo.
Conviene saber cómo llegó a manos de Martí ese tratado de Spencer. Martí tradujo el título “The Coming Slavery” con cierta libertad como “La futura esclavitud”, alejándola en el tiempo, y no como quiso decir Spencer según su escrito, la esclavitud que se acerca, o quizás la llegada de la esclavitud. En el mismo número de La América donde aparecieron los comentarios de Martí, cuenta cómo supo de esa obra. La encontró en The Popular Science Monthly que publicaba la casa Appleton, para la que en esos momentos Martí hacía traducciones. Desde ese anuncio deja ver la dirección su juicio; dijo: El número de abril del Mensuario de Ciencia Popular viene tan sólidamente hecho, que pesa como una biblioteca, y deja tanto fruto como ella… Ahora, en un solo número del periódico, un pensador, Herbert Spencer, señala el riesgo que ciertos pueblos modernos corren de caer en un degradante socialismo. [63]“La futura esclavitud” era pues, para Martí, producto de “un degradante socialismo”, y con semejante opinión empezó su ensayo: “Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección de los pobres, a un estado socialista que sería a poco un Estado corrompido, y luego un Estado tiránico”. [64]Se debe ir al original de “The Coming Slavery” y cotejar lo que Martí glosó de Spencer y lo que hay de su propia cosecha. El inglés vivía obsesionado con la creciente intervención del Estado en la sociedad. En una edición de sus escritos políticos reproducen una carta de antes de la publicación del libro, en la que le confiesa a un amigo su exasperación por el progreso del comunismo. [65]Lo primero que sorprende al leer el juicio de Martí es ver cómo reaccionó de manera tan comedida ante algunas de las torpes opiniones de Spencer, él, que el primero de setiembre de ese mismo año escribiría para La Nación, de Buenos Aires, al ver los niños pobres en Nueva York: “Digo que éste es un crimen público, y que el deber de remediar la miseria innecesaria es un deber del Estado”; [66] y tres años después repitió la misma idea en El Partido Liberal, de México: “La miseria no es una desgracia personal: es un delito público”.[67]Podría explicarse la discreta reacción de Martí ante Spencer por los intereses que tenía Appleton en la obra del inglés, tan famoso en sus días como Darwin, por lo que reprodujo The Man Versus the State en libro tal como había aparecido en The Popular Science Monthly. Pero parece que el tiempo no disminuyó el aprecio, el respeto, al menos, de Martí por Spencer: en poder de sus alumnos pobres de La Liga andaban obras de Spencer, [68] y en el discurso ante los delegados hispanoamericanos a la Conferencia Internacional de 1889, puso a Spencer como símbolo del pensamiento junto a Bolívar representando la acción: “Nuestra América de hoy heroica y trabajadora a la vez, y franca y vigilante, con Bolívar de un brazo y Herbert Spencer de otro”.[69]A continuación se traducen dos pasajes del escrito de Spencer con sus ideas sobre la pobreza y sobre la intervención de Estado para remediarla; dijo de los pobres y de quienes los defendían: Los que en panfletos, sermones y discursos presentan ante la sociedad como almas valiosas injustamente dañadas, nunca piensan en ellas como almas que sufren el castigo de sus malas acciones… Y no son más que gente que no sirve para nada, borrachos y delincuentes, o en camino del crimen, que de una u otra manera vive de la gente que trabaja. [70]
¡“Los pobres de la tierra”! [71] de Martí. Y Spencer repudia la forma en que el Estado quiere combatir la miseria, en lo que descubre el peligro socialista:Se piensa que no debe haber miseria y que la sociedad es culpable de que la haya. Que los aportes de cada uno le pertenecen a la totalidad de los individuos, y que son las autoridades las que han de decidir quién se ha de beneficiar de esos aportes. Pero, ¿por qué la gente aún se pregunta la razón de calificar ese cambio como “futura esclavitud”? La respuesta es bien sencilla. Todo socialismo implica esclavitud… A la larga será el renacer del despotismo. Un ejército disciplinario de burócratas, al igual que un ejército regular de militares, le dará el poder a quien lo dirige… Y no se necesitará más que una guerra con un pueblo vecino, o algún problema local que exija fuerza para controlarlo, para convertir en un momento la administración socialista en una aplastante tiranía como la que tuvieron en el antiguo Perú. [72]Martí, que coincide con Spencer en condenar métodos del “degradante socialismo”, le reprocha su insensibilidad ante la pobreza, y comenta: No señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas. [73]Cuando conviene a su interés, Valdés Vivó destaca partes del análisis de Martí sobre esta obra de Spencer, por ejemplo: su critica al aristócrata para quien contaba poco “la gente baja”; su condena de “los juegos corruptores de la bolsa”; su protesta por “el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones”; pero duda si las reservas de Martí ante el socialismo, de que habla Spencer, son del inglés o de Martí, y se pregunta ante ellas: “¿Pensaría así Martí?” [74] Y Martí como que contesta desde su mismo escrito:Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría éste de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera… Con cada nueva función [del Estado] vendría nueva casta de funcionarios… De ser siervo de sí mismo pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre. [75]Martí suscribe cuanto dice Spencer, “no sin fundamento”, sobre el Estado limitando los derechos individuales. Basta cotejar lo escrito por Martí con lo que escribió el inglés para saber lo que es suyo. Cuando Martí cita las palabras del otro las pone entre comillas, y hay juicios e ideas de Martí que no están en el tratado de Spencer. Otra vez en el análisis de “La futura esclavitud” aparece su visión sobre los problemas sociales: ¿La insensibilidad de Spencer ante la pobreza? No. ¿El socialismo de Estado que Spencer condena? Tampoco. Él quiere toda la justicia al amparo de la libertad toda, y tergiversa su pensamiento quien esconde o tuerce una en beneficio de la otra. Conmueve, sin embargo, esta recomendación de Martí al final de su escrito: “Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra”. [76] Pero sin consuelo, sino con más dolores, como lo probó la historia, jamás habría disculpado Martí el marxismo-leninismo, ni el “socialismo de Cuba”, también sin consuelo y cuajado de sufrimientos y fracasos.No deben quedar sin comentario otros asuntos de esta parte del libro. Al igual que hizo el antiguo ministro de cultura, busca Valdés Vivó refugio para sus ideas en grandes figuras de nuestra historia. No es menos que una falta de respeto recurrir a los patriotas cubanos, para apoyar ese “socialismo de Cuba”, además de “intocable”, lleno de contradicciones y de crímenes; dice: Como también piensan ahora los revolucionarios de todas partes, los de Cuba consideran indispensable unir la ideología consustancial al internacionalismo de la clase obrera, elaborada en lo fundamental por Marx, Engels y Lenin, con las prédicas de los diferentes héroes nacionales. [77]Es curioso, aunque lamentable, ver ahora a representantes del “socialismo de Cuba” buscando amparo a la sombra de aquéllos cuyo espíritu asesinaron para entregarse al internacionalismo soviético; dijo Martí sobre semejante infamia: “Honrar en el nombre lo que en la esencia se abomina y combate, es como apretar en amistad un hombre al pecho y clavarle un puñal en el costado”. [78]Por lo que hasta aquí se ve, el “socialismo de Cuba”, en el mundo de las ideas, no pasa de ser una atrofia senil como la que padece su máximo líder. El sesgo del mundo, junto a los fracasos del gobierno de Cuba, lleva a sus dirigentes también a recurrir a las cumbres de lo que despreciaron como vestigios burgueses, y van con la pandereta limosnera a pedirles ayuda para mantenerse en el poder, como “jineteando” tras el dólar del turista, del extranjero que invierte o del cubano que envía dinero a sus familiares en la isla. Así de nuevo se le echa mano a José de la Luz y Caballero, pero la incapacidad de Valdés Vivó, le hace confundir las palabras de Martí sobre él y mezcla como lo llamó en Patria, en 1894, “el silencioso fundador”, [79] con lo que había dicho en El Economista Americano, en 1888, “Sembró hombres”,[80] y queda fuera lo de “fundador”: el que crea, el que instituye, el que erige.
Al “ajiaco” trae también Valdés Vivó a Tony Guiteras, a quien Marinello, en el mismo escrito de 1935 en el que calificó a Martí de “abogado de los poderosos”, llamó al fundador de la Joven Cuba, y a los “nacionalistas, apristas y menocaleros” que se oponían al comunismo, “jóvenes reaccionarios… ubicados en la burguesía [y] servidores del mundo en putrefacción”. [81] Y tras Guiteras, porque anhelaba “el adecentamiento de la vida pública”, trae también a Eddy Chibás, el látigo de mayor prestigio en la República contra el comunismo criollo, quien ya en 1939 había publicado en la revista Bohemia su memorable artículo contra el más alto estalinista de Cuba, “¡Yo acuso a Blas Roca de traidor!” y quien minutos antes de dispararse un tiro ante los micrófonos de la CMQ denunció a los que apoyaban a Batista “con la taimada ayuda del comunismo internacional”.[82]
Junto a la ignorancia anda aquí la guataquería, que es una manera de esconder con ésta la otra, y dice Valdés Vivó de Fidel Castro: “Su obra de gobierno de cuatro decenios representa más que lo logrado por Cuba en cuatro siglos”, [83] y allá, en el otro plato de la balanza, vencidas por el genio del comandante en jefe, quedan la vida y la obra de José Agustín Caballero, Félix Varela, Luz, José Antonio Saco, Carlos Manuel de Céspedes (¡el “Padre de la Patria!”), Ignacio Agramonte, los Maceo (Antonio y José), Enrique José Varona, ¡Martí! y la de todos los mártires de la independencia, y la de los muchos cubanos que sirvieron con dignidad y pureza la Republica.Una curiosa cuestión salta a la vista en esta parte del libro donde, sin venir al caso, dice el director de la Escuela Superior de Estudios: “Así como la Revolución cubana siempre ha rechazado la tortura, incluso al combatir a los más perversos torturadores, también ha sido opuesta a toda mentira”. [84] Pero, ¿por qué de manera fortuita y sin explicación se trae un tema tan ajeno al libro? Al leer esas palabras vienen a la memoria las denuncias de los exprisioneros de guerra americanos que fueron torturados en Vietnam por agentes castristas, según consta en el libro de S. I. Rochester y F. Kiley, publicado en 1998; allí se describen las torturas que se llevaron a cabo con el fin, parece, de entrenar a los cubanos o para que los presos les sirvieran como conejillo de Indias y así probar técnicas nuevas de dominación.[85] Y en un periódico que comentó esas revelaciones se lee: “Otro de quien se sospecha como miembro del trío de torturadores es el entonces embajador de Cuba en Vietnam, Raúl Valdés Vivó, viejo militante comunista”.[86] ¿Podría explicarse esa protesta sobre la tortura, aquí traída por los pelos, por un complejo de culpa del actual director en La Habana de la Escuela Superior del Partido? ¿A qué viene ese descargo inoportuno en este lugar? Un proverbio legal latino afirma que cuando alguien proclama su inocencia en donde no se le acusa es prueba evidente de que tiene culpa: “Excusatio non petita accusatio manifesta”.
Otra vez prueba Martí y Marx en el socialismo de Cuba la preocupación oficial con el “apóstol de la Independencia”. Hace poco se quejaron airadas las autoridades por un folleto que circuló en La Habana con cincuenta pensamientos de Martí, sin una palabra que no fuera de él. [87] Lo temen, y tienen motivos para ello. Martí es la más autorizada voz de todos los tiempos en Cuba, y, lo mismo que en su momento fue la negación de cuanta maldad y miserias tuvo la República (el abuso del poder, el peculado, el egoísmo, la injusticia social, la limitación de la soberanía, la discriminación y el materialismo dinerista), ha sido en los últimos tiempos el dedo acusador de la apostasía de Castro, el azote de ese régimen totalitario que ahora llaman “socialismo de Cuba”. En acatamiento hipócrita no dejan hablar a Martí más que a retazos, o por boca de quienes lo falsifican, y controlan la exégesis de su doctrina, o se la opacan con una hojarasca de trivialidades.Por último es de notar que ninguno de los dos autores de Martí y Marx en el socialismo de Cuba menciona un libro que Martí tenía en su biblioteca y que mucho dice de sus ideas sobre las doctrinas sociales. Se trata del Contemporary Socialism del historiador y economista John Rae, publicado en 1887 en Nueva York, cuya frecuente consulta por Martí se conoce por lo que copió de él a la letra en su Cuaderno de Apuntes, [88] por las coincidencias de sus juicios con los de del inglés sobre Henry George, Spencer, Marx, Bakunin, Marlo, Proudhon y Herzen. Ese silencio es otra de las pruebas del miedo que le tienen. No dejan ver al público el libro de Rae que mantienen secuestrado y al que sólo tienen acceso incondicionales esbirros de la tiranía.[89]En 1993 el Centro de Estudios Martianos publicó una vigilada y torpe revisión del libro para disimular el secuestro, pero aún así no pudieron evitar que se viera la importancia de los comentarios de Martí. Véase este ejemplo: en Contemporary Socialism Rae dice: La tendencia natural de la democracia no es hacia el socialismo. Un hecho sencillo, pero notable, es suficiente para demostrarlo: en América [los Estados Unidos] la democracia ha estado floreciente por más de un siglo y allí no hay huellas de socialismo, excepto en algunos antiguos inmigrantes alemanes… La clase trabajadora es, en lo político, todo en ese país… y nunca han mostrado el menor deseo de usar ese poder para convertirse en un todo social o para limitar la libertad de la propiedad privada. Por cierto, De Tocqueville opina que, contrariamente al contacto supuesto de la democracia y el socialismo, los dos sistemas son en absoluto opuestos uno al otro. [90]
Y en el margen inferior de esa página 19, en el ejemplar suyo, Martí escribió esta frase que echa abajo cuanto pregona el marxismo-leninismo, y que viene a ser un resumen de su pensamiento político: “Democracia no es el gobierno de una parte del pueblo o una clase del pueblo sobre otra, porque eso es tiranía. Sino el gobierno de tanto el pueblo en equitativa representación y el equilibrio de las clases”. [91]En general los juicios de John Rae son devastadores para el régimen de La Habana. El que sigue pinta de manera admirable lo que lograron las ideas de Marx y Engels, y la práctica del leninismo, en tantos países del mundo: Los incentivos para trabajar se reducen en un sistema comunista, y si a los que trabajan menos se les trata igual que a los que trabajan más, no será entonces la abolición de un monopolio sino la creación de un nuevo monopolio, el monopolio de la indolencia y de la incapacidad. El estúpido y el haragán se han de aprovechar de los más capaces y de los más trabajadores… El comunismo, por lo tanto, lleva a todo lo contrario de lo que pretende alcanzar: busca igualdad y concluye en desigualdad, busca la supresión de los monopolios y crea un nuevo monopolio, busca aumentar la felicidad humana y con frecuencia la reduce. Es una pura utopía… ¿Y por qué es una utopía? Porque contradice su principio de igualdad. La igualdad no quiere decir dar lo mismo a todos, sino el darle a cada uno el espacio necesario para que desarrolle su persona, y eso es exactamente el fundamento de la libertad. La mayor igualdad y la mayor libertad posible sólo pueden lograse juntas. [92]¿Martí y Marx en “el socialismo de Cuba? Imposible. Sólo los podrán juntar, y nada más que en imagen, a fuerza de goma y tijera, como lo han hecho allá en la cubierta del libro. [1] Armando Hart Dávalos y Raúl Valdés Vivó. Martí y Marx en el socialismo de Cuba. La Habana: Oficina del Programa Martiano, 2002. [2] Blas Roca. Los fundamentos del socialismo en Cuba. La Habana: Editorial Páginas, 1943. [3] Ernesto Guevara. El socialismo y el hombre en Cuba. La Habana: Ediciones R, 1965. [4] “Opportunism is adaptation of the policy and ideology of the working-class movement to the interests and needs of non-proletarian (bourgeois and petty-bourgeois) strata. Opportunism is usually associated with revisionism… Revisionism is an ideological and political trend hostile to Marxism-Leninism.” A Dictionary of Scientific Communism (Moscow: Progress Publishers, 1984), p. 160 y 197. [5] Constitución de la República de Cuba Actualizada según la Ley de Reforma Constitucional aprobada el 12 de julio de 1992 (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1996), p 2. [6] Anuario del Centro de Estudios Martianos, I (1978), p. 13 y 14. [7] José Martí, Obras Completas (La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963-1973), vol. IX, p. 388. [8] Martí y Marx, p. 34. [9] Destinatario José Martí, Luis García Pascual, ed. (La Habana: Casa Editora Abril, 1999), p. 110. [10] José Martí, vol. IX, p. 432. [11] Martí y Marx, p. 34 y 38. [12] Ibid., p. 44 y 45. [13] Ibid., p. 44. [14] Ibid., p. 14. [15] José Ignacio Rodríguez, Vida de don José de la Luz y Caballero (Nueva York: Imprenta de “El Nuevo Mundo–La América Ilustrada”, 1874), p. 176. [16] Aforismos y Apuntaciones por José de la Luz y Caballero, Roberto Agramonte, ed. (La Habana: Universidad de La Habana, 1945), número 607, p. 381. [17] « Il vient proposer à toutes les écoles un traité de paix. Puisque l'esprit exclusif nous a si mal réussi jusqu'à présent, essayons de l'esprit de conciliation. » Citado por Medardo Vitier, La filosofía en Cuba (México: Fondo de Cultura Económica, 1948), p. 118. [18] Obras de José de la Luz y Caballero. (I) La Polémica Filosófica. Cuestión de Método (La Habana: Editorial de la Universidad de La Habana, 1946), p. 350. [19] Vida de don José de la Luz y Caballero, p. 302. [20] La Habana: Cultural, S.A., 1931, p. CXX. [21] La filosofía en Cuba, p. 118 y 111. [22] Hombres y glorias de América (París: Garnier Hermanos, 1903), p. 218. [23] México: Fondo de Cultura Económica, 1949, p. 50-51. [24] Martí y Marx, p. 15. [25] José Agustín Caballero y los orígenes de la conciencia cubana (La Habana: Universidad de La Habana, 1952), p. 228. [26] El pensamiento de Félix Varela y la formación de la conciencia cubana (La Habana: Sociedad Lyceum, 1950), p. 64. [27] Archivo de Gonzalo de Quesada. Epistolario, Gonzalo de Quesada y Miranda, ed. (La Habana: Academia de la Historia de Cuba, 1951), vol II, p.253. [28] José Martí. Epistolario, Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla, eds. (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1993), vol. IV, p. 129. [29] Martí y Marx, p. 27. [30] José Martí, vol. III, p. 140. [31] “His comment, reported by Engels, that ‘all I know is that I am not a Marxist,’ was made with reference to phrases used by his son-in-law Paul Lafargue.” A Dictionary of Marxist Thought, Tom Bottomore, ed. (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1983), p. 309. [32] “He carried ‘the stigma of his Negro heritage’, Marx formulated.” Leslie Derfler, Paul Lafargue and the Founding of French Marxism (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1991), p. 207. [33] “The Larfagues owned a farm or ranch near the city [de Santiago de Cuba] called ‘La Maison de San Julian’”. Ibid, p. 242, n. 22. [34] Manifiesto Comunista (La Habana: Editorial Lex, 1960), p. 44. [35] Martí y Marx, p. 78. [36] Ibid., p. 71. [37] Ibid., p.62. [38] Repertorio Americano [Costa Rica], vol. XXX, no. 4 (26 de enero de 1935), p. 58. [39] El pensamiento filosófico de José Martí y la revolución cubana (La Habana: Editorial Jaidy, 1946, p. 27 y 25. [40] José Martí, vol. IX, p. 388. [41] Ibid., p. 388-389. [42] Ibid., p. 388. [43] Martí y Marx, p. 55. [44] La Habana: Publicaciones de la Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, 1954, p. 222. [45] Ibid., 223. [46] Martí y Marx, p. 56. [47] Patria, Suplemento al número 35, 7 de noviembre de 1892. [48] Martí habló de Salvoechea en Patria, en octubre de 1894, por la fundación del Club con el nombre del gaditano. Lo recordaba Martí en Cádiz, “alto y en traje negro… buscando dónde tender a los republicanos traidores”. Martí, procedente de La Habana, en su primer exilio, desembarcó en esa ciudad a principios de 1871, pero, por su mención de los “republicanos traidores”, su encuentro con Salvoechea debió ser durante la Primera República, entre febrero de 1873 y mayo de 1874, quizás en 1873 cuando Salvoechea era alcalde de Cádiz, aún no anarquista, sino partidario del socialismo utópico de Fourrier. Cuando Baliño fundó en 1894 el Club, ya era Salvoechea un conocido ácrata, director desde 1885 del periódico El Socialista. [49] “Un hombre, por amor de Dios” y “Del caos no saldrá la luz”. Cuentos de hoy y mañana. Cuadros políticos y sociales. Nueva York: Imprenta y Librería de Néstor Ponce de León, 1883. [50] Martí y Marx, p. 57-58. [51] Cuentos, p. VI. En José Martí, vol. V, p. 106-107. [52] Ibid. [53] Cuentos, p. 23. [54] Ibid., p. 31, y 33. [55] Ibid., p. 34. [56] Ibid., p. 36-37. [57] Ibid., p. 43, 52-53. [58] Ibid., p. 50-51. [59] La América (Octubre de 1883). José Martí, vol V, p. 111. [60] Cuentos, p. VII. En José Martí, Vol. V, p. 108. [61] Martí y Marx, p. 61. “La futura esclavitud” no es “un libro”, como aquí se afirma, sino un capítulo de los cuatro que forman The Man Versus the State, publicado en Nueva York, en 1884, por D. Appleton. Son sus títulos: “The New Toryism”, “The Coming Slavery”, “The Sins of Legislators” y “The Great Political Superstition”. Poco después se publicó en España una traducción por Siro García del Mazo: El individuo contra el Estado (Sevilla: Imprenta y Litografía de José M. Ariza, 1885) con los cuatro capítulos: “Los nuevos conservadores”, “La esclavitud del porvenir”, “Las culpas de los legisladores” y “La gran superstición política”. [62] José Martí, vol. XV, p. 388. [63] José Martí, vol. XIII, p. 438. [64] Ibid., vol. XV, p. 387. [65] “For some time past I have been getting more and more exasperated at the way things are drifting towards Communism, with increasing velocity”. Herbert Spencer. Political Writings, John Offer, ed. (Cambridge [Inglaterra]: Cambridge University Press, 1994), p. XXII. [66] José Martí, vol. IX, p. 458-459. [67] Nuevas cartas de Nueva York por José Martí, Ernesto Mejía Sánchez, ed. (México: Siglo XXI, 1980), p. 72. [68] “Unos cuantos obreros cubanos, obreros de color, de esos obreros nuestros que, aunque parezca burla a algún inútil, tienen abierto en su mesa de trabajar, de ganarse el pan fiero e independiente, la Educación de Spencer…” Y en otra ocasión al hablar de dos de aquellos obreros, también en Patria, dijo de Manuel González y de Juan Bonilla: “…Juntos, del trabajo del día, vuelven con su Spencer o su Plutarco…” José Martí, vol. V, 267 y 375. [69] Ibid., vol. VI, p. 139. [70] “Those whose hardships are set forth in pamphlets and proclaimed in sermons and speeches which echo throughout society, are assumed to be all worthy souls, grievously wronged; and none of them are thought of bearing the penalties of their own misdeeds… They are simply good-for-nothings, who in one way or other live on the good-for-somethings, vagrants and sots, criminals and those on the way to crime...” Herbert Spencer, The Man Versus the State, “The Coming Slavery” (Cladwell [Idaho]: The Caxton Press), 1940, p. 22 y 23. [71] “Versos Sencillos”. José Martí: Poesía Completa; Cintio Vitier, Fina García Marruz y Emilio de Armas eds. (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1985), vol. II, p. 238. [72] “The current assumption is that there should be no suffering, and that society is to blame for that which exists... The services of each will belong to the aggregate of all; and for these services, such returns will be given as the authorities think proper… But, why is this change described as 'the coming slavery'? Is a question which many still ask. The reply is simple. All socialism involves slavery… The final result will be a revival of despotism. A disciplined army of officials, like an army of military officials, gives supreme power to its head… It would need but a war with an adjacent society, or some internal discontent demanding forcible suppression, to at once transform a socialistic administration into a grinding tyranny like that of ancient Peru.” The Man Versus the State, p. 23, 50, 41, 51 y 52. [73] José Martí, vol. XV, p. 392. [74] Martí y Marx, p. 63, 64, [75] José Martí, vol. XV, 390 y 391. [76] Ibid., p. 392. [77] Martí y Marx, p. 61. [78] José Martí, vol VII, p. 414. [79] Ibid., vol. V, p. 271. [80] Ibid., p. 279. [81] Repertorio Americano, p. 59. [82] Bohemia (14 de mayo de 1939), p. 37; y “El último aldabonazo”, Bohemia (12 de agosto de 1951), p. 67. [83] Martí y Marx, p. 90. [84] Ibid. [85] “Whether to give the Cubans training as intelligence officers or as experimental fodder for testing new domination techniques.” “Zoo: The Cuban Program and Other Atrocities.” Honor Bound: The History of American Prisoners of War in Southeast Asia, 1961-1973. (Washington, D. C.: Historical Office of the Secretary of Defense, 1998), p. 397. [86] El Nuevo Herald (Miami, Florida), 22 de agosto de 1999, p. 1 y 2. [87] Ver Carlos Ripoll, Martí secreto, Nueva York: Editorial dos Ríos, 2002. [88] Estas palabras de Rae, en las primeras páginas del “Introductory”, aparecen copiadas textualmente por Martí en su Cuaderno de Apuntes número 18 (Obras Completas, vol. XXI, p. 386): “The land of the country and all other instruments of production shall be made the joint property of the community, and the conduct of all industrial operations be placed under the direct administration of the State.” [89] Ver Carlos Ripoll, “Martí: democracia y tiranía”, en Martí: político, estadista, conspirador y revolucionario, p. 123-130. [90] “The natural tendency of democracy is not to socialism. A single plain but remarkable fact suffices to establish that Democracy has been in full bloom in America for more than a century, and there are no traces of socialism there except among some German immigrants of yesterday… The laboring class is politically everything in that country… and they have never shown any desire to use their political power to become socially everything or to interfere with the freedom of property… De Tocqueville, indeed maintains that so far from being any natural solidarity between democracy and socialism, they are absolutely contrary the one to the other.” Contemporary Socialism. Second Edition (New York: Charles Scribner's Sons, 1896), p. 19 [91] Ver José Ballón, “Martí y El socialismo contemporáneo de John Rae”. Anuario del Centro de Estudios Martianos (1993), número 16, p. 55. [92] “The motive to labor is weakened on the communist system; and if those who work less are to be treated exactly like those who work more, then that would be no abolition of monopoly, but merely the invention of a new monopoly, the monopoly of indolence an incapacity. The skilful and industrious would be exploited by the stupid and lazy… Communism thus conducts to the opposite of everything it seeks. It seeks equality, it ends in inequality; it seeks the abolition of monopoly, it creates a new monopoly; it seeks to increase happiness it usually diminishes it. It is a pure utopia, and why? Because it misunderstands its own principle. Equality does not mean giving equal things to every man; it means merely affording the greatest possible playroom for the development of every personality, and that is exactly the principle of freedom. The greatest possible equality and the greatest possible freedom can only be realized together.” Contemporary Socialism, p. 185. |
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