Todo lo de Martí interesa porque cuanto más sabemos de
él, con mayor claridad se nos presenta la singular figura. Y el gusto de disfrutarla
crece aún más al tratarse de aspectos de su vida o de su obra que no se conocían. Si no
se tiene noticia o se ignoran detalles de una cosa, se la puede llamar desconocida, y con
ese significado de la palabra se califican el retrato y los versos que aquí interesan.
Martí y la fotografía
La avidez intelectual de Martí lo llevó a interesarse en el progreso de la que al
principio llamaban la "cámara obscura". De la misma manera que en nuestros
días se habla de la pequeñez del mundo por los adelantos en la comunicación
electrónica, en tiempos de Martí se advirtió el mismo fenómeno por el uso del
ferrocarril y de la fotografía. Uno de los cambios más notables que produjo fue la
posibilidad de que tuvieron todos de perpetuar su imagen sin recurrir a un pintor, lo que
estaba reservado para la gente rica o famosa. Y aplicado a la ciencia y a la sociología,
el nuevo arte logró fijar lo que sólo era posible ver directamente en el microscopio o
en el telescopio, y ofrecer conmovedores testimonios de los horrores de la guerra y de las
injusticias en la sociedad: las imágenes de la Guerra Civil en los Estados Unidos, de los
miles de muertos dispersos en los campos de batalla, se pensó que podrían de servir de
lección para evitar ese tipo de conflictos; y la prueba de cómo vivían los pobres
logró mover algo la justicia en el camino correcto el libro de Jacob August Riis, How
the Other Half Lives, publicado en 1890, puso en evidencia la miseria de muchos
infelices en Nueva York, e hizo que combatieran la pobreza algunas almas caritativas y
agencias del gobierno.
En noviembre de 1881 Martí empezó a publicar en La Opinión Nacional, de
Caracas, una "Sección Constante" que dijo iba a tratar de "historia,
letras, biografía y curiosidades de la ciencia". Escribió allí de todo: asuntos
relacionados con el comercio y la política, las artes, las costumbres, los inventos, la
electricidad, las comunicaciones, de cuanto asunto al ser noticia podían disfrutar sus
lectores.
Por su vocación de pintor y su gusto por las artes visuales, a Martí le interesaba en
particular la fotografía. Al mes de publicarse esa "Sección" suya, el 2 de
diciembre, escribió allí: "Progreso inmenso fue el conseguir fijar las imágenes
obtenidas en la cámara oscura, pero no es menos cierto que el hombre no se ha manifestado
satisfecho con todos los adelantos realizados por la fotografía. Cerca de medio siglo
hace que se está buscando con empeño el conseguir fijar también los colores, o sea
obtener las imágenes con su coloración propia". Explica entonces, con evidente
gusto y detalles, los procedimientos que se seguían para lograr el color: "En
fotografías se ha sacado por medio de tres clichés para cada objeto: clichés obtenidos
respectivamente a través de tres diafragmas líquidos, uno anaranjado, otro verde y otro
violeta..." Y sigue explicando las sustancias que dice se ensayan "el
colodión", "el bicromato de amoniaco", y concluye: "Será
verdaderamente mágico conseguir fotografías, en que a la exacta copia de la naturaleza
en cuanto a las líneas, se consiga unir la viveza y animación del colorido".
Y por la misma curiosidad se interesó en los pasos primeros del cine. Al mes
siguiente, en la "Sección Constante" escribe: "La fotografía está
alcanzando victorias extraordinarias. En San Francisco de California hay un fotógrafo,
Muybridge, que consiguió hace poco retratar con toda perfección un caballo que marcha a
paso de trote. Descubierto así el modo de fijar la figura en movimiento, sin interrumpir
éste, los fotógrafos de Europa se han dado a buscar la manera de ampliar y perfeccionar
el descubrimiento de Muybridge... Un francés, Andra, ha retratado con el mismo éxito a
una niña jugando a la cuerda suiza; y un inglés ha conseguido ya retratar golondrinas en
vuelo, llegando a obtener hasta la sombra de la golondrina en el agua de la laguna sobre
la cual volaba".
Quizás fue el interés de Martí por la fotografía lo que hizo que se retratara más
de lo corriente en una persona de su clase social y de su vida antes de convertirse en
dirigente político. Puede decirse que a Martí le gustaba retratarse. Hasta nosotros han
llegado numerosas fotos suyas, desde la que se tomó hacia 1864, al terminar la enseñanza
primaria en La Habana, en la que aparece con una medalla de premio en la solapa de la
chaqueta, hasta la última, posiblemente de 1895, en Nueva York, junto a Manuelito
Mantilla.
Cuenta Blanca Z. de Baralt en El Martí que yo conocí (1945) que para ganarse
la amistad de los cubanos José María y José Manuel Mora, fotógrafos de la aristocracia
neoyorquina, de los millonarios del círculo de Cornelius Vanderbilt, sabiendo que no
tenían buena opinión de él, se presentó un día en su estudio en el 707 de Broadway, y
les dijo: "Yo sé que Uds. no me quieren bien, pero, no obstante, aquí vengo a que
me retraten"; y concluye la buena amiga de Martí: "Huelga decir que se ganó la
simpatía de todos los presentes, y José María le hizo una fotografía
magnífica..."
Sobre sus deseos de retratarse es notable que, sufriendo los horrores del presidio, en
medio de los trabajos forzados de las canteras, hiciera ir a la cárcel a un fotógrafo
para que lo retratara con el traje de presidiario, el grillete al pie y con el brazo
izquierdo apoyado en una columna dórica más propia de un atelier que de una
cárcel. Y por aquellos días le había escrito a la madre sobre sus limitados recursos:
"Nada me hace falta, sino es de cuando en cuando 2 o 3 reales para tomar café... Sin
embargo, cuando se pasa uno sin ver a su familia ni a ninguno de los que quiere, buen
puede pasarse un día sin tomar café. Papá me dio 5 o 6 reales el lunes; di 2 o 3 de
limosna y presté 2..."
También es posible que por su temprana vocación revolucionaria, ya presente en el
poema Abdala, quería acumular testimonios gráficos de su conducta que sirvieran
de ejemplo a los demás; las dedicatorias que se conservan en ese retrato dicen mucho de
su objetivo: a la madre le escribe: "Mírame, madre, y por tu amor no llores/Si
esclavo de mi edad y mis doctrinas,/Tu mártir corazón llené de espinas,/Piensa que
nacen entre espinas flores". Y al amigo Fermín Valdés Domínguez: "Hermano de
dolor, no mires nunca/En mí al esclavo que cobarde llora:/Ve la imagen robusta de mi
alma/Y la página bella de su historia". Es evidente que quería grabar en los suyos
la imagen de la víctima para que comprendieran la trayectoria que se había trazado. Como
contó luego en El Presidio Político en Cuba: "Mi patria me había arrancado
de los brazos de mi madre, y señalado un lugar en su banquete... me vistió con ropa
extraña, cortó mis cabellos y me alargó en la mano un corazón... Mi patria me
estrechó en sus brazos y me beso en la frente, y partió de nuevo, señalándome con una
mano el espacio y con la otra las canteras..."
La foto desconocida
En todas las fotografías que se han publicado en Cuba, desde las que se incluyeron
en 1925 por Arturo R. Carricarte en su Iconografía de José Martí, hasta la que
publicó en 1985 Gonzalo de Quesada y Miranda, Martí está mirando al frente, casi
siempre a la cámara, a lo más con la cabeza ligeramente ladeada. Ninguna fue
instantánea: solo o en un grupo, siempre se le ve avisado, en estudiada postura, sabiendo
que lo iban a retratar. Y jamás de perfil, que es la posición en que nada más se ve una
mitad lateral de la cara. Lo único que se conocía de su perfil eran tres dibujos a
lápiz que le había hecho en 1893 el joven Bernardo Figueredo Antúnez, uno del pintor
venezolano Cirilo Almeida Crespo, de ese mismo año, y tres autorretratos que más parecen
deformes caricaturas.
Lo más notable de la fotografía que aquí interesa es precisamente que está de
perfil. Aunque tomada también en un estudio, da la impresión que ni Martí ni los dos de
pie (que no se han podido identificar) estaban del todo preparados para la toma. El
principal de la foto quizás el que pagó por ella debía ser el de la extrema
derecha, opuesto a Martí, José Miguel Párraga, ya listo, con la pierna cruzada, la mano
al pecho y los ojos dirigidos a la cámara; en esa posición de su cliente, el fotógrafo
parece haberse decidido a disparar después de advertirles a todos, como era necesario en
aquellos días, que no se movieran.
La curiosa foto de que aquí se trata se publicó por vez primera en la revista Carteles
el 10 de noviembre de 1957, con un artículo de Gonzalo de Quesada y Miranda.
José Miguel Párraga, uno de los amigos de Martí que aparece en ella, según los
datos que recogió Quesada, era cinco años mayor que él. Había nacido en Santa María
del Rosario y se educó en "El Salvador", el colegio de Luz y Caballero. Luego,
como estudiante de Medicina, abandonó la carrera para unirse a la insurrección de
Céspedes. Sirvió a las órdenes de Donato Mármol, Ignacio Agramonte, Bernabé de Varona
y Máximo Gómez. Herido de bala en un brazo casi al terminarse la Guerra de los Diez
Años, lo hicieron prisionero. Deportado a España se estableció en Barcelona, donde se
graduó de médico y ejerció su profesión. La foto fue hecha, según la cartulina en que
está montada, en el "Estudio Fotográfico de Napoleón e hijo, Fotógrafo de Cámara
de Su Majestad Alfonso XII", en Barcelona. Tuvo que ser a fines de 1879: Martí
había sido deportado por segunda vez en setiembre de ese año; llegó a Santander a
principios de octubre y vivió en Madrid hasta que se vuelve a tener noticia de él de que
estaba en París el 18 de diciembre. Es lógico suponer que la foto se hizo en la primera
quincena de diciembre cuando iba camino de Francia, y es la única prueba que se tiene de
que estuvo en Barcelona.
Años más tarde, ya viviendo Martí en Nueva York, Párraga se estableció en esa
ciudad, y en varias comunicaciones patrióticas aparece su nombre, con el de otros
exiliados, cercanos colaboradores de Martí (como en la enviada en diciembre de 1887 a los
generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Rafael Rodríguez, tambien firmada, por Rafael
de Castro Palomino, Francisco Sellén, Enrique Trujillo y Emilio Núñez; y al año
siguiente, en otra, dirigida a Enrique Trujillo y a Rafael Serra). En Patria Martí
lo menciona, en uno de los primeros números del periódico, entre los médicos
distinguidos de Puerto Rico y Cuba que residían en Nueva York; y el 14 de mayo allí
mismo escribe: "Está entre nosotros otra vez, ya con mejor salud, el médico que en
los años de la guerra vio de cerca la muerte sin temblar, y después de ella supo tajarse
un nido en la roca. Patria sintió un día grande orgullo cuando Miguel Párraga,
en respuesta a su curiosidad, le enseño su libro de ganancias. Se fue, con su trabajo a
un distrito donde aún no era conocido, y allí levantó clientela y respeto, y casa
dichosa. Para Patria son sagrados todos los días grandes, y más cuando al
heroísmo de la guerra juntan al heroísmo del destierro". Y en Patria
aparecía su nombre y la dirección de su consulta, en "35 City Hall Place".
El retrato y la censura
La fotografía de Martí en Barcelona la han mantenido escondida en Cuba después de
1959. Olvidada por mucho tiempo, se incluyó en un libro publicado en 1992 en los Estados
Unidos: José Martí: A Biography in Photgraphs and Documents/ Una biografía en fotos
y documentos. Cuando apareció por vez primera, en La Habana, en 1957, eran días
trágicos: encuentros entre el ejército y las guerrillas, inquietud y sangre en las
ciudades, políticos del gobierno y del exilio en amarga discordia. No estaban los ánimos
para disfrutar la publicación del retrato. Lo comentó Ernesto Mercado, el hijo menor del
gran amigo de Martí, el mexicano Manuel Mercado. Él lo había conocido en su niñez,
cuando Martí estuvo en México, en 1894, y confirmó, por supuesto, que Martí era el de
la foto por los rasgos de la cara, la manera de sentarse, la posición de las manos, el
mantener la derecha cerrada como se ve en casi todas sus fotografías, e hizo
el comentario de que Martí tenía la costumbre de entrelazar un dedo de su mano derecha
en la leontina del reloj, por lo que parece en la foto que tiene un anillo.
El retrato era propiedad del arquitecto Nicolás Arroyo, entonces ministro de Obras
Públicas, quien se la facilitó a Quesada. José Miguel Párraga era hermano de Adela
Párraga, la abuela de Arroyo. Fue ese origen suficiente para que el gobierno de Castro
ignorara la preciosa reliquia, y, a pesar de su interés, no la reprodujera: tendrían que
reconocer que era propiedad de un ministro de la dictadura, y como para ellos cuanto vale
de la historia nacional empezó en 1959, todo lo anterior que no pueden manejar conviene
ignorarlo. En 1984, la famosa novela de George Orwell, el lema del Partido resume
el manejo de la historia para el triunfo totalitario: "Quien controla el presente,
controla el pasado; quien controla el pasado, controla el futuro".
Los más acabados estudios sobre la iconografía de Martí son los que hizo Ezequiel
Martínez Estrada, el ensayista argentino, en su libro Martí revolucionario
(1967), y el historiador alemán Ottman Ette en su artículo "Imagen y poder
poder de la imagen: acerca de la iconografía martiana", en Lateinamerika-Studien
(1994), y en su libro José Martí. Apóstol, poeta revolucionario: una historia de su
recepción (1995). Ninguno de los dos tenía noticia de esa foto. Y hasta el propio
Quesada, que la había publicado en 1957, no se atrevió a incluirla en su Iconografía
Martiana, de 1985. Parece, sin embargo, que por un descuido de los censores se
publicó en 1974 en un Seminario Juvenil de Estudios Martianos, sólo con este pie
de grabado: "Martí junto a tres compatriotas"; y Ottmar Ette, que la vio, con
esa ingenuidad de algunos extranjeros o académicos que visitan la isla, habla en su
artículo sobre el misterio, y dice: "En una pequeña iconografía publicada en 1974
se publica una imagen de Martí que no he vuelto a encontrar en ninguna publicación
posterior, tampoco en la Iconografía martiana [de Quesada] que pretende publicar
todos los retratos hechos en vida de Martí. La imagen muestra a 'Martí junto a tres
compatriotas. (1891-1892)' (fig. 21). Esto es toda la información que se nos brinda.
¿Dónde fue tomada la foto, si de foto se trata? ¿A quiénes representa? ¿Por qué no
figura en las iconografías 'oficiales'"? Y Ette incluyó la reproducción en una
página de su artículo, tal como aquí aparece.
El propósito de esas trampas del gobierno cubano es el de romper toda continuidad con
el pasado en el culto a Martí. Lo mismo que han hecho manipulando su doctrina y
falsificando la figura. En el mundo de las imágenes Ette le llama al escamoteo
"marginalización". Cuenta en su libro antes citado, al hablar de estos asuntos,
con una franqueza que se le debe aplaudir, lo siguiente: "Como un dato anecdótico
quiero mencionar aquí una visita turística de la ciudad de La Habana. El guía, un
cubano ya de edad, me explicó que el monumento [a Martí en la Plaza Cívica, luego
llamada Plaza de la Revolución] había sido construido por la revolución. Cuando le
manifesté mi escepticismo al respecto, me hizo saber que los relatos divergentes eran
mera propaganda imperialista..."
Debe recordarse que la idea del monumento a Martí surgió por una moción del
representante a la Cámara Pastor del Río, en 1921, cuando propuso que se declarara día
de fiesta nacional el 28 de Enero de todos los años. Luego empezó a cristalizar el
proyecto en 1938 durante la presidencia de Federico Laredo Bru, siendo jefe del ejército
Fulgencio Batista y Secretario de Obras Públicas Enrique Ruiz Williams, según explica el
libro publicado en ese año por la Comisión Central Pro-Monumento con el título En
memoria de José Martí; allí se lee que será "un altar de cívica
consagración donde la nacionalidad se sienta glorificada y fortalecida..."
Tiempo después, al ganar el concurso para el monumento el escultor Juan J. Sicre y el
arquitecto Aquiles Maza, siendo Batista presidente, quiso dársele nuevo impulso al
proyecto que mereció grandes elogios, asi dijo el 31 de mayo de 1942, desde el periódico
Noticias de Hoy, órgano del Partido Comunista, el escritor y poeta Ángel I
Augier: "Emociona esa caliente pasión martista, esa ancha devoción anima la obra de
estos valiosos artistas cubanos... de ahí que todos los detalles hayan surgido como de
aquella mano taumatúrgica que fue capaz de congregar a todos los mambises para conquistar
la independencia de su pueblo..." Después de demoras imperdonables y de no andar el
proyecto por los mejores caminos, quedó terminado el monumento, y prueba de ello es que
algunos de los primeros discursos de Fidel Castro, en 1959, los pronunció en ese lugar.
La poesía
Libros no públicó Martí más que cinco: dos en prosa, más bien folletos El
Presidio Político en Cuba (1871) y La Republica española ante la revolución
cubana (1873); una novela Amistad Funesta
(1885) y dos de poesía Ismaelillo (1882) y los Versos Sencillos (1891);
artículos, centenares en periódicos y revistas, y discursos. Desde que Gonzalo de
Quesada y Aróstegui empezó a reunir en 1900 los escritos de Martí, dio a la imprenta
una parte de su obra poética en 1913, en el tomo XII de esa colección que llamaba
"Obras del Maestro". Valiosos trabajos se hicieron después hasta aparecer en
1985, los dos tomos de José Martí, Poesía Completa, Edición Crítica, al
cuidado de Cintio Vitier, Fina García Marruz y Emilio de Armas. No están ausentes de
esta colección defectos al presentar el material, ni erratas, ni falsas atribuciones, y
como la Editorial Letras Cubanas advierte en una nota, "Al lector", que se han
de agradecer opiniones "acerca de la obra, de su presentación [y] cualquier otra
sugerencia", aquí van algunas, con la esperanza de merecer su gratitud.
Los dos tomos de la "edición crítica" de la Poesía Completa, hecha
en Cuba, no son en realidad, como dicen una edición crítica, sino de una edición
parcialmente corregida que aún demanda, a su vez, amplia corrección. Ni tampoco es
"completa" toda vez que el término del latín complere, y éste de
com (terminado) y plere (llenar), aunque con frecuencia usado con
mayor amplitud, sólo debe aplicarse a lo acabado, en lo posible sin faltas ni defectos,
como explica el Diccionario de Autoridades. De acuerdo con lo dicho, esta
"Edición Crítica" de la "Poesía Completa" de Martí, ni es
"crítica", ni es "completa", también por la ausencia de los versos
que se reproducen aquí.
No es fácil explicar en esta colección de la Poesía Completa, con tan
valiosos estudios que se han realizado sobre la poesía de Martí, los editores casi se
limitaran a corregir erratas o a fijar la ortografía. Ni fue un acierto, por otro lado,
dividir algunas composiciones de acuerdo a la geografía ("Poemas escritos en
España", "Poemas escritos en México y Guatemala") para luego regirse por
la forma en otros casos, por sus temas y aun por la fecha en que se escribieron. Ni
debieron ponerse las notas al final de cada grupo, lo que hace difícil su consulta, en
vez de mantenerlas al pie de la página. Y es difícil disculpar que no se hiciera un
índice de primeros versos para facilitar su manejo y consulta. La cantidad de erratas es
enorme en relación con el cuidado y la atención que merecía una obra de esa naturaleza:
la escandalosa negligencia con la que se compuso se hace evidente en las hojas insertas en
cada tomo con la relación de las "erratas más importantes".
Entre los "Versos de Circunstancias" se incluye un "Envoi" dirigido
por Martí "A la señora Angelina M[iranda] de Quesada", escrito en
"Christmas, 25 de diciembre, 1892", en cuyo primer verso se lee, "La nieve,
glacial, aprieta..."; es absurdo suponer que Martí haya escrito que la
"nieve" es "glacial", es decir, muy fría es como afirmar que el
agua que corre es líquida. Martí escribió con propiedad, como puede verse en la
copia que aquí se reproduce, con una personificación, dándole a lo inanimado un valor
propio de lo vivo, "La nieve, lívida, aprieta", destacando su intensa
blancura; así hay un logrado paralelismo con el primer verso de la otra estrofa, en que
repite igual recurso con la misma puntuación (la coma ahí, también, por error, la
habían desaparecido) y dice: "La nieve, amable, conmueve". De ese
disparate, sin embargo, no puede culparse a los editores pues lo heredan de la
transcripción que hizo Quesada en las Obras Completas (1963-1966) de la Editorial
Nacional, asimismo incompletas, cuajadas de erratas y con una distribución del material
con la que deja de tener valor de metáfora la palabra "selva" que le dio Martí
a sus papeles en el testamento literario. El original de ese "Envoi" lo
conservaba en Nueva York el nieto de Angelina Miranda de Quesada, David Mastana de
Quesada, quien tuvo la amabilidad de facilitárselo al autor de estas páginas. Ya hoy
está con su rico archivo de genealogía en la Cuban Heritage Collection de la biblioteca
de la Universidad de Miami.
Y, por último, un ejemplo de falsa atribución. Quizás para no tener que mencionar el
nombre de un exiliado como con tanta frecuencia han hecho, y hacen, los censores
oficiales, autorizando plagios, silencios y otras cobardes trampas le atribuyen al
mexicano Alfonso Herrera Franyuti el descubrimiento del poema de Martí "De noche, en
la imprenta". Dice sobre él una nota en esta Poesía Completa: "No
aparece en las O[bras]. C[ompletas]. Fue dado a conocer por Alfonso Herrera Franyuti en el
núm. 93 de Casa de las Américas. La Habana, noviembre-diciembre de 1975, p.
88-89". Pero esa composición ya había aparecido a principios del año anterior en
un folleto titulado Un poema desconocido de Martí. Martí proletario, que
publicó en Nueva York, la casa editorial E. Torres and Sons, y está inscrito en la
Biblioteca del Congreso, en Washington, con esa fecha de 1974 (Accession 206177751)
y el Library of Congress Catalog Card Number 74-82281, concedido en 1973, y que
adquirieron bibliotecas de este país. Y ese Martí proletario fue un capítulo del
libro de la misma editorial, publicado a principios de 1975, José Martí: letras y
huellas desconocidas. Es verdad que el comentario que acompañaba "De noche, en
la imprenta", cuando se dio a conocer en el folleto de Nueva York, repetido en el
libro, hablaba una vez más la canallada de querer presentar a Martí como precursor del
marxismo-leninismo. Con el folleto y el libro en la mano, no les fue en Cuba difícil
realizar el plagio, Y para esconderlo, en la revista Bohemia del 28 de noviembre de
1975, al reproducir el poema, dijeron que el mexicano Franyuti hacía tiempo que lo
buscaba... Y conviene consignar aquí, además, que ocho versos de esa extensa
composición, sin saber que eran desconocidos, los había publicado Guillermo de Zéndegui
en su libro Ámbito de José Martí, que se terminó de imprimir en La Habana el
"27 de enero de 1954"; pero como Zéndegui ocupó un cargo de importancia
durante la dictadura de Batista, y también vivía en el extranjero, se atrevieron a
mencionar sólo el título de ese libro pero no el nombre del autor.
El romance desconocido
Tampoco es fácil disculparle a esa Poesía Completa de Martí el que no
incluyeran el romance que se da ahora, y al que se le llama "desconocido"
con toda la amplitud que permite el término, pues al no tenerse noticia de él cae
en esa categoría, pero que ya habían dado a conocer Raúl y Camilo Carrancá y
Trujillo en su libro José Martí: La Clara Voz de México, publicado por la
Imprenta Universitaria de México, en 1953, y hasta lo reprodujo de esa fuente el que esto
escribe, en Cuadernos Americanos, de México, en 1974, al reseñar los
"Nuevos Materiales" publicados en el tomo 28 de las Obras Completas de
Martí.
Esos versos de Martí aparecieron en la Revista Universal el 2 de junio de 1875,
y están dirigidos a Cirilo Rodríguez, jefe de redacción de la Revista, quien
asediaba a Martí y a su compañero de trabajo, José P. Rivera, unas veces porque le
entregaban demasiado material y otras por falta de él. Aunque se publicaron sin firma no
puede dudarse de su autenticidad. En un artículo suyo sobre "La actriz Eloísa
Agüero de Ossorio", de cuatro días más tarde, se lee: "Los lectores de la
Revista no saben de seguro que forma el periódico el Sr. Cirilo Rodríguez, artesano
tan distinguido como formador exigente. Me dice que apenas hay espacio para las cuartillas
que estoy escribiendo, y heme aquí obligado a cesar contra toda mi voluntad en la
agradable tarea de dar a conocer a una actriz americana, modesta, joven y notable"; y
cita a continuación elogios sobre esa cubana que lo amó (como se comprueba por las
cartas que se dieron a conocer en el libro La vida íntima y secreta de José Martí,
publicado en Nueva York en 1995, y que se reprodujeron en el libro Destinatario: José
Martí, publicado en La Habana hace unos meses), para concluir su artículo culpando a
Rodríguez por no transcribir cuanto le había dado la actriz: "Todo quisiera yo
copiarlo", dice, "pero no lo quiere así el implacable C. Rodríguez..."
De nuevo el 27 de ese mes se queja por las demandas del trabajo en un Boletín que
titula "Escasez de noticias", donde por ese motivo se dice: "Anda Orestes
[Martí] en busca de cosas nuevas de qué departir con el lector; vuelve en vano los ojos
a los que pudieran darle para sus precipitados renglones asuntos en sí mismos, ya que no
en su forma, interesantes y amenos; ve acá la faz de un diputado coronel más lleno de
actividad que de noticias; tiene al lado a Pílades [José P. Rivera] fecundo, siempre
menos hoy, sabedor de algo bueno y nuevo, y va ya terciando la cuartilla primera sin que
el mísero boletinista sepa aún qué decir a sus lectores..."; y sobre un asunto de
política local, concluye: "Pílades sabrá decir [mañana] con galanura verdades
sencillas..." Y el 4 de agosto escribe en otro artículo: "Pílades está
enfermo: tocábale responder a algo poco lógico que en un remito del Correo del
Comercio se le dijo, y Orestes se ve, mal de su grado, en el deber de llenar con sus
indecisiones y cosas abstractas el espacio que su muy querido compañero sabe ocupar tan
bien, al decir de los que por acá le queremos, y de la entusiasta y afectuosa Sociedad
de California..."
Pero a veces, como sucede en las redacciones de periódicos, Rodríguez protestaba no
por exceso de material sino por la necesidad de él para llenar la plana; la urgencia y la
falta de escrúpulos entonces llevaba a inventar noticias, a atacar la competencia o a
ofender a contrincantes. Martí se negaba a realizar tales actividades, y de eso trata
esta composición desconocida. Firmaba él sus Boletines con el seudónimo de
"Orestes", y su compañero en el trabajo con el de "Pílades".
Pílades y Orestes, como se sabe, son personajes de la mitología griega. Orestes es la
figura central en la trilogía de Esquilo, La Orestiada, y también fue asunto en
la Electra de Sófocles y la de Eurípides. Clitemnestra, la madre de Orestes,
ayudada por Egisto, su amante, había asesinado a su esposo, el rey Agamenón. Orestes
tomó venganza contra su madre y Egisto con la ayuda de Electra, su hermana, y de
Pílades, acabado ejemplo del amigo fiel. El culto de Martí por la amistad lo llevó a
gustar del simbolismo de aquella relación entrañable: en Caracas, a su amigo Eloy
Escobar le dedicó unos versos, "A Orestes, Pílades"; al hablar de Adam Budeau,
quien le había escrito las "Memorias" al general Grant, dijo: "Es el
Pílades de este Orestes"; al hablar de John Bright lo considera "el Pílades
enérgico" del inglés Richard Cobden; y cuando en el entierro de Garfield iban
detrás del féretro el general Swain y el ministro Rockwell, los dos queridos compañeros
del presidente, los describió como "su Mecenas, aquél, su Pílades, éste".
En el romance que se transcribe a continuación, con el que terminan estas páginas
para dejar al lector en el disfrute de su enseñanza, Martí imita el conocido
"Romance de Abenámar", anónimo que trataba de un ministro en la corte del rey
moro, de Sevilla, en el siglo XI, que se había distinguido por su gusto artístico y por
haber sido muerto acusado de traición; decía en sus primeros versos: "¡Abenámar,
Abenámar/ Moro de la morería/ El día que tu naciste/ Grandes lunares había!/ Estaba la
mar en calma,/ La luna estaba crecida;/ Moro que con tal signo nace,/ No debe decir
mentira..." Martí escribió el suyo, dirigido a Cirilo Rodríguez, su jefe de
redacción, con el título "¡Un párrafo! ¡Sólo un párrafo! Párrafo de última
hora", que contiene todo un código de conducta en el periodismo y que refleja, junto
con la de su compañero de trabajo, la inconmovible honradez y el espíritu de justicia
que caracteriza sus actos; dice:
Rodríguez el buen Rodríguez,
El que la Revista forma,
De Pílades y de Orestes
Eterno fantasma y sombra;
¿Qué quiere, que al uno abruma?
¿Qué busca, que al otro enoja?
¿Injurias? Hable el de al lado;
¿Mentiras? La Voz responda.
Si nada inventan los tristes,
E insultos torpes no forjan,
Y cuanto saben han dicho,
Y en serio la prensa toman,
Quede Rodríguez sin párrafo,
Y antes de hacerle tramoya,
No salgan aquí a la escena
Más que verdades hermosas,
Que al que las mire no enfaden,
Ni al que las dice sonrojan.
Rodríguez, el buen Rodríguez,
De Orestes y Pílades sombra,
Con plecas llene la tercia,
Plana y anuncios le ponga,
Que aquí no inventan injurias
Ni falsas noticias forjan,
Ni llenan párrafos sueltos
Con hazañas que desdoran,
Ni a quien negó sus favores
Ha de negarse la honra
En palabras sin templanza,
Airadas y vergonzosas,
Que a quien las mira disgustan,
O a quien las dice sonrojan.